Iglesia Tierra de Avivamiento Paso del Rey

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DEVOCIONAL ITDA - Escuchando su Voz 27 DE AGOSTOMateo 4:19 (RVR1960)“Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadore...
27/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Escuchando su Voz
27 DE AGOSTO
Mateo 4:19 (RVR1960)
“Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.”
CUANDO JESÚS TE DICE: "SÍGUEME"
Hay palabras de Jesús que no solamente nos invitan a escuchar.
Nos invitan a responder.
Cuando Jesús se acercó a Pedro y a Andrés mientras estaban trabajando junto al mar, no les entregó
una explicación completa de todo lo que sucedería. Les hizo una invitación:
“Venid en pos de mí.”
Ellos tuvieron que decidir qué harían con esa voz.
Podían continuar con lo conocido, con sus redes, su trabajo y su vida cotidiana. O podían responder
al llamado de Jesús y comenzar un camino completamente diferente.
Y la Escritura dice que ellos dejaron inmediatamente sus redes y le siguieron.
Esto nos muestra algo fundamental: escuchar a Jesús siempre nos coloca delante de una
decisión.
No alcanza con admirar Sus palabras.
No alcanza con reconocer que Jesús fue un gran maestro.
No alcanza con emocionarnos al escuchar el Evangelio.
Jesús sigue diciendo:
“Sígueme.”
Y esa invitación también llega hoy hasta nosotros.
Tal vez llevas mucho tiempo escuchando acerca de Jesús. Has leído la Biblia, has asistido a una
iglesia, has escuchado predicaciones o incluso has visto cómo Dios ha transformado la vida de otras
personas.
Pero quizás todavía no has tomado una decisión personal de seguirlo.
Hoy Jesús no solamente quiere que escuches hablar de Él.
Quiere encontrarse contigo.
Seguir a Jesús significa reconocer que necesitamos de Él, creer en Él, arrepentirnos de nuestros
pecados y rendir nuestra vida a Su señorío.
Y para quienes ya hemos decidido seguirlo, esta palabra también continúa siendo vigente. Porque
seguir a Jesús no fue solamente una decisión que tomamos un día; es una decisión que renovamos
cada día cuando escogemos obedecer Su Palabra.
Pedro y Andrés dejaron sus redes.
Otros discípulos también tuvieron que dejar cosas.
Cada uno tuvo que responder.
Quizás Jesús hoy no te está pidiendo que abandones literalmente tu trabajo o tu casa, pero sí puede
estar llamándote a dejar aquello que está ocupando el lugar que solamente Él debe tener.
Puede ser una costumbre, una relación, una ambición o simplemente una manera de vivir
independiente de Dios.
La voz de Jesús sigue siendo clara:
“Venid en pos de mí.”
Y la pregunta es sencilla, pero profunda:
¿Qué haremos con Su voz?
No dejemos que esta invitación pase delante de nosotros sin responder.

