03/04/2026
Hoy el cielo se oscurece.
El sol se esconde, la tierra tiembla y el velo del templo se rasga en dos. Hoy, Viernes Santo, el Hijo de Dios muere en la cruz por ti y por mí.
No es una muerte cualquiera. Es el sacrificio más grande de la historia: el Cordero inocente que carga con todos nuestros pecados, el Justo que se entrega por los injustos, el Amor que se deja clavar para liberarnos.
En la cruz, Jesús no solo sufre… nos redime.
En la cruz, Jesús no solo muere… nos da vida eterna.
En la cruz, Jesús nos dice con su sangre: “Te amo tanto que doy mi vida por ti”.
Hoy la Iglesia guarda silencio.
Hoy acompañamos a María, que con el corazón atravesado por una espada, permanece al pie de la cruz.
Hoy nos arrodillamos ante el Crucificado y, con humildad y gratitud profunda, le decimos desde lo más hondo de nuestro ser:
Gracias, Señor.
Gracias por tu dolor, por tu sangre, por tu amor sin medida.
Gracias porque en tu cruz encontramos perdón, esperanza y salvación.
Que este Viernes Santo no pase en vano.
Que nuestro corazón se conmueva ante tanto amor y que nuestra vida sea respuesta a ese sacrificio.