Comunidad Carismática Católica Peña del Horeb

Comunidad Carismática Católica Peña del Horeb La comunidad carismática católica “Peña del Horeb" es una comunidad de vida afiliada a la Renovación Carismática Católica (R.C.C.)

que responde a los objetivos planteados por “esta corriente de gracia”.

Entre flores y malezaHace unos meses me di a la tarea de sembrar unas plantas, sembré varias, pero resulta que solamente...
26/05/2026

Entre flores y maleza

Hace unos meses me di a la tarea de sembrar unas plantas, sembré varias, pero resulta que solamente 5 sobrevivieron, después de meses de echarles agua y de ayudarlas a crecer con abono, las plantas están grandes y bonitas; a parte de estas tengo otras dos plantas, una de ellas es bellísima con pequeñas flores rosadas.

Les cuento esto, porque decidí sembrar otras, esta vez flores; así que primero me dediqué a limpiar la zona, quité toda la maleza que había, hice el “caminito” donde pondría las semillas, le eché agua a la tierra porque estaba un poco seca y sembré las semillas.

Mientras hacía todo esto, pensaba un poco en el proceso de ver crecer una planta y de cómo podía aplicar esto a mi vida. Así que pensaba lo que sucede cuando se vive entre flores o cuando se decide vivir entre la maleza.
Resulta que vivir entre la maleza es “sencillo”, esto en el sentido que no requiere mucho esfuerzo, la maleza crece tan rápido, que es cuestión de dejarla ser y va a crecer; no necesita cuidado, y aparece en toda parte, bajo cualquier condición; se saca el tiempo para quitarla y a los pocos días vuelve a aparecer; y así, el ciclo inicia nuevamente.

En cambio, vivir entre flores lleva todo un trabajo, implica amor, atención, cuido; requiere sacar tiempo para quitar la maleza, para abonarla y darle agua; requiere trasplantar; alguna vez requiere incluso recortar para que crezca con más fuerza o con mejor postura.

Vivir entre la maleza puede resultar sencillo, es algo así como hacer de cuenta que no es con nosotros, dejar que sea, que pase, es no meternos con eso; cuando vivimos entre la maleza vivimos escondidos, refugiados, entre la maleza no estamos expuestos.

Empero; vivir entre flores es un asunto diferente, requiere sin lugar a dudas salir de la zona de confort; nos lleva a dedicar tiempo, vivir entre flores implica que cuando se quite la maleza o se realicen recortes vamos a quedar expuestos, y eso siempre llevará cierta cuota de dolor; es cierto, cuando las flores estén todo será bello, se convertirá entonces en un espacio agradable; pero eso no quita que haya en su historia cuotas de dolor… claro, eso definitivamente es lo que le da un valor especial.

Vivir entre malezas puede ser sencillo, pero vivir entre flores es vivir entre amor; y no cualquier amor, es cultivar el amor propio, eso sin lugar a dudas, es todavía mejor.

Mientras preparaba el espacio para sembrar las semillas, pensaba en mi proceso de limpieza, de preparar mi camino para crecer en medio de flores, y aunque ha sido doloroso, ha implicado quitar, recortar, mover de lugar; la verdad no me arrepiento, porque me encanta la idea de verme rodeada de flores.

Los que se guían por la carne, piensan y desean lo que es de la carne, los que son conducidos por el Espíritu van a lo espiritual. La carne tiende a la muerte, mientras que el Espíritu se propone vida y paz. Romanos 8, 5-6

¿Y vos, querés ver malezas en tu jardín, o querés un espacio lleno de flores y color?

26/05/2026

Martes 26 de mayo de 2026.
Evangelio del día
Octava semana del Tiempo Ordinario - Año Par
“ ¿Está Dios con nosotros? ”
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 10-16
Queridos hermanos:

Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.

Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

Salmo de hoy
Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R/. El Señor da a conocer su salvación.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Reflexión del Evangelio de hoy
“Seréis santos porque yo soy santo”
Esto viene de antiguo. Pedro sigue palabras proféticas muy anteriores a Cristo, pero actualizadas al momento en que el apóstol vive y, adaptadas también, al que ahora vivimos nosotros: Si quien nos ha llamado a la fe es santo, parece obvio que nosotros debemos ser también santos para seguir a su lado.

