Parroquia Santa Isabel de Hungría Rosario

Parroquia Santa Isabel de Hungría Rosario 17 DE NOVIEMBRE
Santa Isabel de Hungría
"La reina ejemplar a la que tanto amaban los pobres"

18/02/2026
12/02/2026

MIRARNOS AL ESPEJO.

EL VERDADERO ERROR DE JUDAS NO FUE EL BESO...

Casi todos llaman traidor a Judas.
Casi nadie se atreve a mirarse en el espejo que él nos deja.
Lo conocemos por un solo acto.
Un beso, treinta monedas.

Y creemos que con eso ya entendimos todo.
Pero no. Judas no empezó traicionando.
Empezó siguiendo.
Caminó con Jesús. Comió con Él.
Escuchó sus parábolas de cerca.
Vio milagros que otros solo oyeron contar.
Judas no estaba lejos del Maestro.
Estaba demasiado cerca…

y aun así, por dentro, estaba perdiéndose.
Porque el problema de Judas no fue que no creyera en Jesús.
El problema fue que Jesús no encajó en lo que Judas esperaba.
Él quería un Mesías que resolviera las cosas rápido.
Que corrigiera el sistema.
Que tomara poder.

Que hiciera justicia a su manera.
Y cuando Jesús eligió el camino del silencio, del servicio, de la cruz…algo se quebró por dentro.
Aquí está lo incómodo.
Judas no vendió a Jesús solo por dinero.
Vendió la decepción.
Vendió la frustración.

Vendió la distancia entre lo que soñó
y lo que Dios estaba haciendo.
Y eso nos incluye.

Somos Judas cuando seguimos a Dios, pero en el fondo queremos controlarlo.
Cuando oramos, pero si Dios no responde como esperamos, empezamos a enfriarnos.
Cuando decimos “confío", pero solo mientras Él haga lo que yo creo correcto.
Judas no se fue de golpe.
Se fue por dentro primero.
Se quedó sentado en la mesa… pero ya no estaba presente.
Seguía oyendo la voz de Jesús… pero ya no la entendía.
Y luego vino el beso.
El beso no fue solo traición.
Fue contradicción.
Fue acercarse por fuera mientras el corazón ya estaba lejos.
Hay besos que parecen amor pero nacen del conflicto interno.
Y aquí viene lo más doloroso.
Cuando Judas se dio cuenta de lo que había hecho, no huyó de Dios…
huyó de la gracia.

Sintió culpa, pero no se permitió el perdón.
Reconoció el error, pero no creyó que todavía había lugar para él.
Eso también somos nosotros.
Cuando fallamos y pensamos:
“Esto ya no tiene arreglo.”
“Dios perdona a otros… pero a mí no.”
“Ya crucé una línea.”
Judas no murió porque Dios lo rechazó. Murió por creer que su error era más grande que la misericordia.
Pedro negó.
Judas traicionó.
La diferencia no fue el pecado.
Fue lo que hicieron después.
Uno lloró… y volvió.
El otro lloró… pero se aisló.
Y eso parte el alma.

Porque hay personas hoy que aman a Dios, pero viven castigándose.

Siguen viniendo.
Siguen sirviendo.
Siguen sonriendo.

Pero por dentro cargan
treinta monedas invisibles:
– culpas no perdonadas
– errores que no se sueltan
– decisiones que persiguen
– un “si hubiera…” que no deja vivir.

No están lejos de Jesús.
Están atrapados en su vergüenza.
Judas no es solo un traidor del pasado.
Es el retrato del creyente que no cree que aún puede ser amado.
Jesús lavó los pies de Judas sabiendo lo que iba a hacer.
Eso lo cambia todo.
Nunca dejó de amarlo.
Nunca le quitó el lugar en la mesa.
Nunca lo expulsó.
El último gesto de Jesús hacia Judas no fue juicio.
Fue amor.
Y tal vez hoy Dios nos está diciendo lo mismo, no con reproche, sino con ternura:
“No te vayas.
No cargues esto solo.
No creas que tu error te define.
Vuelve.”

Porque la traición más peligrosa no es fallarle a Dios… es creer que ya no podemos volver a Él.
Tal vez hoy solo necesitamos hacer tres cosas:
Soltar las monedas.
Levantar la mirada.
Y creer aunque cueste que todavía hay lugar en la mesa.
Porque Jesús no perdió a Judas por la traición.
Lo perdió por la desesperanza.
Y Dios no quiere perderte a ti.

No por lo que hiciste, sino porque dejaste de creer que aún eras amado.

SEGUNDO DOMINGO A SAN JOSÉPor la señal de la santa Cruz...Antífona:¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!A quién le fue c...
08/02/2026

SEGUNDO DOMINGO A SAN JOSÉ

Por la señal de la santa Cruz...

Antífona:

¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
Rogad por nosotros.

Segundo dolor: al ver nacer el niño Jesús en la pobreza.
“Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11).

Segundo gozo: al escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.
“Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño reclinado en el pesebre” (Lc 2,16).

ORACIÓN:

Oh bienaventurado patriarca, glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentisteis viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a g***r de los resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Ave María y Gloria.

🙏🏻 Oración:

Oh Dios, que por providencia inefable os dignasteis escoger al bienaventurado José para esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Amén.

San José: ruega por nosotros.

Los siete domingos de san José (dolores y gozos)Hoy iniciamos los siete domingos de san José, son una costumbre de la Ig...
01/02/2026

Los siete domingos de san José (dolores y gozos)

Hoy iniciamos los siete domingos de san José, son una costumbre de la Iglesia para preparar la fiesta del 19 de marzo. La meditación de los “dolores y gozos de san José” ayuda a conocer mejor al santo Patriarca y a recordar que también él afrontó alegrías y dificultades.

De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.

También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea.

Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, después de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.

En concreto, fue el Papa Gregorio XVI quien fomentó la devoción de los siete domingos de san José, concediéndole muchas indulgencias; pero S.S. Pío IX les dio actualidad perenne con su deseo de que se acudiera a San José, para aliviar la entonces aflictiva situación de la Iglesia universal.

PRIMER DOMINGO

Antífona:
¡Oh feliz Varón, bienaventurado José!
A quién le fue concedido no sólo ver y oir al Hijo de Dios,
a quién muchos quisieron ver y no vieron , oir y no oyeron,
sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
Rogad por nosotros.

Primer dolor: cuando estaba dispuesto a repudiar a su inmaculada esposa.
“Estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18).

Primer gozo: cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.
“El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús” (Mt 1, 20-21).

ORACIÓN:
Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la perplejidad en que estabais sin saber si debíais abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también vuestra alegría cuando el ángel os reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo os pedimos consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

Oh Dios, que por providencia inefable os dignasteis escoger al bienaventurado José para esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Amén.

San José: ruega por nosotros.

30/01/2026

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