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04/12/2014
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21/11/2014

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   LA PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN NIÑA EN EL TEMPLO
01/10/2014


LA PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN NIÑA EN EL TEMPLO

nosotras ya estamos arriba,vos....que estás esperando??
26/09/2014

nosotras ya estamos arriba,
vos....
que estás esperando??

El joven rico (Mt 19, 16-22)Este diálogo de Jesús con los jóvenes no ha terminado, sigue estando  toda vez que Jesús sig...
25/09/2014

El joven rico (Mt 19, 16-22)

Este diálogo de Jesús con los jóvenes no ha terminado, sigue estando
toda vez que Jesús sigue llamando no solo a la salvación y a la conversión, sino
también a que lo sigan. Como en este caso, con el así llamado joven rico, acerca
del cual debaten los Santos Padres si se salvó o no se salvó (Jn 15, 16).

¿Se puede salvar alguien diciendo que no a Dios? ¿Tenía este joven una
verdadera vocación? En fin, son datos que quedan para reflexionar. Pero lo que sí
queda presente en nuestro espíritu es la enseñanza de este texto evangélico, de
este hecho que ocurrió y sigue ocurriendo en la vida de la Iglesia.

Hay dos dimensiones desde las cuales el hombre se ordena al bien; una
de esas dimensiones está impelida por el apetito de bien que todo hombre tiene
ínsito en su propia naturaleza humana. Todo hombre busca el bien aun cuando
se equivoque en el camino o aún cuando se equivoque en descubrir cuál es el
bien. Pero enseñan los teólogos, y lo enseña muy especialmente Santo Tomás en
su doctrina moral, que todo acto humano tiene como fin el bien; un bien real o un
bien aparente, pero un bien en sí. Nadie puede obrar por una razón de mal. Por
eso, desde el punto de vista moral, es explicable cómo el hombre se engaña a sí
mismo. Y éste es uno de los peores males: se engaña a sí mismo porque necesita
encontrar una razón de bien que justifique lo que hace. Si él tiene claro que lo que
va hacer es un mal, no lo hace.

Aquí se da algo así como una suerte de mimetismo moral, de engaño
personal que hacemos para justificar en un momento un mal y tratar de dar alguna
razón de bien para justificar que lo podemos hacer. Pero en todo caso, lo que
queda claro es este ímpetu, este apetito, esta motivación, esta fuerza de nuestra
naturaleza hacia el bien y hacia la verdad. Más aún, hay en la naturaleza del
hombre -y en el corazón del hombre- estas universales normas de bien moral, la
más universal de las cuales la percibe la sindéresis, que es esta especie de chispa
interior de la conciencia por la cual todo hombre conoce este mandamiento moral
más universal: hay que hacer el bien y evitar el mal.

Y no hay hombre en la tierra que no tenga la percepción de esta premisa
moral desde la cual empieza a dignificarse el acto moral. A partir de allí, también
están impresos en el corazón del hombre estos grandes objetivos morales que
iluminan el acto humano. Hay como un eco interior que repite a todo hombre
desde adentro, como una suerte de secuela de aquella revelación original que
todavía no ha sido del todo interferida por las secuencias del pecado original:
no matar, no adulterar, no robar... Este es un eco interior moral que permite al
hombre rescatar, como recién dije, la dignidad del acto moral.

Pero allí no se termina esta iluminación de bien que el hombre tiene a
partir de su propia naturaleza; aquí estamos viendo el bien desde la perspectiva
creacional de Dios, este bien que a partir de la creación Dios estampa e inserta en
todas las cosas, tal como aparece en el Génesis cuando describe los días de la
creación, y después de cada día el Señor mira la creación y dice Dios que esto era
muy bueno. Desde aquí, se rescata la bondad ontológica del ser y de la creación
desde el momento en que todo lo creado participa del ser de Dios (Gn 1, 31).