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”25 DE AGOSTOIsaías 41:10 (RVR1960)“No temas, porque yo estoy contigo; no des...
25/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
25 DE AGOSTO
Isaías 41:10 (RVR1960)
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
CUANDO DIOS DICE: “NO TEMAS”
El miedo tiene una manera particular de hablar. Nos hace imaginar lo que podría suceder, nos lleva a
pensar en todo lo que puede salir mal y, muchas veces, consigue que dejemos de mirar lo que Dios ya
nos ha prometido.
Por eso necesitamos aprender a reconocer una voz diferente.
En medio del temor, Dios dice:
“No temas, porque yo estoy contigo.”
Dios no le habló a Su pueblo porque no existieran razones para sentir temor. Había circunstancias
difíciles, enemigos y un futuro que podía parecer incierto. Pero Dios quería que comprendieran que la
realidad no estaba determinada solamente por aquello que tenían delante de sus ojos.
Había algo mucho más grande:
Dios estaba con ellos.
Muchas veces queremos que Dios nos explique exactamente qué va a suceder. Queremos conocer
todos los detalles del camino para poder sentirnos seguros. Pero Dios no siempre nos muestra todo
lo que viene. Muchas veces nos da algo más profundo: Su presencia.
“No temas, porque yo estoy contigo.”
La seguridad no está en saber qué ocurrirá mañana.
Está en saber quién estará con nosotros cuando llegue mañana.
Quizás hoy estás enfrentando una situación que te produce temor. Puede ser una decisión, una
dificultad familiar, una incertidumbre económica, una preocupación por el futuro o simplemente algo
que no sabes cómo resolver.
No permitas que la voz del miedo sea más fuerte que la voz de Dios.
El miedo dice: “No vas a poder”.
Dios dice: “Yo te esfuerzo”.
El miedo dice: “Estás solo”.
Dios dice: “Yo estoy contigo”.
El miedo dice: “Todo depende de ti”.
Dios dice: “Yo te ayudaré y te sustentaré”.
Esto no significa que nunca volveremos a sentir miedo. Significa que no tenemos que permitir que el
miedo gobierne nuestras decisiones.
Y si todavía no has rendido tu vida a Jesús, quizás hoy necesitas escuchar esta invitación. Dios no te
promete una vida sin dificultades, pero sí te ofrece algo que ninguna circunstancia puede darte por sí
sola: una relación con Él y la seguridad de caminar bajo Su cuidado.
Jesús sigue llamando a personas que necesitan dejar de vivir dominadas por el temor y comenzar a
confiar en Él.
Hoy podemos decidir qué voz vamos a escuchar.
No podemos controlar todas las circunstancias de nuestra vida, pero sí podemos decidir dónde
colocaremos nuestra confianza.
Cuando Dios dice “no temas”, no está negando nuestra realidad; está recordándonos que Su
presencia es mayor que aquello que enfrentamos

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”24 DE AGOSTO“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó...
24/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
24 DE AGOSTO
“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.” 1 Reyes 19:4-5 (RVR1960)
UNA VOZ EN MEDIO DEL CANSANCIO
Hay momentos en los que el cansancio no solamente afecta nuestro cuerpo, sino también nuestra manera de pensar, de sentir y hasta de mirar lo que Dios está haciendo. Podemos haber vivido grandes experiencias con Él y, sin embargo, llegar a un momento en el que simplemente sentimos que ya no tenemos fuerzas para continuar.
Eso fue lo que le ocurrió a Elías.
Poco tiempo antes había visto el poder de Dios manifestarse de una manera extraordinaria en el monte Carmelo. Había enfrentado a los profetas de Baal y había visto al Señor responder con fuego. Sin embargo, después de aquella experiencia, una amenaza de Jezabel hizo que Elías huyera al desierto.
El mismo hombre que había enfrentado a cientos de profetas ahora estaba solo, agotado y deseando morir.
Esto nos recuerda algo muy importante: el cansancio puede hacernos interpretar nuestra realidad de una manera diferente a como realmente es. Elías llegó a pensar que estaba completamente solo, pero Dios todavía tenía propósito para su vida.
Y lo hermoso es que Dios no comenzó reprendiendo a Elías.
Primero lo dejó descansar.
Después le dio alimento.
Luego volvió a hablarle.
Dios conocía perfectamente la condición de su siervo.
A veces nosotros pensamos que para volver a escuchar a Dios necesitamos primero recuperar nuestras fuerzas, pero en muchas ocasiones ocurre exactamente al revés: es cuando estamos débiles cuando más necesitamos escuchar Su voz.
Elías esperaba encontrar a Dios en el viento fuerte, en el terremoto y en el fuego. Pero el Señor se manifestó en un silbo apacible y delicado.
En medio de todo el ruido, Dios habló.
Quizás hoy hay personas que se sienten como Elías. Han llegado a un punto de cansancio emocional, espiritual o interior en el que ya no saben cómo continuar. Tal vez han orado y sienten que no reciben respuesta. Tal vez han servido, trabajado y luchado durante mucho tiempo, pero ahora simplemente necesitan detenerse.
Si ese es tu caso, recuerda que Dios no se ha olvidado de ti.
Tu cansancio no cancela el propósito de Dios.
Y si todavía no has entregado tu vida a Jesús, también puedes acercarte a Él precisamente desde ese lugar de cansancio. Jesús no llama solamente a quienes tienen todo resuelto. Él también llama al que está herido, cansado y necesitado.
No necesitas fingir delante de Dios.
Puedes venir tal como estás.
Quizás hoy no necesitas una respuesta espectacular. Quizás necesitas detenerte, abrir la Biblia, entrar en Su presencia y permitir que Dios vuelva a hablar a tu corazón.
Porque algunas veces, después de tanto ruido, lo que más necesitamos no es escuchar otra voz.
Necesitamos volver a escuchar la voz de Dios.

