26/02/2020
Nuestro pastor Juan Carlos Pomar predicó este domingo a la mañana y nos bendijo con estas palabras.
¿ME AMAS? JN. 21.15-19
Juan, en su evangelio, registra las palabras de Jesús maravillosamente, sus obras milagrosas, y sus enseñanzas, culminando con su muerte y la resurrección, seguida de sus apariciones ante diferentes personas
Con Jn. 20.30-31 el escritor lleva a lo máximo de su relato con las palabras “…Jesús hizo muchas otras señales…”
Jn. 21.25 Tantas señales que “…los libros escritos no cabrían en el mundo entero”
Pero… las que están escritas son para que creyendo tengamos vida en su nombre Jn.20.31
Estas palabras expresan lo máximo del evangelio, acá podría terminar el libro, sería excelente final, sin embargo…
Pero no termina en el capítulo 20, abruptamente nos lleva a un nuevo capítulo, el 21.
Y, sorprendente o no, el protagonista del capítulo 21 es Pedro. ¡Qué sorpresa! ¿No estaba bien terminar con lo que dice de Cristo? ¿No sería mejor pasar directamente al libro de los Hechos?
Sin embargo, hay una enseñanza para nosotros.
En Mt. 28.10 Jesús encarga a sus discípulos a esperarlo en Galilea, y están en ese lugar, en el lago de Tiberiades o mar de Galilea.
Podemos ver otra vez a Pedro con su carácter impulsivo cuando dice en 21.3 “Me voy a pescar…” y los demás van con Pedro a pescar.
Sin embargo, uno se pregunta ¿Por qué Pedro se pone a pescar? ¿Por qué no simplemente espera a que llegue el Maestro?
Tal vez Pedro hace esto porque no tiene confianza en sí mismo, porque se da cuenta que es muy precipitado y loco, se acuerda que muchas veces hizo o dijo cosas no convenientes.
Habrá pensado: Yo no sirvo para el ministerio, no estoy capacitado para hacer esta tarea, pescar es lo mío, voy a hacer lo que sé hacer.
Jn. 21.4 Nos dice que… “Al despuntar el alba…” están tratando de pescar y no consiguen nada, ya les pasó otras veces de no tener éxito en la pesca.
Jn. 21.6 Registra las palabras de Jesús… “Tiren la red a la derecha…” Probablemente algo contrariados por estar recibiendo instrucciones de un desconocido siendo ellos pescadores de profesión. Sin embargo, siguen las indicaciones de aquel extraño y tienen éxito.
Este es el último milagro de Jesús en el Evangelio de Juan.
Pedro, se viste y se tira al agua. Otra vez vemos a un Pedro arrebatado, impaciente, loco y precipitado.
Lc. 5.1-11 dice que en adelante serían pescadores de hombres (Lc. 5.10-11)
Los discípulos ¿Habrán pensado que ya no pueden pescar peces? Es como si Jesús les estaría diciendo: “Yo controlo los peces, no pueden pescar peces cuando yo los he llamado para pescar hombres.
El Maestro restaura a Pedro y a los demás. Jn. 21.15
Si pensamos: Tres años estos hombres, vieron toda clase de milagros, escucharon maravillosas enseñanzas, vieron su crucifixión, lo vieron resucitado y aun así parecen no estar en condiciones para cumplir con la encomienda. Jesús podía haber buscado otros discípulos y encomendarles la tarea, sin embargo…
El Maestro restaura a Pedro y a los demás ¿Cómo lo hace?
Jesús hace una pregunta tres veces. ¿Me amas?
Es una pregunta simple, pero con una profundidad maravillosa, no es fácil de contestar y es difícil de ser sencillo en la respuesta.
La respuesta a la pregunta ¿Me amas? restaura vidas.
Jesús está preguntando a Pedro y a nosotros: ¿Has visto, has oído y experimentado lo suficiente como para amarme?
Dt. 6; Mt. 22.37 Esto es lo que Dios quiere de Pedro, de sus discípulos, quiere de mí, quiere de nosotros.
Todo está fundamentado en amar al Señor con todo nuestro ser.
1ª Co. 16.22 No amar al Señor es ser anatema, queda bajo maldición. En positivo sería: Quién ama al Señor es bendito y vive la gloria de su Salvador.
La pregunta a Pedro es: ¿Me amas más que los otros discípulos? Los otros no amaban a Jesús más que Pedro ni Pedro amaba a Jesús más que los otros.
Mt. 10.37 dice que debemos amar al Maestro más que a cualquier cosa y a cualquier persona, el amor a Jesucristo debe rebosar en el corazón de todo cristiano.
Pedro y los demás habían sido llamados cuando estaban a la orilla del mar, dejaron de pescar peces para ser “pescadores de hombres” (Mat. 4:19; Lc. 5.10-11) ahora, Pero y los demás, son restaurados a la orilla del mar y serán “pastores del rebaño del Señor”.