Papa San Pío X

Papa San Pío X Página Tradicionalista Católica,dedicada exclusivamente a la conservación, propagación y defensa de la Sagrada Tradición de la Iglesia.

En Comunión con la Roma Eterna(anterior al Concilio Vaticano II)y con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X(FSSPX)

DÍA 28 DE DICIEMBRE: FESTIVIDAD DE LOS SANTOS INOCENTESDespués de la festividad del Discípulo amado viene la de los sant...
28/12/2020

DÍA 28 DE DICIEMBRE: FESTIVIDAD DE LOS SANTOS INOCENTES

Después de la festividad del Discípulo amado viene la de los santos Inocentes: la cuna del Emmanuel, junto a la que hemos venerado al Príncipe de los Mártires y al Aguila de Patmos, aparece hoy ante nuestra vista, rodeada de una graciosa cohorte de niñitos vestidos de túnicas blancas como la nieve y con verdes palmas en sus manos. El Niño divino les sonríe; es su Rey, y toda esa pequeña corte sonríe también a la Iglesia de Dios. La fortaleza y la fidelidad nos han llevado ya ante el Redentor; la inocencia nos invita hoy a quedarnos junto al pesebre. Herodes quiso envolver al Hijo de Dios en una matanza de niños; Belén oyó los lamentos de las madres; la sangre de los recién nacidos inundó la reglón entera; pero todos estos conatos de la tiranía no lograron afectar al Emmanuel; sólo consiguieron enviar al ejército celeste una nueva leva de Mártires (1). Estos niños tuvieron el insigne honor de ser inmolados por el Salvador del mundo; pero, momentos después de su sacrificio, les fueron reveladas repentinamente alegrías próximas y futuras muy superiores a las de un mundo que pasaron sin conocerle, Dios, copioso en misericordia, no exigió de ellos más que el sufrimiento de algunos minutos; y se despertaron en el seno de Abrahán libres y exentos de toda otra prueba, puros de toda mancha mundana, llamados al triunfo como el guerrero que da su vida para salvar la de su jefe.

Su muerte es, pues, un verdadero Martirio, y por eso la Iglesia los honra con el bello título de Flores de los Mártires, a causa de su tierna edad y de su inocencia. Tienen, por tanto, derecho a figurar hoy en el ciclo, a continuación de los dos esforzados campeones de Cristo que ya hemos celebrado. San Bernardo, en su sermón sobre esta fiesta, explica admirablemente la conexión de estas tres solemnidades: "En el bienaventurado Esteban, dice, tenemos reacción y la voluntad del martirio; en San Juan, solamente la voluntad, y en los santo Inocentes sólo el hecho del martirio. Pero ¿quién dudará de la corona alcanzada por estos niños? Preguntaréis ¿dónde están los méritos para esta corona? Preguntad más bien a Herodes qué crimen cometieron para ser así asesinados. ¿Habrá de vencer la crueldad de Herodes a la bondad de Cristo? Ese rey impío pudo matar a estos inocentes niños; ¿y Cristo no habría de poder coronar a los que sólo por su causa murieron?

Esteban fué, Mártir a los ojos de los hombres que fueron testigos de su Pasión voluntariamente padecida, hasta el punto de rogar por sus mismos enemigos, mostrándose más sensible al crimen de ellos que a sus propias heridas. Juan fué mártir a los ojos de los Angeles, que siendo criaturas espirituales, vieron las disposiciones de su alma. En verdad, también fueron Mártires tuyos, oh Dios, aquellos cuyo mérito no fué visto, ciertamente, por los hombres ni por los Ángeles, pero a quienes un favor especial de tu gracia, se encargó de enriquecer. De la boca de los recién nacidos y de los niños de pecho te has complacido en hacer brotar tus alabanzas. ¿Cuáles? Los Ángeles cantaron: ¡Gloría a Dios en las alturas; y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad! Alabanza sublime sin duda, pero que no será completa hasta que Aquel que ha de venir diga: Dejad que los niños se acerquen a mi, porque el reino de los cielos es de quien a ellos se parece; paz a los hombres, aun a aquellos que todavía no tienen el uso de la razón: ése es el misterio de mi misericordia."

Dios se dignó hacer, con los Inocentes sacrificados por causa de su Hijo, lo que hace diariamente en el sacramento del bautismo, aplicado con frecuencia a niños a quienes arrebata la muerte en las primeras horas de su vida; y nosotros bautizados en el agua debemos glorificar a estos recién nacidos, bautizados en su sangre y asociados a todos los misterios de la infancia de Jesucristo. Debemos, también, felicitarlos con la Iglesia de la inocencia que conservaron gracias a su gloriosa y prematura muerte. Purificados primeramente por el rito sagrado que, antes de la institución del bautismo borraba la mancha original, visitados con anterioridad por una gracia especial que los preparó al sacrificio glorioso para el que estaban destinados, pasaron por esta tierra sin mancillarse en ella. ¡Vivan, pues, por siempre estos tiernos corderos en compañía del Cordero inmaculado! y merezca misericordia este mundo envejecido en el pecado, asociando sus voces al triunfo de estos escogidos de la tierra que, semejantes a la paloma del arca, no encontraron sitio donde posar sus plantas.

