31/12/2024
*¡Iniciamos un nuevo Año!!!*
Este tiempo nos recuerda que tanto, tanto nos amó Dios que nos envió a su Hijo, no para condenar el mundo, sino para salvarlo.
Jesús personificó el Amor y la Bondad de Dios. Lo cual nos lleva a reflexionar en la importancia del “hacer”. Jesús actúa, no se conforma con hablar del bien en sí, o con animar a los demás a practicarlo. Tampoco se limita a hacer el bien tal y como venía marcado en la sociedad religiosa de su tiempo. Ante unos oyentes recalcitrantes, de mirada turbia,los fariseos, a veces se ve obligado a definir el verdadero bien y la jerarquía de valores. Porque “Quien hace el bien es de Dios, quien hace el mal no ha visto a Dios” (3 Jn 1, 11).
Más aún, es su comportamiento, reflejado en todo lo que hace, un ejemplo para todo el que lo sigue.
Jesús hizo gravitar la verdad de quien era y de lo que hacía, sobre sus obras, sobre su comportamiento y así lo hizo saber en forma de petición para los que se le acercaban con dudas o críticas. “Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras” (Jn 14,11).
Hay evidencias de que el Salvador no nació un 25 de Diciembre frío y nevado; pues los pastores apacentaban sus ovejas a cielo abierto.
Probablemente fué en Octubre o Septiembre de 4 o 5 años antes de que Dionisio el Exiguo, monje que vivió en Tomis, establezca el año 1 de la era Cristiana, por encargo del papa Juan I.
🤔¿Estaremos recibiendo el año 2.030? Dionisio ni nosotros lo tuvimos en cuenta.
Eso no es lo importante de La Navidad, que también nos indica el inicio de un Año Nuevo.
Las palabras de Gabriela Mistral son las que quizás reflejan este espíritu de celebrar la Navidad y cada Año Nuevo, siendo cada vez mejores, en su precioso poema titulado "Sólo Sé Cómo Se Llama":
“…Yo lo único que sé es que... A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.
Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas. Me enseñó a llorar con fuerzas y dejar ir.
Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila. A caminar muy lento y muy descalza.
Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí.
Me enseñó mucho, me enseñó todo. Me enseñó a quererme con ganas. A querer a quien tengo al lado y a darle la mano.
Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que, para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.
Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.
Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.
Me enseñó cuánto me ama a través de 1.000 detalles.
Me enseñó que los milagros sí existen.
Me enseñó que, si yo no perdono, soy yo quien se queda prisionera; y que para perdonar, primero tengo que perdonarme. Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien; pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia. Me enseñó a buscarlo dentro y no afuera... A equivocarme y aprender. Y me sigue cuidando y esperando.
Me enseñó que solo estoy aquí por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir su luz conociendo mi sombra. Que disfrute, que ría, que valore, y que Él siempre va a estar en mí... Que, aunque dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en Él a pesar de mí...
Se llama Jesús…”
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¡Bendecido Año Nuevo!!!! 🩷