Pero hay otra realidad que ya no es creacional sino redentiva: el bien
de la redención que se mueve en otro nivel de exigencia y de iluminación. Y
es aquí donde se da el diálogo del joven rico con Cristo. Estos dos bienes
aparecen, porque este joven le pregunta a Dios: Maestro bueno..., y el Señor
inmediatamente lo “obliga” a que perciba por qué lo llama bueno, porque le está
poniendo un adjetivo que solamente es posible predicar de Dios. Dios es el bueno
porque es el creador; las cosas son buenas porque participan del bien de Dios.

Dios es el que es, las cosas tienen que llegar a ser. Él es algo distinto.
¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Maestro ¿qué tengo que
hacer para alcanzar la vida eterna? Cumple los mandamientos. Es decir, escucha
el eco interior de tu conciencia y haz lo que este eco interior de tu conciencia te
dice, y así vas a cumplir los mandamientos y así te vas a salvar. Lo hago desde
mi juventud. Dice el texto que el Señor lo miró y lo amó. Le alegró ver a este joven
que tenía una suerte de dignidad moral en su conducta.

Pero entonces el Señor le hace la otra invitación, no la que mira solamente
al cumplimiento del bien creacional, al bien de la creación, sino la que mira al
cumplimiento del bien de la redención. Si quieres ser perfecto -acá hay otra cosa-
hay otro llamado del bien, un llamado del bien a la perfección, que rompe los
odres y los pellejos viejos, inclusive de la antigua Ley del pueblo judío: vende todo
lo que tienes y dalo a los pobres, toma tu cruz y sígueme. Este es otro camino,
otro llamado, otra invitación.

Aquí aparece la vocación de santidad que se va a instalar en la Iglesia
hasta que Jesús vuelva. Muchos son los llamados, pocos los escogidos. No sé,
este ya es un misterio de predestinación. Pero atreverse a asumir este bien de
redención, es querer insertarse en el misterio de santidad y de salvación que
Dios ha instaurado a partir de su muerte y de su resurrección. Es querer asumir
como ritmo secuencial, existencial de mi vida, aquella secuencia que el apóstol
Pablo señala en su Epístola a los Romanos: predestinados para ser conformes
a la imagen de su Hijo, y como tal elegidos, llamados, justificados, finalmente
glorificados (Rm 8, 29). “Si quieres ser perfecto, ve vende todo lo que tienes y
dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, luego ven y sígueme” (Mt
19, 21). Atrévete

23/09/2014

Hoy FASTA te convoca, a vos adalid de la Región Norte, a ser una mujer de gozo, una mujer segura de que Jesús está a tu lado, por eso sos gozosa, y no simplemente alegre…. una joven mujer que va a la Copa para demostrarlo, para transmitirlo, para amarlo más, para encontrarlo cada vez más en lo profundo del corazón, para alabarlo más, para cantarle más, para seguirlo… solamente devolviendo un poco de ese gran Amor que estuvo al comienzo.“El gozo es “peregrino”. “El cristiano canta con el gozo, y camina, y lleva este gozo”. Es una virtud del camino, es más: más que una virtud es un don: “Es el don que nos lleva a la virtud de la magnanimidad. El gozo es una gracia que debemos pedir al Señor.

se nos vieneee!!* mañana entrenamiento de mujeres  * proximo sábado: último entrenamiento compartidoNO FALTES!!
23/09/2014

se nos vieneee!!
* mañana entrenamiento de mujeres
* proximo sábado: último entrenamiento compartido

NO FALTES!!

NO TE LO PODÉS PERDER!!!
18/09/2014

NO TE LO PODÉS PERDER!!!

Exaltación de la Santa CruzLa Iglesia quiere celebrar con una fiesta litúrgica el signo de la Cruz, con el cual hemos si...
16/09/2014

Exaltación de la Santa Cruz

La Iglesia quiere celebrar con una fiesta litúrgica el signo de la Cruz, con el cual hemos sido marcados el día de nuestro bautismo. Este signo de la Cruz será el signo distintivo de nuestra condición de cristianos.

