03/02/2026
¿SANA DOCTRINA?
Todos hemos escuchado alguna vez esta frase: “Nuestra iglesia tiene la sana doctrina”.
Y la pregunta inevitable es: ¿qué significa eso? ¿Que las demás no la tienen?
Veamos. El diccionario define la palabra doctrina como el conjunto de ideas o principios básicos defendidos por un movimiento religioso. En la Biblia vemos que los fariseos fueron acusados de tener doctrinas que eran mandamientos de hombres. Entonces surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿puede la Iglesia cristiana caer en lo mismo?
Jesús fue claro cuando dijo que su doctrina venía del Padre. De esto deducimos que la verdadera doctrina está basada exclusivamente en lo que Jesús enseñó. Todo lo que se le agrega es humano y, por lo tanto, no puede considerarse doctrina divina.
En Mateo 15:9, Jesús define la mala doctrina. Allí deja en claro que no importa lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón. Juan 17:16 enseña que solo conoce verdaderamente la doctrina aquel que hace la voluntad de Dios.
Hechos 2:42 nos muestra elementos claros de la doctrina: la enseñanza apostólica, la comunión, el compartir juntos y la oración. Cuando habla de lo apostólico, se refiere a los doce; no incluye apóstoles agregados o modernos.
Efesios 4:14 advierte que existen doctrinas cambiantes, como el viento, inestables, creadas para engañar especialmente a los nuevos convertidos. En este contexto, la llamada doctrina de la prosperidad, tal como se predica hoy, es un engaño cuyo objetivo es obtener dinero. Jesús habló del dinero, pero sus enseñanzas no coinciden con lo que hoy se proclama. Cuando habló de ofrendas y diezmos y dijo “esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”, se estaba refiriendo al diezmo, no a un sistema de presión económica.
2º Tesalonicenses 2:15 exhorta a no inventar nada.
Por ejemplo, la llamada “guerra espiritual” no existe como se enseña hoy. Lo que sí existe es la lucha espiritual. El diablo ya fue derrotado, pero mientras siga molestando hay que resistirlo, y huirá. No se trata de perseguirlo, sino de resistirlo.
1º Timoteo 6:3 revela algo fundamental: la sana doctrina está ligada a la piedad. No se puede maltratar al creyente y llamarlo doctrina.
2º Timoteo 4:3 describe claramente estos tiempos: comezón de oír. Por eso muchos cambian de iglesia, buscando algo novedoso, pero lo novedoso que no es bíblico siempre apela a las pasiones.
Hebreos 13:9 es contundente: doctrinas diversas y extrañas a las enseñanzas de Jesús. La gracia es libertad, y las viandas no aprovechan para nada. Yo no me meto en la mesa de nadie. Segunda de Juan 9 termina de cerrar el concepto.
Pentecostales y bautistas tienen diferencias doctrinales. Los primeros creen en el bautismo del Espíritu Santo y en las lenguas; los segundos no. Sin embargo, esto no afecta la salvación. Quien no quiere las lenguas se priva de un beneficio personal: que el Espíritu Santo interceda por él. Las lenguas no son para exhibición pública, sino para el ámbito privado.
¿Escuchaste a Dante? Qué sermón tan profundo sobre el dolor.
Pablo enseñaba a levantar ofrendas en privado, de acuerdo a lo que cada uno tenía, para no hablar de dinero en las reuniones. Muy distinto a lo que sucede hoy, donde se levantan varias ofrendas, se predica media hora sobre dinero y casi nada sobre Cristo.
El obrero es digno de su salario, pero no todo lo que recibe es salario. El resto debe ser destinado a los pobres, a las misiones y a las necesidades de la obra. Cuando no hay rendición de cuentas del dinero que se recibe, no se debe ofrendar. Pastores ricos y creyentes pobres no es doctrina de Cristo.
Existen profetas autodenominados que afirman que quien se opone es del diablo. Son castradores de ideas que usan la Biblia como pretexto para presionar a sus ovejas, amparándose en el “aquí está escrito”. Y hay una verdad clara: cuando un texto se usa como pretexto, deja de ser verdad bíblica.
Entonces vuelvo a preguntar: ¿qué iglesia tiene la sana doctrina?
La sana doctrina es amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo. En esto se cumple la ley y los profetas. El que conoce al Padre no miente, no engaña, no roba, porque el amor de Dios no le permite vivir en pecado.
Por eso recomiendo analizar seriamente dónde te congregas y tomar una decisión.
Si en ese lugar aman más la disciplina que la gracia, vete.
Si te imponen cómo vestirte y todos deben ser iguales, como en Corea del Norte, vete.
Si te discriminan por el diezmo, recuerda que solo dan por voluntad los espirituales.
Si desde el púlpito se maltrata, eso es señorío; no estás sirviendo a Jesús, sino a un hombre que amenaza.
Recuerda: todos tenemos derecho a ser pastoreados en pastos delicados, con descanso, no con gritos ni amenazas del tipo: “Acá el pastor soy yo”.
¿Quieres vivir preso? A algunos les gusta que otros decidan por ellos, así no tienen que pensar.
Se viene DOCTRINA (2) según Mateo.
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