18/05/2026
Milagros del Padre Pío
Al morir Padre Pío, se mandaron a destruir más de dos millones de cartas que le atribuían al monje estigmatizado, curaciones milagrosas. Pero, antes de su muerte, el Padre Pío había confiado dos cartas a su confesor, y éstas quedaron intactas.
Ambas cartas eran del Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, quien luego sería Su Santidad Juan Pablo II.
El entonces vicario capitular de Cracovia en el Vaticano recurrió al religioso para pedirle que rece a la Virgen Santísima por la curación de un cáncer a una paisana y amiga suya, a quien llamaba afectuosamente «Hermana», la doctora Wanda Pòltawska.
La mujer había sido partisana en Cracovia durante la Segunda Guerra Mundial, siendo capturada por los n***s e internada en el campo de concentración de Ravensbrück, donde fue sometida, cual conejilla de Indias, a experimentos médicos inhumanos.
El futuro Papa polaco había enviado dos importantes cartas manuscritas, redactadas en latín, al fraile de San Giovanni, acuciado entonces por un problema en la vista que le impedía leer con normalidad. Por esa misma razón su administrador, Angelo Battisti, debió recitarle en voz alta ambas epístolas, conservadas hoy en la Casa Alivio del Sufrimiento de San Giovanni Rotondo, el gran hospital fundado por el Padre Pío, cuyas copias reproducimos ahora por primera vez en esta misma página reservada a la más exquisita intrahistoria de todas las épocas.
Oración por una madre
La primera carta, fechada en Roma el 17 de noviembre de 1962, dice textualmente así:
«Venerable Padre: le ruego haga una oración por una madre de cuatro hijas, de 40 años, de Cracovia, en Polonia. Durante la última guerra estuvo en un campo de concentración en Alemania; ahora su salud y su vida están en peligro gravísimo debido a un cáncer terminal. Ruegue a fin de que Dios, por intercesión de la Beatísima Virgen, muestre su misericordia con ella y su familia. In Christo obligatissimus, Carolus Wojtyla».
Tras meditar un rato en silencio, el Padre Pío dijo resuelto a Battisti:
–¡A esto no se puede decir que no!
Tan sólo once días después de la primera monseñor Wojtyla escribió esta otra misiva al Padre Pío, traducida también del latín:
«Venerable Padre: la señora médico de Cracovia, en Polonia, madre de cuatro hijas, recuperó instantáneamente la salud el 21 de noviembre, antes de la operación quirúrgica. Deo gratias. A Vd. también, Padre, doy devotamente las más rendidas gracias en su nombre, el de su marido y el de toda su familia. In Xto. Carolus Wojtyla».
La doctora Pòltawska no había oído hablar jamás del Padre Pío, el sacerdote capuchino que canonizaría el propio Juan Pablo II en junio de 2002, hasta el mismo instante de su prodigiosa e inexplicable curación para la ciencia. Siendo incluso octogenaria, su buena salud le permitió desarrollar una importante labor apostólica en Polonia, Italia y Norteamérica. La mujer devolvió así al Señor la enorme gracia recibida por intercesión del Padre Pío, volcando su Amor, con mayúscula, en los más necesitados.
Padre Pío le había dicho a la persona que guardaría éstas dos valiosísimas cartas:
–«Ángelo, guarde éstas cartas, porque algún día serán de mucha importancia».-
Amén.