07/12/2024
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De pronto, cuando avanzó hacia la sala de maestros, vio que un ángel lo esperaba junto a una silla frente a la escalera. El ángel estaba con una pequeña lámpara, como un caldero manual, y un libro grande, dorado, con letras rojas, como los libros que cuentan las mejores historias. Sin dudarlo un momento, antes que el ángel, el libro le llamó mucho más la atención, pero se sentó, porque el ángel se lo indicó con el dedo.
-Las grandes historias nunca terminan como historias - dijo el ángel. Los protagonistas llegan a ella y se van cuando han cumplido su parte. También la de tus niños, Luis, terminará tarde… o quizás temprano.
-¿Eso significa que podré descansar y tener grandes banquetes en mi nueva aventura? Porque, pensándolo bien, también sería muy bueno- y soltó una risa clara y profunda que inundó el eco del lugar. No se había dado cuenta por la emoción de su corazón, pero estaba cansado y notó que lo había tomado por sorpresa, allí sentado frente a la escalera, un profundo sueño.
-¡Sí, Luis! Pero no me concierne contarte sobre tu Último Viaje. Él estará siempre contigo. A mí me toca mostrarte que estás en el libro de las grandes historias.
-¿Yo? Vamos, pensé que la ironía era cosa de estos rosarinos que tanto quiero.
-¡Si, Luis! Y ¿sabés quiénes pedían oír más de vos? tus niños: “Quiero compartir más con él” o “ahora le diré que me acompañe en mi crecimiento espiritual” o “Ya le pediremos que bendiga nuestro matrimonio”; “Es tan especial, nos hace sentir como en casa”; “Sin él, no hubiera conocido a Cristo”; “todavía me acuerdo lo que me dijo en el pasillo, cuando salía de clases”; “¡Mirá la estampita que me regaló, mamá! ¡Y mirá lo que me escribió!”.
Miró al ángel con una sonrisa y los ojos llenos de lágrimas.
-Creo que ya entiendo. Hora de cerrar el libro para mí… me ha agarrado demasiado sueño.
-Duerme, querido amigo. Nos vemos pronto, en tu Último Viaje.
De un escrito, de . Muchas gracias.