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”23 DE AGOSTO DE 2026“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ...
23/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
23 DE AGOSTO DE 2026
“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.” 2 Samuel 12:7-9
UNA VOZ QUE CORRIGE
Hay momentos en nuestra vida en los que necesitamos escuchar una palabra que nos anime, nos consuele y nos recuerde que Dios permanece a nuestro lado. Pero también existen momentos en los que necesitamos escuchar una palabra que nos confronte, porque no todo lo que Dios quiere decirnos tiene como propósito hacernos sentir cómodos. Algunas veces Su voz viene a mostrarnos aquello que necesitamos cambiar.
David había llegado a un momento muy oscuro de su vida. Había pecado, había tomado a Betsabé y había intentado ocultar lo que había hecho, hasta llegar a provocar la muerte de Urías. Exteriormente, David podía continuar ocupando su lugar como rey, pero delante de Dios había una realidad que no podía permanecer escondida para siempre. Entonces Dios envió al profeta Natán.
Natán no comenzó acusándolo directamente. Le contó una historia acerca de un hombre rico que, teniendo muchas ovejas, tomó la única oveja que pertenecía a un hombre pobre. David escuchó aquella historia y se indignó profundamente ante semejante injusticia.
Pero entonces Natán pronunció unas palabras que cambiaron completamente la escena:
“Tú eres aquel hombre.”
David estaba viendo con claridad el pecado de otra persona, pero todavía no estaba dispuesto a reconocer el suyo.
Y esto puede sucedernos también a nosotros. Podemos escuchar la Palabra de Dios y pensar inmediatamente en alguien que necesita cambiar. Podemos reconocer con facilidad aquello que está mal en los demás, pero tener dificultades para permitir que la misma Palabra examine nuestro propio corazón.
Sin embargo, cuando Dios habla, no solamente quiere mostrarnos lo que ocurre a nuestro alrededor. También quiere mostrarnos lo que está ocurriendo dentro de nosotros.
Por eso necesitamos aprender a escuchar Su voz incluso cuando nos confronta.
Hay cosas que podemos esconder de las personas. Podemos aprender a guardar determinadas áreas de nuestra vida, podemos encontrar explicaciones para nuestras decisiones y hasta podemos acostumbrarnos a convivir con aquello que sabemos que no está bien. Pero delante de Dios no necesitamos aparentar. Él conoce nuestro corazón mucho mejor que nosotros mismos.
Cuando Dios señala una actitud, un pecado o una decisión equivocada, no lo hace porque haya dejado de amarnos. Precisamente porque nos ama, no quiere dejarnos continuar por un camino que terminará dañándonos.
La corrección de Dios no es una señal de rechazo; es una expresión de Su amor.
David podría haber buscado excusas, podría haber culpado a otros o podría haber intentado defenderse. Sin embargo, cuando comprendió que Dios estaba hablando a su corazón, reconoció su pecado delante del Señor.
Ese reconocimiento fue el comienzo de un proceso de restauración.
Y quizás hoy necesitamos hacer algo parecido. Tal vez Dios está utilizando Su Palabra para mostrarnos algo que hemos estado justificando, algo que necesitamos abandonar o alguna área de nuestra vida en la que hemos dejado de obedecerle.
En esos momentos, nuestra primera reacción puede ser defendernos, pero la mejor respuesta es rendirnos.
Podemos decirle: “Señor, muéstrame lo que necesito ver. Corrígeme donde estoy equivocado y ayúdame a volver al camino que Tú quieres para mi vida.”
Esto también es importante para quien todavía no ha entregado su vida a Jesús. La voz de Dios puede mostrarnos nuestra condición y hacernos reconocer que necesitamos Su perdón. Esa confrontación no tiene como propósito llevarnos a la desesperanza, sino acercarnos a Cristo, quien vino para perdonar nuestros pecados y transformar nuestra vida.
Por eso, si hoy la Palabra de Dios está tocando un área de tu corazón que preferirías no mirar, no rechaces esa voz. No la ignores ni endurezcas tu corazón. Permite que Dios haga Su obra.
Porque cuando Dios corrige, también está ofreciendo la oportunidad de volver a comenzar.
La voz que nos confronta con amor también es la voz que nos conduce hacia la restauración.
Quizás hoy la pregunta no sea solamente si estamos escuchando la voz de Dios, sino si estamos dispuestos a obedecerla cuando nos muestra algo que necesita cambiar.
Pidámosle al Señor un corazón sensible, humilde y dispuesto. Un corazón que no solamente quiera escuchar palabras que lo hagan sentir bien, sino que esté dispuesto a recibir toda la verdad de Dios, porque sabemos que Su verdad siempre tiene como propósito conducirnos hacia la vida.