Puede que nos resulte difícil confiar plenamente en el mensaje y las enseñanzas de Cristo. Nuestras mentes están más hechas a confiar en lo que podemos probar y comprobar. Las pruebas, más bien la búsqueda de pruebas, es un poco la guía que queremos y buscamos seguir. Nos falta empuje para encontrarnos ciegos, saltar de la piedra al lado del camino donde, sentados, extendemos la mano pidiendo. Saltar a ciegas al paso de Cristo y pedirle que nos ayude a ver.

Y ahí encontraremos a Cristo: en el encuentro de la oscuridad de nuestros ojos, con la deslumbrante luz de la fe. Olvidemos, pues, nuestros miedos y saltemos sin dudar al camino. Cristo que está siempre pasando, abrirá nuestros ojos y quitará las piedras del camino en las que podríamos tropezar. Solo es necesario que saltemos fuertemente agarrados a una fe viva y poderosa que nos llena, nos completa y nos salva.

“Lo hemos dejado todo y te hemos seguido”
Ese es nuestro sentido: creemos haberlo dejado todo por Cristo, pero, con frecuencia, olvidamos ese rincón de nuestra mente en el que tenemos guardado algo de nuestra ambición que no queremos perder, incluso que no queremos recordar. Parece que Pedro va también por ese camino: no parece pedir nada, pero le recuerda a Jesús su generosidad, buscando, tal vez, una confirmación, de manos del Maestro, de la recompensa que buscan tener.

Y, como siempre, el Maestro no defrauda: sigue prometiendo el ciento por uno de lo abandonado por su causa, y seguro que lo ha cumplido, aunque nuestros ojos de carne no sean capaces de descubrirlo.

Puede que venga a cuento un chascarrillo que escuché de niño: Un hombre preguntó a Dios: ¿Qué son para ti mil años?, “Un momento”, fue su respuesta. Insistió el hombre: ¿Podrías darme cien millones? Y Dios respondió: “¡Claro!, espera un momento”.

No olvidemos que nosotros no vemos lo mismo que Dios ve. No pensemos que la recompensa está al otro lado de la puerta de la eternidad. ¡No!; está aquí en nosotros y ahora… Que no lo veamos es producto de la ceguera de nuestros sentidos humanos.

Tuve un amigo muy íntimo al que diagnosticaron una miastenia gravis muy avanzada a los cuarenta y tres años y le pronosticaron, como mucho, cinco de vida y de ellos varios en precario, dependiente absoluto, casi seguro en silla de ruedas. Hoy, a punto de celebrar su ochenta cumpleaños, recuerda aquella sentencia médica y da gracias a Dios porque le ha regalado más del ciento por uno de lo que él dedico a Dios.

A veces cuando abrimos los ojos por la mañana, nos olvidamos del inmenso regalo de la vida, que Dios nos está dando a cada momento. Si buscamos bien, encontraremos que recibimos más del cien por cien de lo que hayamos entregado a Dios. Busquemos y encontraremos porque “El Señor da a conocer su salvación” (Sal 97) en todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia.

¿Podremos dudar que Dios nos acompaña en cada momento de nuestra vida?

El S**o de PlumasHabía una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ve...
25/05/2026

El S**o de Plumas
Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un s**o lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas". El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el s**o lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el s**o con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

Arrepiéntanse entonces y conviértanse, para que todos sus pecados sean borrados. Hechos 3,19

25/05/2026

Lunes 25 de mayo de 2026.
Evangelio del día
Octava semana del Tiempo Ordinario

Hoy es: Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
“ Mujer, ahí tienes a tu hijo ”

Primera lectura
Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?».

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?».

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo de hoy
Salmo 86, 1-2.3 y 5. 6-7 R/. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

Se dirá de Sión: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí». R/.

Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-34
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había mu**to, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Reflexión del Evangelio de hoy

El título de “Madre de la Iglesia” fue proclamado por San Pablo Vi durante el Concilio Vaticano II. Con él, quería subrayar el papel irreemplazable de María dentro de la Iglesia. El Papa Francisco, en 2018 instituyó esta fiesta en el lunes después de Pentecostés. Si la Iglesia nace en Pentecostés, tiene un gran significado que, en el primer día siguiente, el lunes, en la puesta en marcha de su camino en medio del mundo, se destaque la persona y la misión de la Virgen en ella.