Y es extraño lo que ha ocurrido con la cruz, porque no fue un signo original del cristianismo, ya existía, era un signo de ignominia, de condena, de oprobio en la antigüedad. Y en el Imperio Romano si se lo recorría, era común encontrar a las salidas de las ciudades a los delincuentes, a los criminales colgados en las cruces. Y había inclusive diversos modos y formas de cruces, la cruz latina, la cruz griega.

Pero lo que asombra es que este signo de oprobio y de ignominia, Jesús lo haya transformado en un signo de salvación, y que Él mismo haya aceptado que su muerte fuera en la Cruz, “mortem autem crucis”, como lo señala el Apóstol en la Epístola a los Filipenses, “fue obediente hasta la muerte”.

Y fue precisamente por esta muerte de Cruz, “que Dios le dio un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda la rodilla se doble en el cielo, en la tierra, y los abismos”.

La Cruz no sólo fue un signo de ignominia, sino que fue un signo de salvación y de glorificación. Jesús fue glorificado en la Cruz, por eso en la última cena, antes de ser prendido por los judíos, dice el Señor: “ahora el Hijo del hombre va a ser glorificado”.

La glorificación de Jesús se dio en la Cruz. El Apóstol frente a este misterio de la Cruz, nos insta a que tengamos los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Y Cristo amó la Cruz, Cristo entregó su vida por nosotros en la Cruz. Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, significa que nosotros también tenemos que amar la Cruz.

Muchos en la antigüedad como les dije, llevaban la cruz, pero Jesús no nos invita a llevar la cruz, Jesús invita a tomar la cruz. Es otra cosa. Porque usted puede llevar la Cruz, porque se la imponen en contra de lo que busca, en contra de lo que desea, en contra de lo que quiere, no es éste el camino. Hay que tomar la Cruz, es decir, hay que disponerse a que nos crucifiquen, porque si no nos crucificamos, no vamos a ser glorificados.

Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, significa tener claro que nuestra glorificación, como la de Jesús, pasa por la Cruz. Asumir entonces las pequeñas cruces cotidianas. Todos estamos crucificados. La naturaleza humana por su propia debilidad y quebranto, ya está crucificada. Lo que interesa es tomar la Cruz. Es decir, hacer que esta crucifixión sea asumida, que esta crucifixión sea deseada, sea alegre y esperanzadamente tenida, y no genere resentimientos, no genere repulsa, porque no hay otro camino para salvarnos, si no es el de la Cruz.

Tomar la Cruz con la misma libertad con que la tomó Jesús cuando dijo: “nadie me quita la vida, yo la entrego”. El primer modo de crucificarse es entregar la vida. Cuántas ocasiones tenemos para entregar la vida cada día, en las responsabilidades con que tenemos que asumir nuestros deberes de estado, son modos que tenemos para entregar la vida, las responsabilidades de madre de familia, de padre de familia, las responsabilidades que cada uno asume en función de su vocación, de su misión, de su destino, son modos que uno tiene para entregar la vida. Y la entrega de la vida, es el modo de nuestra crucifixión.

Pedirle al Señor entonces, que nos de esta suerte de disposición interior a la Cruz. Y darle gracias al Señor por las cruces que suponen en nuestra vida, mortificación y penitencia, son un signo, un adelanto de nuestra salvación, un adelanto de nuestra glorificación.

Recibir con alegría las cruces de cada día. Disponerse interiormente para el acontecimiento en que vamos a ser crucificados, no sabemos cuál, pero llegará el día de nuestra crucifixión, ese en que Jesús hará que entreguemos finalmente a Él nuestra vida, y entonces si lo hacemos tomando la Cruz, si lo hacemos aceptando la Cruz, ése será también al mismo tiempo, el día de nuestra glorificación.

Que así sea.

este sabado.....NO TE LO PODES PERDER!!
10/09/2014

este sabado.....
NO TE LO PODES PERDER!!

04/09/2014

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