25/08/2026
Confiar sin ver
“Y Yeshúa le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Marcos 9:23.
Nada revela tanto nuestra falta de confianza en Dios como la incredulidad. Moisés y Aarón no pudieron entrar en la tierra prometida porque, en un momento decisivo, no confiaron plenamente en Dios. Él les dijo: “Y Yahweh dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.” Números 20:12.
Es importante notar que Dios no dijo simplemente que ellos no habían creído en sus palabras, sino que no habían creído en Él. Esto permite comprender que existen distintas expresiones de fe. Una de ellas es aquella que necesita señales o milagros para poder sostenerse.
Esto puede verse en el caso del funcionario que acudió a Yeshúa porque su hijo estaba enfermo. Yeshúa le respondió: “Entonces Yeshúa le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis.” Juan 4:48.
Cuando la fe depende exclusivamente de los milagros, existe el peligro de necesitar constantemente nuevas señales para continuar creyendo. Por eso, Yeshúa llevó a aquel hombre a dar un paso más profundo: confiar en su palabra aun sin haber visto el resultado. Le dijo: “Dícele Yeshúa: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó a la palabra que Yeshúa le dijo, y se fue.” Juan 4:50.
Aquel hombre todavía no sabía si su hijo realmente había sido sanado. Sin embargo, decidió creer en lo que Yeshúa había dicho y regresó a su casa. Mientras estaba de camino, sus siervos salieron a encontrarlo y le comunicaron la noticia: “Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.” Juan 4:51.
Este relato muestra una diferencia fundamental. Una fe que depende de lo que puede ver necesita primero comprobar para después creer. En cambio, una fe que está creciendo aprende a confiar en Dios y en su palabra aun antes de contemplar el resultado.
Por eso, nuestra confianza no debe descansar únicamente en los milagros que Dios realiza ni solamente en aquello que esperamos recibir de Él. Nuestra fe debe estar puesta en Dios mismo. Santiago enseña: “Pero pida en fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra.” Santiago 1:6.
La incredulidad también se manifiesta mediante la desobediencia. Quien verdaderamente confía en Dios permite que esa confianza se refleje en sus decisiones. Por el contrario, cuando una persona no cree, termina resistiéndose a obedecer. Hebreos dice: “¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no creyeron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.” Hebreos 3:18-19.
Por eso, no debemos considerar la incredulidad como algo pequeño. Sus consecuencias pueden ser muy grandes. Dios nos llama a dejar de poner límites a su poder y a confiar en Él aun cuando no comprendamos completamente lo que está haciendo.
La oración también necesita estar acompañada de fe. No se trata solamente de presentar nuestras peticiones delante de Dios, sino de hacerlo confiando en Él. Yeshúa enseñó: “Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Marcos 11:24.
Si queremos crecer en nuestra fe, necesitamos acercarnos cada vez más a Yeshúa. La relación cercana con Él nos ayuda a conocerlo, a confiar en su palabra y a depender menos de lo que nuestros ojos pueden comprobar. Lucas relata: “Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.” Lucas 9:28.
Más adelante, cuando una aldea samaritana no quiso recibirlos, Jacobo y Juan reaccionaron impulsivamente y preguntaron: “Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?” Lucas 9:54.
Cuanto más cerca caminamos de Dios, más aprendemos a confiar en Él. La fe no consiste solamente en creer cuando vemos un milagro o cuando las circunstancias se desarrollan como esperamos. También significa permanecer firmes cuando todavía no vemos la respuesta.
La verdadera fe nos lleva a creer, obedecer y perseverar. Nos enseña a descansar en Dios aun en medio de la espera y a confiar en su palabra aunque todavía no podamos ver su cumplimiento.
Confiar sin ver es aprender a creer en Dios por quien Él es, no solamente por aquello que podemos ver con nuestros ojos.