Mas, en esta alegría del cielo y de la tierra, la Santa Iglesia romana no pierde de vista el llanto de las madres que vieron arrancar de su regazo e inmolar con la espada de los soldados a aquellas prendas queridas de su corazón. Y así ha recogido el clamor de Raquel y no trata de consolarla sino más bien de compartir su pena,

Para honrar este maternal dolor, consiente en suspender hoy en parte las manifestaciones del gozo que inunda su corazón en la Octava de Cristo recién nacido. No se atreve a revestirse del purpúreo color de los Mártires para no recordar con demasiada viveza la sangre que corre hasta el mismo regazo de las madres; tampoco usa el color blanco, que es señal de alegría y no dice bien con tan acerbos dolores. Reviste el color morado, propio del duelo y de las añoranzas. Si la fiesta no cae en Domingo, llega hasta a suprimir el canto del Gloria in excelsis, a pesar de serle tan querido en estos días, en que los Ángeles le entonaron en la tierra; renuncia al jubiloso Aleluya en la celebración del Sacrificio; en una palabra, se muestra, como siempre, inspirada por esa delicadeza sublime y cristiana de la que la santa Liturgia es escuela tan admirable.

Pero, después de este homenaje debido a la maternal ternura de Raquel, y que derrama por todo el oficio de los santos Inocentes una tan conmovedora melancolía, no pierde de vista tampoco la gloria de que gozan estos bienaventurados niños; a su solemne recuerdo consagra toda una semana, como lo ha hecho con San Esteban y San Juan. En las Catedrales y Colegiatas honra también en este día a los niños que unen sus inocentes voces a las del sacerdote y de los demás ministros sagrados. Les otorga graciosas distinciones hasta en el mismo coro y goza con la inocente alegría de estos tiernos cooperadores, que emplea para dar realce a sus solemnidades; en ellos, da gloria a Cristo Niño y a la inocente cohorte de los tiernos retoños de Raquel.

En Roma, la Estación se celebra en la Basílica de San Pablo extra Muros, cuyo relicario se precia de poseer algunos de los cuerpos de los santos Inocentes. En el siglo xvi, Sixto V sacó parte de ellos para colocarlos en la Basílica de Santa María la Mayor, Junto al pesebre del Salvador.

MISA

La Santa Iglesia ensalza la sabiduría de Dios, que supo burlar los cálculos de la política de Herodes y sacar gloria de la cruel inmolación de los niños de Belén, elevándolos a la dignidad de Mártires de Cristo, cuyas grandezas celebran ellos con gratitud eterna.

INTROITO

De la boca de los niños y de los lactantes sacaste, oh Dios, alabanza contra tus enemigos. Salmo: Señor, Señor nuestro: cuán admirable es tu nombre en toda la tierra. — J . Gloria al Padre.

En la Colecta, la Iglesia pide que sus fieles confiesen con sus obras la fe de Jesucristo. Es distinto el testimonio de los niños que no hablan más que con sus sufrimientos, y el testimonio del cristiano llegado al uso de la razón, al cual se le ha dado la fe para que la confiese delante de los tiranos si es preciso, pero siempre delante del mundo y de las pasiones. Nadie es llamado al carácter sagrado de cristiano para guardarlo en secreto.

ORACIÓN

Oh Dios, cuya gloria confesaron hoy los Inocentes Mártires no hablando sino muriendo: mata en nosotros todas nuestras pasiones; para que confesemos también, con nuestras vidas y costumbres, la f e que pregona nuestra lengua. Por nuestro Señor.

EPÍSTOLA

Lección del libro del Apocalipsis del Apóstol San Juan.
(XIV, 1-5.)

En aquellos días vi al Cordero que estaba sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían su nombre y el de su Padre escrito en sus frentes. Y oí una voz del cielo, como ruido de muchas aguas, y como el sonido de u n gran trueno: y la voz que oí, era como de tañedores de arpas, tañendo sus arpas. Y cantaban como un cántico nuevo ante el trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos: y nadie podía cantar el cántico más que aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra. Estos son los que no se mancharon con mujeres: porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero por donde quiera que va. Estos fueron comprados de entre los hombres, como primicias para Dios y para el Cordero; y en su boca no ha sido hallado engaño: porque están sin mancha ante el trono de Dios.

