13/08/2026
Jueves 13 de agosto de 2026
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-19,1
Se acercó Pedro y le preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Dame un plazo y te pagaré todo." El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes." El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda." Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?" E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos».
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.
Palabra del Señor
Jesús cambia radicalmente la lógica de la venganza. Lámec hablaba de vengarse «setenta y siete veces». Jesús toma esa misma expresión y la da vuelta: donde el hombre multiplica la venganza, Dios multiplica el perdón.
Muchas veces queremos misericordia infinita para nosotros y justicia implacable para los demás. Queremos que Dios comprenda nuestra historia y nuestras heridas, pero al otro lo juzgamos solamente por su error.
Por eso Jesús cambia la pregunta: no cuánto merece el otro nuestro perdón, sino cuánto hemos sido perdonados nosotros. Solo quien se sabe perdonado aprende a perdonar.
Perdonar no es negar el daño ni justificarlo. Hay heridas que necesitan tiempo, distancia, justicia y sanación. Aceptar no es justificar. Perdonar es impedir que la herida tenga la última palabra.
Porque el perdón no cambia el pasado, pero puede liberarnos de seguir viviendo prisioneros de él.