06/07/2026
Cada 6 de julio celebramos la fiesta de Santa María Goretti, la niña italiana de once años que fue asesinada por resistirse a ser ultrajada. María se defendió de su atacante con todas sus fuerzas y este, en represalia, le asestó varias puñaladas que la dejaron muy mal herida. Un día después fallecería en el hospital al que fue trasladada.
Contra lo que podría haberse esperado, una agonizante María -a imitación de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz- le concedió el perdón al joven que la atacó.
El sacrificio de Santa María Goretti en defensa de la virtud cristiana y su actitud misericordiosa conmovieron al Papa Pío XII, quien la canonizó en 1950. El Pontífice la llamó “pequeña y dulce mártir de la pureza”.
En tiempos donde la pureza parece cuestionada y por momentos como pasada de moda, volver los ojos y el corazón hacia la vida de esta joven nos ayuda a pensar en la necesidad de tener muy claro los motivos por los que vivimos, los ideales en los que creemos, la serenidad para enfrentar los desafíos de cada día y aún aquellos que inesperadamente nos pueden salir al encuentro.
La pureza no es un adorno, ni un emblema, es simplemente la coherencia de una vida que valora su cuerpo como templo del Espíritu Santo, que se prepara para vivir la dimensión verdadera del Amor en la entrega fecunda de la virginidad o del matrimonio.