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”22 DE AGOSTO DE 2026“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de...
22/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
22 DE AGOSTO DE 2026
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” Genesis 12:1
CUANDO SU VOZ TE PIDE SALIR
Hay momentos en los que escuchar la voz de Dios no significa recibir una respuesta que nos permita quedarnos donde estamos. A veces significa escuchar una invitación que nos incomoda:
“Sal.” Eso fue lo que Dios le dijo a Abram. No le mostró primero todos los detalles del camino.
No le entregó un mapa. No le explicó cómo sería cada etapa.
Simplemente le dijo: “Vete… a la tierra que te mostraré.”
Abram tenía que salir de lo conocido para caminar hacia algo que todavía no podía ver.
Y ahí encontramos una de las grandes pruebas de la fe: obedecer cuando todavía no conocemos el final.
Porque mientras conocemos el camino, sentimos que tenemos el control.
Pero cuando Dios nos pide avanzar sin mostrarnos todo, tenemos que aprender a confiar en Él.
Quizás por eso muchas veces sabemos que Dios está hablando, pero nos cuesta responder.
Porque Su voz puede pedirnos dejar algo atrás. Una costumbre. Una relación. Una forma de pensar.
Una actitud. Un pecado. Una comodidad. Un lugar donde nos sentimos seguros. Y no siempre queremos salir. Preferimos lo conocido, aunque ya no nos haga bien, antes que caminar hacia algo nuevo que todavía no podemos comprender. Pero Abram entendió algo: la seguridad no estaba en el lugar donde permanecía. La seguridad estaba en Aquel que lo estaba llamando.
Por eso Génesis nos dice: “Y se fue Abram, como Jehová le dijo.”
No tenía todas las respuestas. Pero tenía una palabra. Y esa palabra fue suficiente para dar el primer paso. Tal vez hoy Dios también te está diciendo: “Sal.”
No necesariamente de un lugar físico. Quizás te está diciendo que salgas de aquello que te mantiene detenido. Sal de la culpa. Sal del temor. Sal de una vida lejos de Él. Sal de una relación que te está alejando de Su voluntad. Sal de esa comodidad que te impide obedecer. Sal de la idea de que tu pasado determina tu futuro. Y quizás, si todavía no has entregado tu vida a Jesús, Dios está llamándote a salir de una vida gobernada solamente por tus propias decisiones y comenzar a caminar con Él. Pero hay algo hermoso en el llamado de Dios. Cuando Él nos pide salir de algo, no nos deja caminando solos. A Abram le dijo: “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”
Detrás del llamado había un propósito. Abram solamente podía ver el primer paso.
Dios podía ver toda la historia. Y eso también es verdad para nosotros.
Tal vez tú solamente puedes ver lo que tienes que dejar. Dios ya puede ver hacia dónde te está llevando. Por eso, no tengas miedo de obedecer cuando Su voz te pida avanzar.
Quizás hoy no entiendes todo. Quizás todavía tienes preguntas. Quizás incluso tienes miedo.
Pero si Dios está hablando, no ignores Su voz. Porque muchas veces el milagro de lo que Dios quiere hacer comienza con algo tan sencillo como esto: dar un paso de obediencia.
Abram salió sin conocer todos los detalles. Pero conocía a quien lo estaba llamando.
Y eso era suficiente. La fe no siempre necesita ver el camino completo. A veces solamente necesita confiar en quien dijo: “Ve”.

