24/05/2026
PENTECOSTÉS: HERIDOS PERO UNIDOS…
(Editorial) Pentecostés siempre llega como un soplo nuevo. Como ese viento del Espíritu que irrumpe aun cuando pareciera que el cansancio, las heridas o las divisiones quieren quedarse para siempre. Y este año, en cada rincón de nuestra diócesis de San Roque, ese Espíritu vuelve a manifestarse en la riqueza sencilla y profunda de nuestro pueblo creyente. Porque allí donde hay una comunidad reunida en oración, allí está Dios haciendo nuevas todas las cosas.
Durante estos días vemos fiestas patronales, procesiones, adoraciones, retiros espirituales, catequesis, misas, chocolateadas, encuentros juveniles, charlas y celebraciones populares. Expresiones distintas, rostros diversos, culturas que se abrazan y maneras únicas de vivir la misma fe. Y en esa variedad descubrimos algo hermoso: la Iglesia sigue viva.
Nuestra diócesis conoce el dolor. Es una Iglesia con muchos golpes, desafíos y cansancios acumulados. Pero también es una Iglesia misionera, que no se detiene. Una Iglesia en camino. Una comunidad que, aun en medio de las pruebas, sigue abriendo las puertas, encendiendo velas, preparando la mesa compartida y anunciando esperanza.
Pentecostés nos recuerda justamente eso: el Espíritu Santo no viene a uniformarnos, sino a unirnos. No borra nuestras diferencias, sino que las transforma en riqueza cuando aprendemos a caminar juntos.
Quizás hoy más que nunca necesitamos volver a mirarnos como hermanos. Necesitamos como toda la sociedad menos enfrentamientos y más escucha. Que este Pentecostés encuentre a nuestra diócesis rezando unida, trabajando unida y soñando unida. Y que el fuego del Espíritu vuelva a encender la esperanza en nuestras comunidades.
Hoy queremos invitarte especialmente a hacer algo simple pero profundamente necesario: rezar por la unidad de la Iglesia. Rezar por nuestros sacerdotes, religiosos, movimientos, capillas, parroquias y familias. Rezar para que nunca perdamos la alegría de sentirnos parte de un mismo pueblo.
Porque cuando el Espíritu sopla, incluso una Iglesia herida puede volver a ponerse de pie…y entonces la esperanza vuelve a nacer.
Ven, Espíritu Santo. Y renueva a tu pueblo.