Al escoger este misterioso paso del Apocalipsis, la Iglesia nos quiere mostrar el aprecio que hace de la inocencia, y la idea que nosotros debemos tener de ella. Los Inocentes siguen al Cordero porque son puros. Sus obras personales en la tierra no llamaron la atención, pero atravesaron rápidamente el camino de este mundo sin contaminarse. Su pureza, menos probada que la de Juan, pero enrojecida en su sangre, atrajo las miradas del Cordero, y los tomó en su compañía. Suspire, pues, el cristiano por esta inocencia, pues tales distinciones merece. Si la ha conservado, guárdela y defiéndala con el celo con que se guarda un tesoro; si la ha perdido, repárela por los trabajos de la penitencia: y una vez recuperada, realice la palabra del Maestro que dice: El que ha sido lavado sea puro en adelante (S. Juan, VIII, 12).

En el Gradual, los santos Inocentes bendicen al Señor que les quebró el lazo con que el mundo quería sujetarlos. Han volado como el pájaro; y su vuelo rápido, que nada ha parado, los ha llevado hasta el cielo.

El Tracto respira la indignación de Raquel ante la crueldad de Herodes y sus satélites. Reclama la celestial venganza, que luego se desató contra esa inhumana familia de tiranos.

GRADUAL

Nuestra alma, como un pájaro, h a sido libertada del lazo de los cazadores. — V. El lazo fué quebrantado y nosotros fuimos libertados. Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

TRACTO

Derramaron la sangre de los Santos como agua en torno de Jerusalén. — T. Y no había quien los sepultara. — J. Venga, Señor, la sangre de tus Santos, que había sido derramada sobre la tierra.

Si la fiesta de los santos Inocentes cae en Domingo, la Iglesia, para atenuar un poco la tristeza de sus cantos, entona el Aleluya.

ALELUYA

Aleluya, aleluya. — V. Alabad, niños, al alabad el nombre del Señor. Aleluya. Señor;

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Mateo
(II, 13-18.)

En aquel tiempo, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, diciendo: Levántate, y toma al Niño y a su Madre, y huye a Egipto, y permanece allí hasta que yo te diga. Porque sucederá que Herodes busque al Niño para perderle. Y él, levantándose, tomó al Niño y a su Madre, de noche, y se fué a Egipto: y estuvo allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que dijo el Señor, por el Profeta: De Egipto llamé a mi Hijo. Herodes entonces, al verse burlado de los Magos, se irritó mucho, y dió orden de matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de los dos años abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los Magos. Entonces se cumplió lo que había sido dicho el Profeta Jeremías: En Ramá se oyeron voces y muchos lloros y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos; y no quiere ser consolada porque ya no existen.

El santo Evangelio cuenta con su sublime sencillez el Martirio de los Inocentes. Herodes envió a matar a todos los niños. Fué segada para el cielo esta abundante mies y la tierra no se conmovió. Únicamente los lamentos de Raquel subieron hasta el cielo, haciéndose enseguida silencio en Belén. Mas no por eso dejó el Señor de agregar a estas felices víctimas a la corte de su Hijo. Desde el fondo de su cuna, Jesús los contemplaba y bendecía; María compadecía sus breves sufrimientos y el dolor de sus madres; la Iglesia, que iba a nacer pronto, glorificaría a través de los siglos la inmolación de estos tiernos corderos, fundando sus mayores esperanzas en el patrocinio de estos niños, que de repente se hicieron tan poderosos ante el corazón de su divino Esposo.

Durante el Ofertorio se deja oír todavía la voz de los Inocentes que repiten su emocionante cántico; como candorosas avecillas, vueltas a la libertad, agradecen la mano que les ha roto los lazos que los amenazaban de muerte.

OFERTORIO

Nuestra alma como un pájaro ha sido libertada del lazo de los cazadores: el lazo fué quebrantado, y nosotros fuimos libertados.

SECRETA

No nos falte, oh Señor, la piadosa oración de tus Santos, la cual te haga gratos nuestros dones, y nos alcance siempre tu perdón. Por el Señor.

En la Antífona de la Comunión oímos de nuevo la voz de Raquel. La Iglesia, alimentada en el divino misterio del amor, no puede olvidarse del llanto de las madres. Con ellas comparte su dolor hasta el fin; pero, en el fondo de su corazón, se eleva hasta Aquel que es el único capaz de consolar tan grandes p***s.

COMUNIÓN

En Ramá se oyeron voces, y muchos lloros y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos, y no quiere ser consolada, porque ya no existen.

POSCOMUNIÓN

Hemos recibido, Señor, los dones que te hemos ofrecido: Suplicárnoste hagas que, por intercesión de los Santos, nos aprovechen para esta vida y para la eterna. Por el Señor.

