26/05/2026
LA CEGUERA BLANCA (José Saramago)
En el año 1995 el reconocido escritor publicó su libro: “Ensayo sobre la ceguera”. En el mismo encontramos una “rara particularidad”, ya que no relata acerca de una absoluta oscuridad, sinó sobre un efecto tremendamente luminoso. Es cómo que el exceso de Luz, devoraba todo alrededor haciendo a las cosas invisibles, o que impedía percibirlas.
Es una de las novelas más perturbadoras y brillantes de la literatura contemporánea. En esta obra magistral, Saramago imagina una epidemia inexplicable de ceguera que no solo arrasa con una ciudad, sino que despoja a la sociedad de sus estructuras morales, revelando lo más frágil y también lo más feroz de la condición humana.
Los hombres están ciegos, se mueven como autómatas, reciben órdenes que cumplen sin preguntar por la razón de esas indicaciones, y la sociedad se sumerge así en un letargo cuya metáfora es esta ceguera que llena de espanto a sus personajes.
La ceguera que mucho padecen en el día de hoy, no viene de la ignorancia oscura sinó del exceso de información qué hace desdibujar o desaparecer las cosas de alrededor; no es oscuridad, es exceso de luz.
Esto me recordó un versículo del Evangelio de Lucas, dónde podemos leer: “Mira, pues, que la luz que en ti hay no sea oscuridad”, Lucas 11:35.
Este versículo interesante me recuerda la realidad de que muchas veces no puedo ver en mí mismo áreas de oscuridad en mi personalidad y carácter; por ende, tampoco me permite contemplar a mi alrededor.
Es la realidad de no ver cuando estoy negando a otros la Gracia que yo mismo he recibido; es defender las doctrinas de la Gracia sin mucha Gracia; es cuando mis convicciones, aún teológicas, se llegan a convertir en solo información en mi cabeza, pero están lejos de impactar en mi corazón.
La medida de luz qué debemos recibir debe ser la adecuada; la que nos permita ver y no enceguecernos; primeramente en nosotros mismos, para luego poder ayudar a los demás.
El rey David describe ésta acción en un precioso Salmo: Si digo: “Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz a mi alrededor será noche”; Ni aun las tinieblas son oscuras para Ti, Y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para Ti (Sal 139:11-12).