08/08/2026
A veces no perdemos la carrera porque nos falten fuerzas, sino porque dejamos de mirar hacia dónde vamos.
La distracción abre puertas que terminan alejándonos de la posición que Dios nos dio. El pecado puede comenzar pequeño, pero cuando ocupa nuestra atención, roba nuestro enfoque, debilita nuestra determinación y nos hace abandonar el lugar donde fuimos llamados a correr.
No todo lo que captura tu atención merece tu corazón.
Volvé al enfoque. Volvé a la posición. Volvé a la carrera que Dios puso delante tuyo.
No naciste para correr cualquier carrera. Corré la que Dios te confió.
“Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fijando la mirada en Jesús.” — Hebreos 12:1-2