¡Bienaventurados Inocentes, celebramos vuestro triunfo, y os felicitamos por haber sido elegidos para ser compañeros de Cristo junto a su cuna! ¡Qué glorioso despertar el vuestro cuando, después de haber sido pasados por la espada, conocistéis que la luz deslumbradora de la gloria iba a constituir vuestra herencia! ¡Qué gratitud la que demostrasteis al Señor, por haberos escogido entre tantos miles de niños, para honrar con vuestro sacrificio la cuna de su Hijo. Antes del combate, la corona ciñó vuestra frente; la palma vino por sí misma a vuestras débiles manos, antes de que pudiérais realizar esfuerzo alguno para recogerla: así de espléndido se mostró el Señor con vosotros, probándonos que es dueño de sus dones. ¿No era justo que el Nacimiento del Hijo de este soberano Rey fuera señalado por algún magnífico presente? No tenemos envidia ¡oh Inocentes Mártires! Damos gloria a Dios, que os ha elegido, y proclamamos con toda la Iglesia, vuestra dicha inenarrable.

¡Oh flores de los Mártires! permitid que depositemos en vosotros nuestra confianza y que nos atrevamos a suplicaros, por la gracia gratuita que os fué otorgada, no os olvidéis de vuestros hermanos que luchan en medio de los azares de este mundo pecador. Esas palmas y guirnaldas con que juega vuestra inocencia, también nosotros las deseamos. Trabajamos penosamente para hacernos con ellas y a veces nos parece que las vamos a perder para siempre. Ese Dios, que a vosotros os ha glorificado, es también nuestro fin; sólo en El encontraremos nuestro descanso; rogad para que lo alcancemos.

Pedid para nosotros la sencillez, la infancia de corazón, esa ingenua confianza en Dios, que llega hasta el fin en el cumplimiento de su voluntad. Lograd que llevemos con paz su cruz si nos la envía y que sólo deseemos complacerle. Vuestra boca infantil sonreía a los verdugos cuando, en medio de sangriento tumulto, vinieron a interrumpir vuestro sueño; vuestras manos parecían jugar con la espada que iba a traspasar vuestro corazón; eráis graciosos hasta en presencia de la muerte. Conseguid que también nosotros seamos pacientes en las tribulaciones cuando el Señor nos las envíe. Haced que constituyan para nosotros un verdadero martirio por la serenidad de nuestro ánimo, por la unión de nuestra voluntad con la de nuestro soberano Maestro, que sólo prueba para dar el galardón. No nos sean odiosos los instrumentos de que se sirve; no se apague el amor en nuestros corazones; y nada altere esa paz sin la cual el alma cristiana no puede agradar a Dios.

Finalmente, ¡oh tiernos corderos inmolados por Jesús! vosotros que le seguís por todas partes por ser puros, conceded que también nosotros nos acerquemos al celestial Cordero que a vosotros os conduce. Fijadnos en Belén con vosotros para que no salgamos más de esa mansión de amor y de inocencia. Presentadnos a María-vuestra Madre, más tierna aún que Raquel; decidla que también nosotros somos hijos suyos, que somos hermanos vuestros, y que así como Ella se apiadó de vuestros momentáneos dolores, se apiade también de nuestras constantes miserias.

Visitemos el establo y adoremos al Emmanuel en este cuarto día de su Nacimiento. Meditemos en la misericordia que le ha movido a hacerse niño para acercarse a nosotros y pasmémonos de ver a un Dios tan cerca de su criatura. "Aquel, dice el piadoso Abad Guerrico en su sermón quinto sobre el Nacimiento de Cristo, Aquel que es incomprensible aun para la sutil inteligencia de los Ángeles, se ha dignado hacerse sensible a los groseros sentidos del hombre. Siendo nosotros carnales, Dios no podía hablarnos como a seres espirituales; el Verbo se hizo carne, para que toda carne pudiese no sólo oírle sino también verle; no pudiendo el mundo llegar a conocer la Sabiduría de Dios, esa Sabiduría se dignó hacerse locura. ¡Oh Señor del cielo y de la tierra!, habéis ocultado vuestra sabiduría a los sabios y prudentes de este mundo, para revelarla a los pequeñuelos. La altanería del orgullo sienten horror de la humildad de este Niño; mas lo excelso a los ojos de los hombres es abominable ante Dios. Este Niño sólo con niños se complace; sólo descansa en corazones humildes y pacíficos. Gloríense, pues, en El los pequeñitos y canten: Un Niño nos ha nacido, como por su parte El se felicita, diciendo con Isaías: Aquí estamos, Yo y los niños que el Señor me ha dado. En efecto, para proporcionarle una compañía conforme a su edad, quiso el Padre que la gloria de los Mártires comenzase por la inocencia de los niños, queriendo por ahí demostrar el Espíritu Santo que el reino de los cielos es sólo para aquellos que se les parecen."

