30/07/2026
La sorprendente lección de San Felipe Neri sobre el poder de nuestras palabras
Hay pecados que parecen pequeños porque no dejan marcas visibles.
Sin embargo, una palabra mal dicha puede recorrer lugares donde jamás podremos volver para reparar el daño.
Cuenta una antigua tradición que una mujer acudía con frecuencia a confesarse con San Felipe Neri. Casi siempre repetía el mismo pecado: hablar mal de otras personas, difundir rumores y calumniar a sus vecinos.
El santo, conocido por su sabiduría y su forma tan particular de enseñar, decidió imponerle una penitencia muy distinta a las habituales.
Le pidió que fuera al mercado, comprara un pollo y, mientras caminaba de regreso, fuera arrancando sus plumas y dejándolas caer por las calles hasta llegar nuevamente con él.
Aunque le pareció una petición extraña, la mujer obedeció.
Cuando volvió con el pollo completamente desplumado, pensó que había terminado su penitencia.
Pero San Felipe le dijo con serenidad:
—Ahora regresa por el mismo camino y recoge una por una todas las plumas que dejaste caer.
La mujer, sorprendida, respondió:
—¡Eso es imposible! El viento seguramente ya las llevó por todas partes.
Entonces el santo le dio la verdadera enseñanza:
—Así ocurre con el chisme y la calumnia. Una vez que salen de nuestra boca, es casi imposible reparar todo el daño que provocan.
Aquellas palabras tocaron profundamente su corazón.
Comprendió que una conversación aparentemente inofensiva puede destruir amistades, familias, reputaciones e incluso sembrar divisiones difíciles de sanar.
Esta historia sigue siendo actual.
Hoy las palabras ya no solo viajan de boca en boca; también recorren redes sociales, grupos de mensajería y publicaciones que, en cuestión de segundos, pueden llegar a miles de personas.
Por eso, antes de compartir un rumor, hablar mal de alguien o repetir algo cuya verdad desconocemos, vale la pena preguntarnos:
¿Estoy construyendo o destruyendo con mis palabras?