La Juventud Femenina Argentina, haciéndose voz de sus generaciones -desde las primeras- y como herencia para todos los tiempos, quiere proclamar en un canto de alabanza el amor de Dios, nuestro Padre, que para redimirnos envío a su Hijo Jesús, haciéndonos, con María, partícipes de su misión. En nuestro tiempo y por ese mismo amor nos ha llamado como Familia de Schönstatt para que, en fidelidad al
carisma de nuestro Padre y Fundador, llevemos a la plenitud su Dilexit Ecclesiam. Aquí, en esta tierra Argentina anhelamos responder a su infinito amor siendo "Con María, Familia del Padre". Y como Juventud Femenina queremos encarnar esa vocación en la realización de nuestro ideal, hacia el cual nos fue guiando la providencia. Cuando la patria atravesaba momentos de crisis, y en los albores del Jubileo del Santuario Nacional (a los 25 años de su bendición, en 1977), el Padre se manifestó nuevamente en nuestra historia suscitando tres generaciones. En cada una de ellas despertó una vida propia que, en anhelo de servir a su pueblo, creció arraigada en una misma tierra: el amor al Padre. Allí, como respuesta, se encendió nuestra misión:
"HIJA DEL PADRE, FORJADORA DEL REINO"
Este ideal nos exhorta a vivir con alegría nuestra Alianza Bautismal. Por ella, Dios Padre nos devolvió la gracia y nos transformó en hijas suyas, incorporándonos, en el Espíritu Santo, como miembros de miembros de Cristo a su Iglesia, comprometiéndonos así a forjar su Reino en la tierra. María, la Hija predilecta del Padre, y nuestro Fundador, transparente fiel de su paternidad, en la fuerza de la Alianza de Amor reavivaron nuestra vida bautismal, y despertaron en nuestros corazones el anhelo por descubrir el ideal. En la hora jubilar, Dios nos lo dio a conocer y nos mostró la Alianza Filial como camino para llevarlo a la plenitud.