MARTIROLOGIO ROMANODía 28 de Diciembre del año del Señor  En Belén de Judá, el nacimiento para el cielo de los santos In...
28/12/2020

MARTIROLOGIO ROMANO

Día 28 de Diciembre del año del Señor

En Belén de Judá, el nacimiento para el cielo de los santos Inocentes Mártires, a quienes Herodes en odio a Cristo quitó la vida.

En Lyon de Francia, el tránsito de san Francisco de Sales, Obispo de Ginebra y Confesor, a quien, muy esclarecido por su doctrina y por su ardentísimo celo en convertir los herejes, el Sumo Pontífice Alejandro VII puso en el número de los Santos, y mandó que su fiesta se celebrase el 29 de Enero, día en que fue trasladado su sagrado cuerpo desde Lyon a Annecy de Saboya. El Papa Pío IX le declaró Doctor de la Iglesia universal; y el Papa Pío XI le nombró y confirmó celestial Patrono de todos los Escritores católicos que en los diarios y en otros escritos destinados al público, ilustran, propagan y defienden la Cristiana sabiduría.

En Ancira de Galacia, los santos Mártires Eutiquio, Presbítero, y Domiciano, Diácono.

En África, el triunfo de los santos Mártires Castor, Víctor y Rogaciano.

En Nicomedia, los santos Mártires Indes, mayordomo, Domna, Ágape y Teófila, Vírgenes, y sus Compañeros, que en la persecución de Diocleciano, al cabo de muchos combates, consiguieron, con diverso género de muerte, la corona del martirio.

En Neocesarea del Ponto, san Troadio, Mártir, en la persecución de Decio; a cuyo combate asistió en espíritu san Gregorio Taumaturgo, y le fortaleció para arrostrar el martirio.

En Arabizo de la Armenia inferior, san Cesáreo, Mártir, que padeció de orden de Galerio Maximiano.

En Roma, san Domnión, Presbítero.

En el monasterio de Lerins de Francia, san Antonio, Monje, esclarecido en milagros.

" Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes".

R. "Deo Gratias".

En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque y...
28/12/2020

En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.

"Oh gran don de la gracia de quién son los merecimientos para que así triunfen los niños todavía no hablan y ya confiesa...
28/12/2020

"Oh gran don de la gracia de quién son los merecimientos para que así triunfen los niños todavía no hablan y ya confiesan a Cristo ,todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros y ya consiguen la palma de la Victoria".

San Agustín

Santos niños inocentes de ayer y de hoy; los que mueren de hambre, de frío, los que no pueden nacer, todos los niños mal...
28/12/2020

Santos niños inocentes de ayer y de hoy; los que mueren de hambre, de frío, los que no pueden nacer, todos los niños maltratados... Todos los niños inocentes, rogad a Dios por los que hemos perdido la inocencia.

En el día 28 de diciembre del 2020. Lunes. Todos los Santos Inocentes, Mártires. Doble de segunda clase con Octava simpl...
28/12/2020

En el día 28 de diciembre del 2020. Lunes. Todos los Santos Inocentes, Mártires. Doble de segunda clase con Octava simple. Conmemoración de la Octava de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. En Misa se omite Allel y V/ después del Gradual y en su lugar se canta Tracto, Credo, Prefacio y Coic de la Natividad, Benedicamus Domino. (Morado)

In die XXVIII Decembris MMXX. Feria secunda. Omnes Sancti Innocentes, Martyres. Duplex II Classis cm Octava Simplice.Commemoratio Octavae Nativitatis Domini Nostri Jesuchristi. In Missa omitt Allel et v/ post Graduale et loco cant Tractus, Credo, Praef et Coic Nativitatis, Benedicamus Domino. (Violaceus)

DÍA 24 DE DICIEMBRE: VIGILIA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Por fin, dice San Pedro Damiano en su Sermón pa...
24/12/2020

DÍA 24 DE DICIEMBRE: VIGILIA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Por fin, dice San Pedro Damiano en su Sermón para este día, "hénos ya llegados de la alta mar al puerto, de la promesa a la realidad, de la desesperación a la confianza, del trabajo al descanso, del destierro a la patria. Se habían venido sucediendo los mensajeros de la divina promesa, pero sólo traían consigo la renovación de esa misma promesa. Por esta razón el Salmista se había ya dejado dominar del sueño, de suerte que los últimos acentos de su lira patentizan la tardanza del Señor. Nos has rechazado, decía, nos has abandonado; y has aplazado la venida de tu Ungido. (Salmo L###VIII.) Después, pasando de la queja a la audacia, había exclamado con voz imperiosa: ¡Manifiéstate, pues, Tú, que te sientas sobre los Querubines! (Salmo LXXIX.) Sentado sobre el trono de tu poderío, rodeado de batallones de Angeles voladores, ¿desdeñarás posar tu mirada sobre los hijos de los hombres, víctimas, es cierto del pecado cometido por Adán, pero por Ti permitido? Acuérdate de nuestra naturaleza creada a tu semejanza; porque aunque es cierto que todo mortal es vanidad, pero no en cuanto es tu imagen. Deja, pues, las alturas y baja; inclina los cielos de tu piedad sobre los desgraciados que te suplican y no los olvides eternamente."

