25/05/2026
Homilía Te Deum Mar del Plata
Mons. Ernesto Giobando
TE DEUM, 25 DE MAYO DE 2026. IGLESIA CATEDRAL MAR DEL PLATA
El texto del Evangelio que acabamos de proclamar es el que corresponde a la
memoria que hoy celebramos: María Madre de la Iglesia, coincidentemente con la
Fiesta del 25 de Mayo, fiesta matriz de nuestra Nación. Cuando visitamos los
santuarios históricos de nuestra patria, ya sea en Luján, Córdoba, Mendoza,
Tucumán, Salta y en tantos otros, vemos las ofrendas que dejaron nuestros héroes
de la emancipación e independencia: sables, medallas, estandartes, banderas. Si algo
tuvieron aquellos varones y mujeres fue el coraje y la pasión que los movía, unidos
en una arraigada fe cristiana. No pensaban en sus glorias personales sino en los
inmensos sacrificios que implicaba la conformación de una nación que empezaba a
amanecer, como ese Sol de Mayo que ilumina nuestro pabellón nacional.
El Evangelio que escuchamos nos hace referencia a ese momento único en el cual
Jesús antes de morir nos deja al cuidado de su Madre: “Mujer, aquí tienes a tu hijo.
Hijo aquí tienes a tu madre”. Y dice el texto: “desde ese momento el discípulo la
recibió en su casa” (Jn 19, 26-27). María al pie de la cruz, con un corazón atravesado
de dolor, aun así, no pierde la esperanza, como toda madre sabe de esperas y
sufrimiento.
Comparamos a la Patria como una Madre, decimos: “Nuestra Madre Patria”. Hoy
esta Madre Patria también está al pie de la cruz de tantos hijos e hijas de este suelo
que sufren o están, literalmente, crucificados, y también como Madre los recibe. La
Patria es más que el gobierno que la administra, ella no está al servicio de los
gobiernos, son los gobiernos y sus funcionarios los que están al servicio de la Patria,
de sus hijos e hijas y de sus más nobles intereses. Nadie vendería a su madre o la
dejaría morir de hambre o tirada en la calle. Los hijos le deben a su madre una deuda
incobrable: el haber sido engendrados por ella, somos hijos de esta tierra. Tal es así
que las fuerzas de seguridad y las autoridades civiles juran por Dios en algunos casos
y por la patria en todos los casos. Es un juramento de lealtad, de patriotismo, de
honradez, de valores cristianos, de sacrificio, hasta dar la vida por la patria, si fuera
necesario. No se puede hacer “gancho” en este juramento, no debería haber
excepciones: “y si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”.
Al recordar hoy a nuestros varones y mujeres de Mayo hacemos memoria de
aquellos hijos e hijas que de verdad se la jugaron, la mayoría de ellos murieron con
lo puesto, sin fortunas dudosas, obtuvieron lo más importante para una persona
pública: el reconocimiento de la historia. Manuel Belgrano, José de San Martín,
Martín Miguel de Güemes, Mariano Moreno, Juan José Paso, Juana Azurduy, María
Remedios del Valle, Macacha Güemes, Mariquita Sánchez de Thompson, Remedios
de Escalada y tantas y tantos que sin ser de primera línea pusieron sus talentos,
esfuerzos, bienes, incluso en riesgo sus vidas, para gestar esta nación argentina.
Podemos hacer una larga lista, pero quisiera detenerme en la figura de un fraile
franciscano que ha sido beatificado por el Papa Francisco y se han cumplido 200 años
de su natalicio: el Beato Fray Mamerto Esquiú. Este sacerdote, si bien no perteneció
a la generación de Mayo, si vivió en tiempos muy complicados de nuestra patria
naciente. Quiso ser un cura sencillo, profesor de filosofía, amigo de los pobres y
misionero, pero la Iglesia le pidió que sea Obispo de Córdoba, dejando un ejemplo
de buen pastor, conforman los tres beatos Obispos que tenemos en Argentina, todos
beatificados en el pontificado del Papa Francisco: el Cardenal Pironio, el mártir
Obispo de La Rioja Angelelli y Fray Mamerto Esquiú. De él dijo el Papa Francisco: “Fue
un celoso anunciador de la Palabra de Dios para la edificación de la comunidad
eclesial y civil”.1
De este fraile tenemos varios escritos, hay una homilía muy conocida que la dijo el 9
de julio de 1853 en la Catedral de Catamarca, de donde era originario. Se lo recuerda
a Esqiuú por ser un defensor de la Constitución Nacional, en un momento de
conflictos internos y guerra civil que ponían en riesgo lo alcanzado en 1810 y 1816.