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”21 DE AGOSTO DE 2026“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en med...
21/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
21 DE AGOSTO DE 2026
“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.” Éxodo 3:4
CUANDO DIOS TE LLAMA POR TU NOMBRE
Moisés estaba haciendo algo completamente cotidiano: cuidaba las ovejas en el desierto.
Habían pasado muchos años desde que salió de Egipto. Aquel hombre que había vivido en el palacio ahora llevaba una vida muy diferente. Quizás pensaba que ciertas etapas de su historia ya habían quedado atrás. Pero un día vio una zarza que ardía y no se consumía.
Moisés se acercó para mirar y entonces sucedió algo aún más importante que el fuego:
Dios lo llamó por su nombre. “¡Moisés, Moisés!”
No lo llamó por sus errores. No lo llamó por su pasado. No lo llamó por sus limitaciones.
Lo llamó por su nombre.
Antes de hablarle de su propósito, Dios le mostró que lo conocía.
Y esa es también una verdad para nosotros. Dios conoce nuestro nombre.
Conoce nuestra historia, nuestras luchas, nuestros temores y aquellas cosas que nadie más ve. Conoce nuestro pasado y también conoce el propósito que puede cumplir en nuestra vida.
Quizás hoy te preguntas qué puede hacer Dios contigo.
Tal vez miras tus errores y piensas que llegaste demasiado lejos. Quizás observas tus limitaciones y dices: “Yo no puedo”. Moisés también pensó así.
Cuando Dios le mostró lo que debía hacer, su mirada fue hacia sí mismo: “¿Quién soy yo?”
Pero la respuesta de Dios no fue una explicación sobre las capacidades de Moisés.
Dios le dijo: “Yo estaré contigo.” Ahí estaba la diferencia.
El llamado no dependía de que Moisés fuera suficiente. Dependía de quién lo estaba llamando.
Y quizás hoy Dios está llamándote a dar un paso. Tal vez te llama a volver a Él.
A dejar algo que sabes que no está bien. A perdonar. A confiar nuevamente. A servir.
A compartir tu fe. O quizás todavía no has entregado tu vida a Jesús y hoy Su voz está llamando tu corazón. No ignores Su llamado pensando que primero debes arreglar toda tu vida.
Moisés tenía un pasado. Tenía temores. Tenía preguntas. Pero Dios lo llamó.
Su voz puede encontrarnos incluso en nuestro desierto.
Y cuando Dios te llama, no necesitas conocer todos los detalles para responder.
Moisés simplemente dijo: “Heme aquí.”
Quizás esa también puede ser nuestra respuesta hoy. “Señor, no sé todo lo que viene delante de mí, pero aquí estoy. Quiero escucharte. Quiero confiar en Ti y seguirte.”
Antes de mirar todo lo que te falta, recuerda quién te está llamando.
Antes de pensar que no puedes, recuerda que Su presencia es suficiente.
Dios conoce tu nombre. Y cuando Él te llama, también te acompaña.

Hoy Jueves a las 19:30hs. Te esperamos para compartir un tiempo aprendiendo de la Palabra de Dios.
20/08/2026

Hoy Jueves a las 19:30hs. Te esperamos para compartir un tiempo aprendiendo de la Palabra de Dios.