"Isaías a su vez, en el ímpetu de sus deseos, exclamaba: Por Sión no me callaré, y por Jerusalén no descansaré hasta que se levante en su esplendor el Justo esperado. Rasga, pues, los cielos y baja." Finalmente, todos los Profetas, cansados de tanto esperar, continuaron lanzando sus súplicas, gemidos, y hasta a veces, sus gritos de impaciencia. Ya hemos oído y repetido bastante tiempo sus palabras; es hora de que se retiren; para nosotros no hay alegría ni consuelo hasta que el Salvador, honrándonos con el beso de su boca, nos diga él mismo en persona: Habéis sido escuchados.

Mas ¿qué es lo que acabamos de oír? Santifícaos, oh hijos de Israel, y estad preparados; porque mañana descenderá el Señor. Sólo lo que queda de este día, y a p***s media noche, nos separan ya de la gloriosa visita, y nos ocultan todavía al Hijo de Dios y su admirable Nacimiento. Dáos prisa, horas veloces; terminad pronto vuestra carrera, para que podamos ver cuanto antes al Hijo de Dios en la cuna, y honrar esa Natividad, que es la salvación del mundo. Yo supongo, hermanos míos, que sois verdaderos hijos de Israel, y estáis purificados de todas las impurezas de la carne y del espíritu, bien preparados para los misterios de mañana, impacientes por dar muestras de vuestra devoción. Al menos así lo puedo esperar, dado como habéis pasado los días dedicados a la preparación del Advenimiento del Hijo de Dios. Pero si, a pesar de todo, hubiesen caldo en vuestro corazón algunas gotas del vaho de la corrupción, apresuráos hoy a secarlas y cubrirlas con el blanco lienzo de la confesión. Yo os lo garantizo de la bondad del Niño que va a nacer; quien confesare contrito su pecado, merecerá que la Luz del mundo nazca en él; se desvanecerán las falaces tinieblas y le será comunicado el verdadero esplendor. Porque ¿cómo se había de negar misericordia a los desgraciados, la noche en que nace el Señor misericordioso? Abatid, pues, el orgullo de vuestras miradas, la osadía de vuestra lengua, la crueldad de vuestras manos, la se*******ad de vuestros deseos; apartad vuestros pies de la veredas tortuosas, y luego venid y ved si el Señor no rasga esta noche los cielos y desciende hasta vosotros y arroja todos vuestros pecados al fondo del mar.

Este santo día es, en efecto, un día de gracia y de esperanza, y debemos pasarlo en santa alegría. La Iglesia, haciendo caso omiso de sus costumbres habituales, quiere que, si la Vigilia de Navidad cae en domingo, el Oficio y la Misa de la Vigilia prevalezcan contra el Oficio y la Misa del cuarto domingo de Adviento; tan solemnes la parecen estas últimas horas que preceden inmediatamente al Nacimiento del Señor. En las demás fiestas, por importantes que sean, sólo comienza la solemnidad en las primeras Vísperas; hasta ellas la Iglesia guarda silencio, celebrando los Oficios divinos y la Misa según el rito cuaresmal. Hoy, por el contrario, comienza ya la gran fiesta desde el amanecer, en el Oficio de Laudes. La entonación solemne de este Oficio nos anuncia un rito doble, cantándose las antífonas antes y después de cada salmo o cántico. En la Misa, aunque se conserva el color morado, no hay que estar de rodillas como en las demás ferias de Adviento, ni tampoco hay más que una sola Colecta en vez de tres que se suelen decir en una Misa menos solemne.

Participemos del espíritu de la santa Iglesia y preparémonos con el corazón rebosante de alegría a salir al encuentro del Salvador, que viene a nosotros. Practiquemos con fidelidad el ayuno que aligerará nuestros cuerpos y facilitará nuestra marcha; pensemos ya desde la madrugada que no volveremos a acostarnos sin haber visto nacer, en una hora sagrada, al que viene a iluminar a todas las criaturas; porque es obligación de todo fiel hijo de la Iglesia Católica, celebrar con ella esta feliz noche en la que todo el mundo, a pesar del enfriamiento de la piedad, honra todavía la venida de su Salvador, como último rescoldo de la piedad antigua, que no se habría de apagar sin gran perjuicio para la tierra.

