30/08/2026
14° Domingo después de Pentecostés
Lecturas completas:
Salmo 26,1-8 / Jeremías 15,15-21 / Romanos 12,9-21 / Mateo 16,21-28
Gracia y Paz de Dios a todos ustedes. Amén.
Reflexión:
‘Vence al mal haciendo el bien’; dentro de lo que enseña el Apóstol Pablo a la comunidad cristiana está esta frase muy orientativa (Rom 12), nos recuerda entre otras cosas que no se puede ‘vencer’ al mal con otro mal, por el contrario, la única manera verdadera de vencer al mal es haciendo el bien.
El salmista eleva sus palabras a Dios diciendo: ‘…porque tu amor está siempre ante mis ojos, y yo camino en tu verdad. No me reúno con la gente falsa ni me doy con los hipócritas; odio la compañía de los malhechores y no me uno a los malvados…’ la mejor manera de dar testimonio, de tomar enserio y tener presente a Dios en nuestras vidas es no reunirse con gente falsa ni tener amistad con hipócritas, así como despreciar a los delincuentes y no ser amistosos con los que no respetan el derecho y no les importa la justicia; esto sería ‘vencer al mal’ en los términos del salmista.
Cuando el profeta Jeremías pide a Dios que se acuerde de él, porque soportaba injurias y persecuciones, Dios responde: ‘…tú estarás de pie delante de mí; si separas lo precioso de la escoria, tú serás mi portavoz. Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos. Yo te pondré frente a este pueblo como una muralla de bronce inexpugnable. Te combatirán, pero no podrán contra ti, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte… te libraré de la mano de los malvados y te rescataré del poder de los violentos.’ Jeremías no cree que debe desplegar algún tipo de represalia contra quienes lo injurian y persiguen, lo que sí cree y hace es pedir a Dios que se acuerde de él; como respuesta Dios le dice que gozará de su presencia si ‘separa lo precioso de la escoria’; entre la escoria o desperdicio se encuentra la justicia por mano propia, esa venganza que surge del rencor, de la soberbia, del orgullo insano, de la impiedad; lo precioso es recordar a qué Dios pertenece; Dios le aclara a Jeremías: ‘Ellos se volverán hacia ti, pero tú no te volverás hacia ellos’, ‘ellos te maltratarán, pero tú no los maltratarás’; es Dios quien salva, libra y rescata de los malvados y violentos.
Pablo pide a las personas cristianas que amen con sinceridad, y especifica: ‘…Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal... Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor…’ Cuánto tenemos por educar nuestra fe con estas palabras, siempre que nos sentimos ofendidos, maltratados, despreciados, injuriados, difamados, no debemos devolver mal por mal, es necesario que lo dejemos en manos de Dios, dando con ello testimonio del Dios al que pertenecemos.
El Evangelio nos ubica inmediatamente después de la profesión de fe de Pedro, confesión de fe sobre la que Jesucristo afirma que va a construir su Iglesia; Jesús anuncia que sobrevendrá un tiempo de pasión, un sufrimiento que provendrá del maltrato de las autoridades, lo que conducirá a su muerte y posterior resurrección; el mismo Pedro que lo había confesado como Mesías, reacciona poniéndose él por delante al proponer hacer algo para evitar ese ‘maltrato y sufrimiento’; y Jesús lo ubica diciéndole: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Lo demoníaco es intentar evitar el maltrato de alguien ‘negociando’ con malhechores y malvados, reuniéndose con gente falsa, con hipócritas y violentos, a este pensamiento es al que Jesús exhorta a que se retire, y que se reubique detrás del camino que marca Jesucristo.
Jesús dice de forma muy clara: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su Ego, perderá su vida; y el que pierda su Ego a causa de mí, la encontrará.” Y el cierre que Jesús da a esta situación se da en la línea de lo que nos viene presentando el salmo, Jeremías y el apóstol Pablo, dice: ‘…el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.’ La justicia es de Dios, no nuestra.
Nunca olvidemos estas enseñanzas, y recordemos especialmente el consejo de Pablo cuando dice: ‘No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.’
Que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano nos guarde a cada uno en la verdadera fe hasta la vida eterna, amén.
Pastor Fabián, 14° Domingo después de Pentecostés – Ciclo A – año 2026.