29/03/2026
Reunión general día Sábado 07/03
Predica Pastor Miguel Mendoza
Las lágrimas que nadie ve
Salmos 56:8
Hay lágrimas que todos ven, pero también hay lágrimas que nadie ve.
Lágrimas que salen cuando estás solo, cuando todos duermen.
Lágrimas de personas que luchan por su familia, que sostienen su casa, que trabajan duro, que cargan preocupaciones, personas que atraviesan batallas internas que muchas veces nadie nota.
Luchas silenciosas, peleas que se libran en soledad.
Pero hay algo que tenemos que entender:
cada lágrima que nadie ve, Dios sí la ve.
Dios está en todo momento y en todo lugar.
Sin embargo, muchas veces lloramos solos, luchamos solos, peleamos nuestras batallas solos, cuando Dios está ahí, esperando que le demos lugar, esperando que abramos nuestro corazón y le digamos cómo nos sentimos.
La Biblia dice: “Pon mis lágrimas en tu redoma”.
La redoma era un pequeño frasco donde se guardaban perfumes o líquidos valiosos.
David nos enseña algo poderoso:
Dios guarda nuestras lágrimas.
Para Dios, tus lágrimas tienen valor.
Tu dolor no es ignorado.
Tus esfuerzos no son invisibles.
Tal vez las personas no vieron lo que sufriste, pero Dios sí lo conoce.
Por eso es necesario que aprendamos a contar con Dios, a poner nuestra angustia y nuestro dolor en sus manos.
Muchas veces atravesamos desiertos en silencio. (Y los desiertos representan momentos difíciles.)
Y cuando intentamos cruzarlos solos, el desierto se hace más largo, pero cuando contamos con Dios, cuando activamos nuestra fe, el desierto se acorta.
Dios hoy te ofrece su ayuda.
Pero necesitamos empezar a confiar más en Él.
Dios no promete que los problemas van a desaparecer, pero sí promete que va a estar con nosotros en medio de ellos,
y que con Él, la carga se hace más liviana.
Salmos 34:18 “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón”.
Dios no te desampara.
Cuando Dios encuentra una persona herida, la restaura.
Dios siempre está buscándote, te habla de mil maneras, pero muchas veces estamos tan enfocados en nuestros problemas
que no logramos verlo.
En lugar de encerrarnos en el dolor,
debemos ir a su presencia y contarle lo que nos pasa.
Sí, a veces va a ser difícil confiar, porque no vemos nada, pero ahí es donde nuestra fe es probada.
Confiamos en Dios, y Él nos sostiene en medio del problema.
No le sueltes la mano a Dios.