Expresó en ese día:
“¡Basta de palabras que no han salvado a la Patria! Aplaudo, felicito, me postro ante
los héroes de la Independencia; cantaré vuestras glorias, tributo mi adoración a la
nobleza de los argentinos; pero también señalaré sus llagas, apartando sus ricos
envoltorios que encubren vuestra degradación… No rechazo modificaciones en las
leyes por sus órganos competentes; los tiempos, las circunstancias, el interés común
tal vez lo reclaman; pero si es para ensanchar la órbita de nuestra libertad 2
, por
contemporizar intereses particulares cualesquiera, fácil es prever la eterna
dominación de dos monstruos en nuestro suelo: anarquía y despotismo.
3 Obedeced,
señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad;
existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios
libre eternamente a la república argentina; y concediéndonos vivir en paz, y en orden
sobre la tierra, nos dé a todos g***r en el cielo de la bienaventuranza en el Padre, en
el Hijo y en el Espíritu Santo, por quien y para quien viven todas las cosas. Amén”.4
Quiero detenerme en algunas llagas que siguen abiertas, no para escarbar la herida,
sino para encontrar el remedio que alivie esas heridas sociales e individuales. Hoy
estamos en tiempos muy difíciles, pareciera que en cada elección está en juego el
destino de nuestra patria, hay una separación que parece irreconciliable. Una cosa
es lo que pasa en las altas esferas de las decisiones políticas, económicas y judiciales,
y otra muy alejada es lo que están viviendo los ciudadanos de a pie, aquellos que
1 Papa Francisco, Ángelus 5 de septiembre de 2021, Roma.
2 En el sentido de qué margen nos dan las leyes para un beneficio personal o sectorial, en lenguaje
sencillo: hecha la ley, hecha la trampa.
3 Según el diccionario de la lengua española de la RAE, la anarquía se define de tres formas principales:
ausencia de poder público (falta de gobierno o autoridad); desconcierto, incoherencia o barullo
(situación de caos o confusión); anarquismo (doctrina política que propugna la supresión del Estado). El
despotismo es una forma de gobierno o ejercicio del poder en el que una autoridad absoluta gobierna
de manera arbitraria, sin estar limitada por leyes ni constituciones. A nivel coloquial o personal, se
refiere al abuso de superioridad y al trato duro o déspota hacia otras personas”. Se acuñó aquella frase
de la ilustración monárquica: todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
4 Beato Fray Mamerto Esquiú, Sermón en la Iglesia matriz de Catamarca, el 9 de julio de 1853, con
motivo de la jura de la reciente Constitución Nacional.
salen todos los días a trabajar y estudiar, que ponen todos sus esfuerzos en sostener
a una familia, los que no llegan a fin de mes y pasan horas y horas fuera de sus
hogares, los jubilados que tienen cada día una comida más miserable y un pastillero
más vacío. Industriales y emprendedores que tienen que suspender a sus operarios
y profesionales, trabajadores de la economía popular que siguen buscando la diaria
sin violencia, pobres e indigentes en las periferias geográficas y en los centros de
nuestras ciudades. Las diferencias son cada día más extremas y más humillantes,
provocando resentimiento y fractura social, y eso no es justo. Estamos ante el riesgo
de una anarquía y nos podemos volver despóticos y crueles, o como decía el Papa
Francisco: tener una conciencia aislada, generando la globalización de la indiferencia
y la cultura del descarte. Para contrarrestar estos peligros y sanar estas heridas
debemos fomentar una cultura del encuentro sin dejar a nadie afuera, eso se llama:
amistad social.
Pero hay una llaga abierta y que como una peste está contagiando a miles y miles de
jóvenes y adultos, también a criaturas adolescentes: las adicciones, especialmente
las dr**as, el alcohol y las apuestas “on line”, ilegales o legales. Los narcotraficantes
son los nuevos tiranos del siglo XXI, quienes quieren llevarse en un espiral de
consumo, violencia y escasa acción estatal, lo mejor de nuestros habitantes: la
voluntad, la libertad y la posibilidad de hacer realidad una vida digna.
Si los hombres y mujeres de Mayo lucharon por una patria libre, amenazada por
tiranos externos, hoy nosotros, habitantes de este suelo tan bendecido en riquezas
y recursos, tenemos que poner lo mejor de nosotros para erradicar el narcotráfico,
reducir el impacto de las adicciones y promover la inclusión social en todas sus
formas. El mal está dentro, en nuestras plazas, en las oficinas y talleres, en las
escuelas y colegios, en nuestros barrios, en nuestras familias, no hay que buscarlo
afuera.
“Mujer, aquí tienes a tu hijo. Hijo aquí tienes a tu madre”.
Que la Virgen de Luján, Madre de Argentina nos conceda como hijos e hijas de esta
Patria la capacidad y valentía de ser hermanos y hermanas, sentados en una misma
mesa: la mesa del diálogo sin insultos, la mesa de las negociaciones sin arreglos
espurios, la mesa del taller y de las empresas con jóvenes aprendices y buenos
profesionales, la mesa de la familia compartiendo el pan ganado con el sudor de la
frente.
María de Luján nos quiere hijos y no esclavos. Que así sea. Amén.
Ernesto Giobando sj
Obispo de Mar del Plata