11/05/2026
Postrarse, inclinarse, besar la mano o los pies de alguien superior. Éste es el significado literal de la palabra adorar que aparece en la Biblia.
Dios es el único ser que merece adoración. Por quién es él, por su gloria intrínseca, por ser nuestro creador.
Dios nos creó para que nos relacionemos con él. La respuesta natural de contemplar a Dios es adorarlo, y nadie podría contemplarlo sin postrarse ante él.
En la psicología profunda del ser humano existe una necesidad imperiosa de adorar.
Cuando el ser humano elige no adorar a Dios, busca desesperadamente un reemplazo.
El humanismo actual colocó justamente al ser humano como objeto de adoración.
Nuestros deseos, necesidades, gustos personales, y comodidad, fueron puestos en el altar frente al que el mundo nos afirma que debemos postrarnos.
La ironía es que cuanto el ser humano más busca la comodidad, la autorrealización, el éxito, la aprobación humana, la diversión, y la satisfacción de los deseos egoístas, más se llena de frustración, ansiedad, vacío, y agobio.
Esto sucede porque estamos desalineados de nuestro propósito.
No es que Dios no desee que disfrutemos, nos divirtamos, o experimentemos placer, sino que desea que lo experimentemos primeramente en él.
Cuando de verdad adoramos a Dios con nuestra vida, todo lo demás comienza a alinearse de acuerdo a nuestro propósito.
Fuimos diseñados para disfrutar las cosas creadas, pero nunca para convertirlas en nuestro dios.
“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” Jeremías 2:13