08/01/2019
Brainerd murió el 9 de octubre de 1747. Fue una corta vida, pero cuán fructífera: sólo veintinueve años; ocho de ellos como creyente, y sólo cuatro como misionero. ¿Por qué ha tenido esta vida semejante impacto? La respuesta es que la vida de Brainerd es un testimonio real, poderoso de la verdad de que Dios puede y usa hombres débiles, enfermos, desalentados, abatidos, solitarios; santos que se esfuerzan, que claman a él día y noche, para lograr cosas asombrosas para su gloria.
La clave de su ministerio
Una de las razones por la cual la vida de Brainerd tiene tan poderosos efectos es que, a pesar de todos sus conflictos y cruel enfermedad, él nunca dejó su fe o su servicio. Le consumía la pasión por terminar su carrera y honrar a su Maestro, extender el reino y avanzar en la santidad personal.
La vida de Brainerd’, escrita por Edwards, muchos misioneros famosos que testifican haber sido sostenidos e inspirados por la vida de Brainerd. Cuando Guillermo Carey leyó la historia de su vida consagró su vida al servicio de Cristo en las tinieblas de la India. Roberto McCheyne leyó su diario de vida y pasó su vida sirviendo entre los judíos.
Enrique Martyn leyó su biografía y se entregó por completo para consumirse en un período de seis años y medio en el servicio de su Maestro en Persia. Andrew Murray solía decir del Diario de Brainerd: «¡Cómo estos ejemplos reprochan la falta de oración y la tibieza de la mayoría de las vidas cristianas!». Y recomendaba su lectura diciendo que sólo tres de sus páginas bastaban para influenciar positivamente a cualquier siervo de Dios.
¡Una vida tan joven, y tan hermosamente sacrificada en honor del Maestro!
Lo que David Brainerd escribió a su hermano, Israel, es para todos los cristianos de cualquier época un desafío: «Digo, ahora que estoy muriendo, que ni por todo lo que hay en el mundo habría yo vivido mi vida de otra manera»