Repasemos en espíritu de oración las partes principales del Oficio de esta Vigilia. Primeramente, la santa Iglesia comienza por una llamada de atención que sirve de Invitatorio en Maitines, y de Introito y Gradual en la Misa. Son las palabras de Moisés al anunciar al pueblo el celestial Maná que Dios le ha de enviar al día siguiente. También nosotros esperamos nuestro Maná, Jesucristo, Pan de vida, que va a nacer en Belén, la Casa del Pan.

INVITATORIO

Hoy sabréis que vendrá el Señor; y desde mañana veréis su gloria.

Los Responsorios rebosan majestad y dulzura. Nada más lírico y emocionante que su melodía, en esta noche que precede a la noche misma en que el Señor ha de venir personalmente.

R. Santifícaos hoy, y estad preparados: porque mañana veréis la majestad de Dios en medio de vosotros. V. Hoy sabréis que vendrá el Señor; y mañana veréis la majestad de Dios en medio de vosotros.

R. Permaneced constantes: veréis venir sobre vosotros la ayuda del Señor. ¡Oh Judea y Jerusalén, no temáis!: * Mañana seréis liberadas y el Señor estará con vosotras, V. Santiñcaos, hijos de Israel, y estad preparados. * Mañana seréis liberados y el Señor estará con vosotros.

R. Santiflcáos, hijos de Israel, dice el Señor; porque mañana bajará el Señor. * Y quitará de vosotros toda languidez. V. Mañana será borrada la iniquidad de la tierra; y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. * Y quitará de vosotros toda languidez.

En los Cabildos y Monasterios se hace este día durante el Oficio de Prima y con una solemnidad extraordinaria el anuncio de la fiesta de Navidad. El Lector, que deberá ser una de las dignidades del coro, canta en un tono majestuoso el siguiente trozo del Martirologio, oído en pie por los asistentes, hasta el momento en que la voz del Lector deja oír el nombre de Belén. Entonces se arrojan todos por tierra hasta que ha terminado completamente el pregón de la buena nueva.

EL OCHO DE LAS CALENDAS DE ENERO

El año de la creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra, cinco mil ciento noventa y nueve: del diluvio, año dos mil novecientos cincuenta y siete: del nacimiento de Abraham, el año dos mil quince: de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto, el año mil quinientos diez: de la unción del rey David, el año mil treinta y dos: en la semana sesenta y cinco, según la profecía de Daniel: en la Olimpíada ciento noventa y cuatro: de la fundación de Roma, el año setecientos cincuenta y dos: de Octavio Augusto, el año cuarenta y dos: estando en paz todo el universo: en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del Padre eterno, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísima venida, habiendo sido concebido del Espíritu Santo, y habiendo transcurrido nueve meses después de la concepción. EN BELÉN DE JUDEA NACE HECHO HOMBRE DE LA VIRGEN MARÍA::

¡LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN LA CARNE!

Delante de nosotros han ido desfilando sucesivamente todas las generaciones (En este solo día y en esta sola circunstancia adopta la Iglesia la cronología de los Setenta, que coloca el Nacimiento del Salvador después del año cinco mil, en tanto que la Vulgata no señala más que cuatro mil años hasta este gran acontecimiento; en lo cual está de acuerdo con el texto hebreo. No es éste lugar a propósito para explicar tal divergencia en la cronología; baste reconocer el hecho, como una prueba de la libertad que, en esta materia, nos deja la Iglesia). Se han caliado cuando las hemos preguntado si hablan visto pasar al que nosotros esperamos, hasta que habiéndose oído el nombre de María, ha sido proclamada la Natividad de Jesucristo, Hijo de Dios, hecho hombre.

"Una voz de alegría ha resonado en nuestra tierra, dice a este propósito San Bernardo en su primer Sermón sobre la Vigilia de Navidad; una voz de triunfo y de salvación en las tiendas de los pecadores. Acabamos de oír una dulce palabra, una palabra de consuelo, una frase llenade encanto, digna de ser recogida con el más solícito cuidado. Montañas, haced resonar las alabanzas; aplaudid, árboles del bosque, a la vista del Señor; porque he aquí que viene. Escuchad, oh cielos; atiende, oh tierra; pasmáos y cantad loores, oh criaturas; pero sobre todo tú, oh hombre: ¡JESUCRISTO, H I J O DE DIOS, NACE EN BELÉN DE JUDEA! ¿Qué corazón, por muy de piedra que fuere, qué alma no se derrite al oír estas palabras? ¿Hay noticia más dulce? ¿Hay pregón más deleitoso? ¿se oyó nunca cosa semejante? ¿recibió jamás el mundo algún don parecido? JESUCRISTO, HIJO DE DIOS, NACE EN BELÉN DE JUDEA. ¡Oh breve frase que nos anuncia al Verbo anonadado! ¡Cuán cargada estás de dulzura! EJ encanto de una suavidad tan meliflua nos invita a comentarla; pero faltan las palabras. Es, en efecto, de tal condición la gracia de esta frase, que, si trato de cambiar una iota, disminuyo su sabor: JESUCRISTO, HIJO DE DIOS, NACE EN BELÉN DE JUDEA.

