30/01/2026
Hoy presentamos a Silvina Sobesky Tatarchenco, quien desempeña el cargo de diaconisa en la Iglesia de Dios (7° día) en Las Praderas.
Silvina nos comparte estas profundas y bellas palabras: me llamo Silvina, tengo 52 años y mi familia está compuesta por mi esposo Eliseo y mi hija Celina. Me bauticé a los 18 años, aunque el deseo de conocer a Dios y su propuesta de Vida comenzó desde pequeña. Soy una persona de fe, sensible, amo a Dios y a su hijo Jesus, me gusta leer, aprecio la naturaleza y me movilizan las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Tambien reconozco que en mi vida transito por momentos de miedo, ansiedad e inseguridad y que lucho con la culpa; con pensamientos negativos, emociones y situaciones que voy aprendiendo a identificar, trabajar y superar en las manos de mi Padre.
Entiendo que la adoración es una forma de vida; una respuesta que surge en agradecimiento a la gracia que Dios me manifestó en Cristo Jesus. La adoración es una disposición del corazón al tomar consciencia de quien soy en Dios y quien soy sin Dios. Es alcanzar en una forma constante y siempre ascendente, plena conciencia del ser supremo. Esto genera en mí, la necesidad de una busqueda genuina de su presencia, me motiva a conocer sus atributos, anhelar la experiencia de su abrazo, su calidez, y su amor infinito. Por eso me esfuerzo en mantenerme en constante desarrollo y aprendizaje, visualizando la meta por la cual Cristo me alcanzó. En cuanto a mis metas en el servicio, procuro amar a mi familia con entusiasmo; y potenciar, instruir, motivar a la iglesia a desarrollar una espiritualidad genuina y ferviente, tanto en su vida espiritual como de comunidad. También, alcanzar a otros la vida y el amor que Dios ofrece en Jesus, visualizando su dignidad personal y necesidades, sobre todo, con el ejemplo y actos de: solidaridad, esperanza. Así puedan alcanzar la salvación, desarrollar su potencial natural para beneficio personal, de sus familias y del bien común.
Comparto mi texto preferido:
En él estaba la vida
y la vida era la luz de la humanidad
esta luz resplandece en la oscuridad
y la oscuridad no ha podido apagarla.
Juan 1:4-5