"La serpiente me sedujo y comí"
Las tres lecturas que se proclaman en la liturgia de hoy son ricas en simbolismos y en estímulo para nuestra fe y nuestra devoción a la Madre del Señor. En el Genesis, tras el pecado y sus consecuencias, Adán pone nombre a su mujer: “Eva”, por ser la “madre de todos los vivientes". En el evangelio se nos narra la escena en que Jesús, clavado en la cruz, nos da a María por Madre. En el salmo, hablando de la ciudad de Sión, como un lugar donde todos, cercanos y lejanos, se encuentran en su hogar, símbolo del Reino de Dios, abierto, como decía Francisco “a todos, todos, todos”, se dice: “es la madre, porque todos han nacido en ella”.

En el relato de Génesis, aparecen tres personajes: Adán, Eva y un árbol. En el evangelio, Jesús, María y la cruz. Hay un paralelismo: un hombre, una mujer y un árbol.

Los primeros son símbolos de lo que se da siempre, en todo tiempo y lugar: el pecado es la desconfianza en Dios. Frente a la bondad de Dios que les ha dado la vida, que les ha llamado a la felicidad, al amor, a la fecundidad, prefieren hacer caso de la tentación, representada en la serpiente, que les invita a desconfiar de esa bondad: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y entonces serán como dioses” (Ge. 3, 5). En lugar de querer ser hijos de Dios, prefieren considerar a Dios como competidor peligroso del que defenderse. Todo pecado comienza por una desconfianza en el amor de Dios por nosotros.

Jesús es el nuevo Adán. En su entrega total que se manifiesta en la cruz, pone en claro, por una parte, cuanto nos ama y nos valora Dios: “Tanto amó Dios al mundo que les dio a su propio Hijo…Dios no lo envió para condenarnos, sino para que el mundo se salve gracias a él” (J. 3, 16-17). Por otra parte, Jesús crucificado manifiesta un modelo para toda la humanidad de amor al Padre y disposición total a su misión en bien de sus hermanos.

"Junto a la cruz de Jesús estaba su madre"
La cruz se ha convertido en el verdadero árbol de la ciencia del bien y del mal. Nos habla del Amor infinito y de la maldad y sus consecuencias.

Junto a la cruz, María. Ya había dicho sí a Dios y a su proyecto de salvación en la Anunciación. Ahora, ya no jovencita, sino anciana, recibe una nueva anunciación: no ser solo la madre de la Cabeza sino también del cuerpo de la Iglesia: No solo madre de Dios, sino madre de todos los hijos de Dios, representados en Juan. No tuvo ella necesidad de decir sí con palabras: era la mujer cercana a Dios y totalmente disponible y colaborara con él.

En pentecostés la vemos como esa nueva Sión de la que nos habla el salmo, congregando a los discípulos y discípulas de su Hijo y pidiendo y esperando al Espíritu (Hechos 2, 14).

Después de su asunción, sigue con su tarea maternal. Sigue pendiente y atenta de cada uno de nosotros y diciéndole a Jesús lo mismo que le dijo en Caná: “No tienen vino”; y a nosotros: “haced lo que Él os diga” (Jn 3, 4-5).

CONFUSIÓN Y MALOS ENTENDIDOSEs desesperante cuando intentás hablar con tu pareja, con tus hijos o con un compañero de tr...
24/05/2026

CONFUSIÓN Y MALOS ENTENDIDOS

Es desesperante cuando intentás hablar con tu pareja, con tus hijos o con un compañero de trabajo y parece que hablaran idiomas distintos. Vos decís una cosa, ellos entienden otra; querés acercarte y terminan en una discusión. La falta de comunicación levanta barreras invisibles en el hogar, y esa confusión te va llenando de amargura, aislamiento y una profunda tristeza.

Nuestra Iglesia nos enseña que el pecado divide y confunde, pero que en Pentecostés, Dios envía al Espíritu Santo para hacer exactamente lo contrario: unir, sanar y hacernos comprender desde el amor. Él es el único que puede traducir lo que tu corazón quiere decir:

"Al producirse aquel ruido se juntó la multitud y quedó alucinada, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua... Les oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios." — Hechos 2:6.11

Hay un relato muy breve pero profundo que nos muestra cómo actúa esta Gracia en medio de nuestras diferencias:

Cuentan que en un antiguo monasterio, dos monjes que debían trabajar juntos en la huerta no lograban ponerse de acuerdo. Uno quería sembrar trigo y el otro prefería hortalizas. Las discusiones eran diarias y el ambiente se había vuelto insoportable. Decidieron ir a ver al abad para que juzgara quién tenía la razón. El abad, un hombre lleno del Espíritu Santo, los escuchó en silencio. Luego, tomó un trozo de carbón apagado de la chimenea y se lo entregó a uno de ellos: "Sostenelo con fuerza". El monje lo hizo y, al abrir la mano, la tenía completamente negra.