☩ M I S A ☩

✠ INTROITO. —Hoy sabréis que viene el Señor, y nos salvará; y mañana veréis su gloria. Salmo: Del Señor es la tierra y su plenitud: el orbe de las tierras y todos cuantos habitan en él. — v. Gloria.

En la Colecta, paxece todavía preocupada la Iglesia de la venida de Cristo Juez: pero es la última vez que hará alusión a este postrer Advenimiento. En adelante se entregará completamente a este Rey pacífico, a este Esposo, que viene a ella; sus hijos deben imitar su confianza.

✠ ORACIÓN. —Oremos. ¡Oh Dios! que nos alegras con la anual expectación de la ñesta de nuestra redención; haz que, así como recibimos ahora gozosos a tu Unigénito como Redentor, asi veamos después sin temor volver como Juez a Nuestro Señor Jesucristo. El cual vive contigo.

En la Epístola, el Apóstol San Pablo, dirigiéndose a los Romanos, les anuncia la grandeza y santidad del Evangelio, es decir, de la truena Nueva que los Angeles harán resonar en la noche próxima. Ahora bien, el protagonista del Evangelio no es otro sino el Hijo de Dios, de la raza de David según la carne, y que viene para ser en la Iglesia el principio de la gracia y del Apostolado, medios por los que somos también nosotros asociados a las alegrías de tan excelso Misterio después de tantos siglos pasados.

✠ EPISTOLA.— Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos (I, 1-4):

« Pablo, siervo de Jesucristo, llamado Apóstol, separado para el Evangelio de Dios, que antes había prometido por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, hecho de la simiente de David, según la carne, y predestinado para Hijo de Dios en poder, según el espíritu de santificación, por su resurrección de entre los mu***os. Por El hemos recibido la gracia y el apostolado, para poder predicar la fe, en virtud de su nombre, a todos los pueblos, entre los cuales estáis también vosotros, los llamados de Nuestro Señor Jesucristo. »

✠ GRADUAL. —Hoy sabréis que viene el Señor, y nos salvará: y mañana veréis su gloria. — J. Tú, que riges a Israel, atiende: tú, que conduces a José como una oveja; tú, que te sientas sobre los Querubines, muéstrate ante Efraín, Benjamín y Manasés.

Si la Vigilia cae en Domingo, se dice también el siguiente.

✠ ALELUYA. —Aleluya, aleluya. — V. Mañana será borrada la iniquidad de la tierra: y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. Aleluya.

En el Evangelio de esta Misa nos cuenta San Mateo la inquietud de San José y la visión del Angel. Era conveniente que no pasase desapercibida en la Liturgia esta historia, uno de los preludios del Nacimiento del Salvador. Hasta ahora no se había ofrecido momento oportuno para presentarla. Por otra parte, esta lectura es muy propia de la Vigilia de Navidad a causa de las palabras del Angel, señalando el nombre de Jesús que se ha de imponer al Hijo de la Virgen, y anunciando que este maravilloso niño salvará a su pueblo del pecado.

✠ EVANGELIO. —Continuación del santo Evangelio según San Mateo (I, 18-20):

« Estando desposada con José María, la Madre de Jesús, antes de que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo. Mas José, su marido, como fuese justo y no quisiese infamarla, pensó abandonarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí que el Angel del Señor se le apareció en sueños, diciéndole: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella ha nacido, del Espíritu Santo es. Y parirá un hijo y le llamarás Jesús, pues El salvará a su pueblo de sus pecados. »

✠ OFERTORIO. —Príncipes, abrid vuestras puertas; y elevaos, puertas eternas, y entrará el Rey de la gloria.

✠ SECRETA. —Suplicámoste, oh Dios omnipotente, hagas que, así como anticipamos la adorable Natividad de tu Hijo, así recibamos gozosos sus eternos dones. El cual vive y reina contigo.

Durante la Comunión, la Iglesia se alegra de poder saborear ya en el Sacramento de la Eucaristía a Aquel cuya carne purifica y alimenta nuestra propia carne, sacando del consuelo que este divino manjar la procura, la fortaleza para esperar hasta el momento supremo, en que los Angeles la llamarán a la Cueva del Mesías.

✠ COMUNIÓN. —Se revelará la gloria del Señor: y toda carne verá la salud de nuestro Dios.

✠ POSCOMUNIÓN. —Suplicárnoste, Señor, hagas que respiremos con la anunciada Natividad de tu Hijo, cuyo celestial Sacramento hemos comido y bebido. Por el mismo Señor.

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