23/06/2026
¿Alguna vez sentiste que una promesa quedó demasiado lejos?
Hay momentos en la vida en los que miramos alrededor y pareciera que nada avanza.
Los problemas económicos se acumulan, las noticias no ayudan, los proyectos se demoran y las respuestas que esperamos parecen no llegar nunca. Muchos argentinos viven hoy con esa sensación de estar remando contra la corriente, haciendo esfuerzos enormes para sostener la familia, el trabajo y la esperanza.
En esos momentos es fácil preguntarse:
¿Dios se acordará de mí? ¿Seguirán vigentes sus promesas para mi vida?
La respuesta la encontramos en una imagen tan simple como poderosa.
Dios cuenta las estrellas
El Salmo 147:4 dice:
"Cuenta las estrellas y llama a cada una por su nombre."
Es una declaración impresionante.
Pensemos por un momento en una noche despejada. Lejos de las luces de la ciudad, mirando el cielo en algún rincón del interior argentino, en la Cordillera, en San Juan o en cualquier lugar donde el firmamento parece infinito.
Miles y miles de estrellas.
Imposibles de contar para nosotros.
Sin embargo, Dios las cuenta una por una.
Lo que para nosotros es incontable, para Él está perfectamente identificado.
Lo que para nosotros parece inmenso y complejo, para Dios está bajo control.
Y si Él puede contar las estrellas del universo, ¿cómo no va a conocer cada detalle de nuestra vida?
Dios utilizó precisamente las estrellas para hablarle a Abraham.
Lo invitó a salir de su carpa y mirar hacia el cielo.
Luego le dijo que intentara contarlas.
Era imposible.
Y entonces Dios le hizo una promesa:
"Así será tu descendencia."
Humanamente no tenía sentido.
Abraham era anciano. Las circunstancias decían que aquello jamás ocurriría.
Pero Dios estaba enseñándole una verdad que sigue vigente hoy:
Las promesas de Dios no dependen de nuestras posibilidades, sino de Su poder.
Muchas veces nosotros evaluamos nuestro futuro según lo que vemos.
Dios lo evalúa según lo que Él puede hacer.
Quizás hoy estás atravesando alguna de estas situaciones:
Esperás una sanidad que todavía no llega.
Orás por un familiar que está lejos de Dios.
Buscás trabajo y las puertas parecen cerradas.
Tenés un proyecto estancado.
Estás luchando contra el miedo o la incertidumbre.
Y mientras pasa el tiempo, aparece la tentación de abandonar la esperanza.
Pero las estrellas siguen estando allí cada noche.
Siguen recordándonos que Dios no olvidó lo que prometió.
Porque la demora no significa abandono.
Muchas veces Dios está trabajando en silencio mientras nosotros pensamos que no está haciendo nada.
El salmista dice que Dios llama a cada estrella por su nombre.
No son números.
No son objetos anónimos.
Tienen identidad.
Dios no trabaja de manera genérica.
Él conoce cada historia, cada lágrima, cada oración y cada necesidad particular.
Tu situación no está perdida en una multitud.
Tu nombre está presente delante de Dios.
Tus luchas tienen nombre.
Tus sueños tienen nombre.
Tus promesas tienen nombre.
Y Dios las conoce perfectamente.
La Escritura dice que Abraham creyó.
No porque entendiera todo.
No porque viera resultados inmediatos.
Creyó porque conocía a quien había hecho la promesa.
Hoy la fe sigue funcionando de la misma manera.
La fe no consiste en negar la realidad.
La fe consiste en confiar en que Dios tiene la última palabra sobre nuestra realidad.
Cuando Abraham creyó, Dios obró.
Y cuando nosotros seguimos confiando, incluso en medio de la espera, Dios continúa trabajando.
¿Qué hacer mientras esperás?
Mientras las promesas llegan, podés hacer tres cosas:
1. Recordar lo que Dios ya te habló
No permitas que las circunstancias te hagan olvidar las promesas.
2. Mirar más al cielo que al problema
Los problemas cambian constantemente. Dios permanece para siempre.
3. Mantener viva la fe
La esperanza no es optimismo vacío. Es confianza en el carácter de Dios.
Cada noche las estrellas siguen brillando.
Son un recordatorio silencioso de que Dios sigue gobernando el universo y sigue cumpliendo sus promesas.
Quizás hoy no veas respuestas.
Quizás todavía estés esperando.
Pero si Dios conoce el nombre de cada estrella, también conoce tu nombre.
Y si fue fiel con Abraham, también será fiel contigo.
No abandones la esperanza.
La promesa sigue viva.
Y el Dios que cuenta las estrellas también está contando los días para el cumplimiento de aquello que te prometió.
-Dr. Cesar Oviedo-