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”20 DE AGOSTO DE 2026“Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, d...
20/08/2026

DEVOCIONAL ITDA - Serie: “ESCUCHANDO SU VOZ”
20 DE AGOSTO DE 2026
“Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.” 1 Samuel 3:9-10
HABLA, SEÑOR
Samuel era todavía un niño cuando comenzó a experimentar algo que cambiaría para siempre su vida: Dios quería hablarle. Pero hay un detalle que muchas veces pasamos por alto.
Samuel escuchó la voz de Dios, pero al principio no reconoció que era Dios quien le hablaba.
Pensó que era Elí. Se levantó. Fue hasta donde estaba él y le dijo: “Heme aquí; ¿para qué me llamaste?” Y esto sucedió una vez… y otra vez… y otra vez.
Samuel estaba escuchando, pero todavía estaba aprendiendo a reconocer la voz que lo llamaba.
Finalmente, Elí comprendió lo que estaba sucediendo y le enseñó algo que Samuel necesitaba aprender: “Habla, Jehová, porque tu siervo oye.” Y esa terminó siendo la respuesta de Samuel. “Habla, Señor.” Qué sencilla parece esta oración. Pero detrás de esas palabras hay una profunda disposición del corazón. Samuel no dijo: “Habla, Señor, pero dime solamente lo que quiero escuchar.” No dijo: “Háblame, pero no me corrijas.” No dijo: “Háblame, pero no me pidas nada.”
Dijo: “Tu siervo oye.” Es decir: “Estoy disponible para escucharte y dispuesto a responder.”
Y quizás ahí encontramos una de las mayores dificultades de nuestra vida espiritual.
Muchas veces queremos que Dios nos hable, pero no siempre estamos preparados para obedecer lo que Él diga.
Queremos dirección, pero no siempre queremos rendir nuestros planes.
Queremos respuestas, pero no siempre queremos aceptar Su voluntad.
Queremos que Dios confirme lo que nosotros ya decidimos, en lugar de permitir que Su Palabra transforme nuestras decisiones. Pero escuchar verdaderamente a Dios requiere disponibilidad.
Samuel tuvo que aprender a reconocer Su voz. Y nosotros también necesitamos aprender.
Vivimos rodeados de voces. Y en medio de todo ese ruido, necesitamos volver a la fuente correcta:
la Palabra de Dios. Porque Dios no nos ha dejado buscando Su voz a ciegas.
La Biblia nos revela Su carácter, Su voluntad, Su verdad y Su camino.
Cuando abrimos las Escrituras con un corazón dispuesto, no solamente estamos leyendo un libro.
Estamos permitiendo que Dios confronte, enseñe, consuele, corrija y dirija nuestra vida.
Tal vez hoy necesitas hacer una pausa. No para pedirle a Dios que hable más fuerte.
Sino para hacer silencio y estar dispuesto a escuchar.
Quizás llevas tiempo pidiendo dirección. Quizás estás esperando una respuesta.
Quizás hay algo que Dios ya te mostró en Su Palabra, pero todavía estás esperando otra señal porque no quieres dar el paso. Hoy puedes comenzar con una oración sencilla: “Habla, Señor.”
Y después agregar: “Tu siervo oye.” Eso cambia todo.
Porque ya no se trata solamente de escuchar una voz. Se trata de tener un corazón dispuesto a obedecer. Y quizás estás leyendo esto y todavía no has tomado la decisión de seguir a Jesús.
También para ti hay una invitación. Dios puede estar llamando tu corazón.
No necesitas tener todas las respuestas antes de acercarte a Él.
Puedes comenzar haciendo lo mismo que Samuel: “Habla, Señor. Estoy dispuesto a escucharte.”
Cuando Dios llama, no lo hace para destruir nuestra vida.
Su voz puede mostrarnos el camino hacia el perdón, la restauración, la salvación y una vida nueva en Cristo. Samuel aprendió a reconocer la voz de Dios porque estuvo dispuesto a escuchar.
Y nosotros también necesitamos cultivar esa disposición. Antes de comenzar el día, escucha.
Antes de tomar una decisión, escucha. Antes de responder impulsivamente, escucha.
Antes de seguir cualquier otra voz, vuelve a Su Palabra.
Porque cuando aprendemos a reconocer la voz del Buen Pastor, también aprendemos a caminar detrás de Él. No solamente digas: “Señor, háblame”. Dile también: “Señor, estoy dispuesto a obedecerte.”

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