Entonces el abad sopló suavemente sobre la mano del monje. El hollín voló y la piel quedó limpia. El abad les dijo: "Sus discusiones son como este carbón: solo ensucian las manos y el corazón de ambos. Ninguno tiene la razón si para imponerla pierden la caridad. Dejen de tirar carbón y pidan el soplo que limpia". Los monjes, avergonzados, se abrazaron y volvieron a la huerta a trabajar en paz.

El Espíritu Santo es el lenguaje del Amor: En Pentecostés, personas de todas las naciones se entendían porque los apóstoles no hablaban desde el ego o el orgullo, sino llenos del Espíritu Santo. Cuando vayas a tener una conversación difícil en tu familia, antes de abrir la boca, rezá un segundo por dentro: "Ven, Espíritu Santo, hablá Vos por mí".

Dejá que el Viento limpie el hollín: Es maduro reconocer que muchas veces nos empecinamos en "ganar" una discusión a costa de la paz del hogar. Dejá de acumular carbón (reproches, ironías, gritos). Dejá que el soplo de Pentecostés se lleve los malos entendidos y te devuelva la capacidad de escuchar con el corazón.

No intentes resolver los conflictos familiares solo con psicología o estrategias humanas. El Espíritu Santo es el Gran Consolador y el que une lo que el egoísmo divide. ¡Pedile hoy que descienda sobre tu casa y transforme la confusión en una hermosa armonía!

24/05/2026

Domingo 24 de mayo de 2026 - Domingo de Pentecostés

“ Recibid el Espíritu Santo ”

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

EL SUFRIMIENTOHay días en los que el dolor físico, una enfermedad, la partida de un ser querido o una profunda pena del ...
23/05/2026

EL SUFRIMIENTO

Hay días en los que el dolor físico, una enfermedad, la partida de un ser querido o una profunda pena del alma se vuelven insoportables. Te preguntas en silencio: “¿Por qué a mí?, ¿para qué sirve todo esto?”. Es humano sentir frustración y desear que la cruz desaparezca. En medio de la oscuridad, el sufrimiento parece un laberinto sin salida que solo sirve para desgastarnos.

Sin embargo, nuestra fe católica nos enseña un secreto maravilloso que cambia la historia: el dolor no se desperdicia si se sabe a quién entregárselo. San Pablo nos revela que podemos asociar nuestros sufrimientos a los de Jesús para la salvación del mundo. Tu dolor puede convertirse en una poderosa oración si lo ofrecés con amor:

"Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia." — Colosenses 1:24

Existe una hermosa parábola tradicional que nos ayuda a comprender el valor de lo que entregamos:

Cuentan que en un antiguo reino, un humilde campesino fue invitado al palacio real. El hombre quería llevarle un regalo al Rey, pero era tan pobre que lo único que tenía era una canasta llena de frutas silvestres, muchas de ellas golpeadas, ácidas y medio verdes por la mala temporada. Avergonzado, se presentó ante el trono, agachó la cabeza y le ofreció la canasta diciendo: "Señor, esto es lo único que tengo para darte, sé que no es digno de un rey".

El Rey, mirándolo con infinita ternura, tomó la canasta. Mandó llamar al joyero real y le ordenó vaciar las frutas. En su lugar, el Rey llenó la canasta del campesino con monedas de oro, perlas y piedras preciosas. Al devolvérsela, le dijo con una sonrisa: "Tu regalo era valioso para mí, no por la calidad de la fruta, sino por el amor con el que me lo entregaste. Tomá, esto es lo que tu soberano te da a cambio".

Tu dolor es una "fruta amarga" que Dios puede transformar: Cuando le decís a Jesús en el Sagrario: "Señor, me duele el cuerpo, me duele el alma por esta situación, pero te lo ofrezco por la conversión de mis hijos (o por los enfermos, o por la paz de mi hogar)", estás entregando esa fruta amarga. Dios toma ese sufrimiento que hoy no entendés y lo convierte en "oro espiritual", en gracias y bendiciones para los que amás.

