24/06/2024
El primer paso hacia la humildad es darse cuenta de que uno es orgulloso. Ahora, quiero añadir que el paso siguiente es hacer un intento serio de practicar las virtudes cristianas. Una semana no es suficiente. A menudo las cosas van de maravilla la primera semana. Intentadlo durante seis semanas. Para ese entonces, no habiendo conseguido nada, o incluso habiendo retrocedido aún más del punto donde se empezó, uno habrá descubierto ciertas verdades acerca de sí mismo.
Ningún hombre sabe lo malo que es hasta que ha intentado con todas sus fuerzas ser bueno. Circula la absurda idea de que los buenos no saben lo que es la tentación. Esta es una mentira evidente. Sólo aquellos que intentan resistir la tentación saben lo fuerte que es. Después de todo, se descubre la potencia del ejército alemán luchando contra él, no rindiéndose a él. Se descubre la fuerza de un viento intentando caminar contra él, no echándose al suelo. Un hombre que se rinde a la tentación después de cinco minutos, sencillamente no sabe qué hubiera pasado una hora después. Por eso los malos, en cierto sentido, saben muy poco de la maldad. Han vivido una vida protegida porque han cedido siempre a ella. Jamás averiguamos la fuerza del impulso del mal dentro de nosotros hasta que intentamos luchar contra él, y Cristo, porque fue el único hombre que jamás cedió ante la tentación, es también el único hombre que sabe absolutamente lo que la tentación significa... en un sentido realista y total. Muy bien, pues; lo más importante que aprendemos de un intento serio de practicar las virtudes cristianas es que fracasamos. Si teníamos la idea de que Dios nos había puesto una especie de examen, y de que podíamos obtener buenas notas mereciéndolas, esa idea tiene que ser abandonada. Si teníamos la idea de una especie de acuerdo —la idea de que podíamos llevar a cabo nuestra parte del contrato y así poner a Dios en deuda con nosotros para que le tocase a El, por simple justicia, llevar a cabo Su parte del contrato—, esa idea tiene que ser abandonada.
Creo que todos los que creen vagamente en Dios, hasta que se convierten al cristianismo, tienen la idea de un examen, o de un acuerdo. El primer resultado del auténtico cristianismo es deshacer esa idea en mil pedazos. Cuando descubren que la idea ha volado en mil pedazos, algunos piensan que el cristianismo es un fracaso y renuncian. Parecen imaginar que Dios tiene ideas muy simples. De hecho, por supuesto, Él conoce todo esto. Una de las primeras cosas que el cristianismo está destinado a hacer es deshacer esta idea en mil pedazos. Dios ha estado esperando el momento en que descubráis que no es cuestión de sacar una buena nota en ese examen, o de ponerlo a Él en deuda con vosotros.
Después viene otro descubrimiento. Todas las facultades que tenemos, nuestra capacidad de pensar o de mover nuestros miembros en todo momento nos son dadas por Dios. Si dedicásemos cada momento de nuestra vida exclusivamente a Su servicio no podríamos darle nada que no fuese, en un sentido, Suyo ya. De modo que cuando hablamos de un hombre que hace algo por Dios, o que le da algo a Dios, os diré a qué se parece esto. Se parece a un niño pequeño que acude a su padre y le dice: «Papá, dame cien pesos para comprarte un regalo de cumpleaños.» Naturalmente, el padre lo hace y se queda encantado con el regalo del niño. Todo está muy bien, pero sólo un id**ta pensaría que el padre ha ganado cien pesos en la transacción. Cuando un hombre ha hecho estos dos descubrimientos, Dios puede empezar realmente a trabajar. Es después de esto cuando empieza la auténtica vida. El hombre ahora está despierto...
C.S. Lewis-