08/06/2026
UNA IGLESIA QUE RESISTE Y SE MOTIVA POR LA MISIÓN
El 8 de junio de 1910, en los Fins (Francia), Esteban y María Luisa Roussel- Galle, reciben su tercer hijo que hacen bautizar el mismo día, dándole el nombre de Marcel.
La Iglesia en Francia vive momentos difíciles. Ella está aún bajo el choque de la separación de la Iglesia y el Estado de 1905 que se realizó primero como una ofensa anticlerical; 3000 colegios cerrados, 20000 religiosos y religiosas expulsados, ruptura de relaciones diplomáticas con la Santa Sede, presupuesto de culto eliminado, el patrimonio de la Iglesia pasa al estado y a las comunas.
Curiosamente, estas sacudidas que vive la Iglesia, le dan impulso. Más fuerte es el clima de intolerancia, más se manifiesta una renovación religiosa sobretodo en el mundo intelectual y universitario. Francia proporciona ella sola, a las misiones en el mundo entero, los dos terceros de sus sacerdotes con la más grande parte de recursos financieros. Es en este contexto de una Iglesia golpeada, pero dinámica, que el niño Marcel viene al mundo, en una familia fervorosa y abierta a los otros.
UNA LINDA FAMILIA CRISTIANA
En otoño 1910, cuando Esteban y Luisa hacen la adquisición de la finca vecina de su casa familiar en Suchaux, ellos organizan un comercio familiar, que consta de una panadería, mercado, mercería, cafetería. Pequeños comerciantes muy propagados en aquella época.
Luisa sirve mesas y también en el negocio. Esteban prepara el pan y los ahumados. El confecciona los muebles para su casa. Después de la guerra el será responsable de la Unión Musical de Fins, y recibirá a los jóvenes del lugar para formarlos en solfeo e instrumentos. Esa cafetería tiene el único teléfono del barrio, y el diario, lo que hace que el hogar Roussel-Galle esté enterado de las noticias del país, también de los eventos de familia, alegrías y tristezas de los vecinos. Luisa sabe utilizar esos medios de comunicación para ir al encuentro del prójimo y vivir su rol de cristiana misionera.
En esos comienzos de siglo, varios laicos cristianos tienen en su cabecera “la introducción a la vida devota” de san Francisco de Sales y la “Imitación de Jesucristo”, signo de un dinamismo en los laicos cristianos comprometidos profundamente en la sociedad anti clerical de la época.
Esteban y Luisa, son bien activos en ese movimiento de fe, forman un hogar cristiano, consciente de su responsabilidad en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Marcel escribirá más tarde: “en toda ocasión mamá me hablaba de las almas que debemos salvar y de infieles de los cuales debemos tener piedad, y yo la veía siempre sonriente y buena hacia los ancianos y los mendigos que pasaban y siempre preocupada en las conversaciones de hablar del Señor, de hacer amar al Señor, de convertir a los incrédulos.
Arraigado en una tierra fina en esos sentimientos, amasado de bondad y de confianza, él no puede más que florecer su corazón de niño, feliz con papá, y mama, feliz de sentirse tiernamente comprendido y amado.