No sufras a solas, sufrí con Él: El dolor sin Dios aplasta y amarga. El dolor con Dios se vuelve un puente hacia la resurrección. En cada Santa Misa, cuando el sacerdote ofrece el pan y el vino en el altar, poné espiritualmente tu cruz ahí adentro. Jesús la va a bendecir y le va a dar un sentido eterno.

No dejes que tu sufrimiento sea en vano. Hoy, en lugar de renegar o desesperarte, levantá los ojos al Cielo y decí con confianza: "Jesús, no entiendo por qué paso esto, pero te lo ofrezco por amor". Verás cómo Su paz, que supera todo entendimiento, empieza a sostener tu corazón.

23/05/2026

Sábado 23 de mayo de 2026 - “ Dar testimonio de Cristo Resucitado ”

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31
Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.

Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
«Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, os he llamado para veros y hablar con vosotros; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».

Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Salmo 10, 4. 5 y 7
R/. Los buenos verán tu rostro, Señor

El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R/.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y éste, ¿qué?»

Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»

Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»

Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir.

Reflexión del Evangelio de hoy

El testimonio de Pablo
Pablo vive casi el mismo proceso que Jesús: Acusaciones, interrogatorio, entrega a los romanos,– que quieren liberarle, a lo que los judíos se oponen- que no encuentran nada que mereciera la muerte.

En el final de los Hechos de los Apóstoles, San Pablo llega a Roma, la capital del Imperio, donde se le permite vivir bajo custodia militar pero con relativa libertad (Hch 28,16-20). Convoca a los líderes judíos para explicar su situación: encadenado por la esperanza de Israel, defiende su fidelidad a la Ley y los Profetas, mostrando que el Evangelio no contradice la tradición judía, sino que la cumple.

Durante dos años enteros (Hch 28,30-31), acoge a todos, anuncia con parresía (audacia) el Reino de Dios y el Señor Jesús, cumpliendo así el mandato de Cristo de llevar el Evangelio "hasta los confines de la tierra" (Hch 1,8).

Este pasaje ilustra el triunfo de la misión apostólica: de Jerusalén a Roma, el Espíritu Santo impulsa la Iglesia entre judíos y gentiles, abolida la distinción por la revelación (Hch 10). Pablo, instrumento elegido, predica libremente pese a las cadenas, prefigurando la siembra de la semilla cristiana en el corazón del mundo pagano, que germinará en la Iglesia romana. Su ministerio en Roma confirma la cronología de su cautiverio y su plan misionero (Rm 1,13; 15,24).

Pablo encarna la audacia evangélica en adversidad, invitándonos a proclamar a Cristo con libertad interior, fuente de misión perpetua de la Iglesia.

El testimonio de Juan
El Evangelio relata un diálogo entre Jesús, Pedro y el Discípulo Amado, enfatizando la obediencia personal a la voluntad de Cristo y el propósito del Evangelio: fomentar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios para tener vida en su nombre (Jn 20,30-312).

"Tú sígueme" (Jn 21,20-23): Pedro, recién investido como pastor ("Apacienta mis ovejas", v. 17), pregunta por el Discípulo Amado: "Señor, ¿y éste, qué?" Jesús responde con autoridad: "Si quiero que se quede hasta que venga, ¿qué te importa? Tú sígueme" (dos veces le dice ese "tu sígueme").

Este intercambio subraya la primacía de la vocación individual: Pedro debe enfocarse en su misión apostólica sin inmiscuirse en la de otros. Surge un rumor erróneo sobre la muerte del Discípulo Amado (v. 23), que el evangelista corrige, mostrando la fidelidad del testimonio ocular. El Discípulo Amado destaca por su cercanía íntima a Jesús (Jn 13,23; 20,2; 21,), "el que vio y creyó" ante el sepulcro vacío (Jn 20,83), modelo de fe contemplativa frente al ardor activo de Pedro.

Testimonio del Evangelio Jn 21,24-25: "Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito" v. 24 Juan ha recopilado estos hechos con un fin preciso: "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre"). Esto conecta con la fe nacida del encuentro personal con el Resucitado, más allá de lo escrito.

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