23/08/2026
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ORACIÓN PARA QUIEN DESEA ACOMPAÑAR
Hola, queridos amigos del Evangelio. Os invito a todos, en este momento, a que hagamos una pequeña pausa. Dejemos, por unos instantes, las preocupaciones del día, los compromisos, las distracciones y todo aquello que ocupa nuestra mente.
Respiramos con serenidad y permitamos que nuestro corazón encuentre un poco de silencio.
Abramos nuestro corazón a los mensajes que vamos a escuchar. Que podamos acogerlos sin prisas, sin resistencia, permitiendo que encuentren un espacio dentro de nosotros. Que podamos escuchar no solo con los oídos, sino con el alma, reflexionando sobre aquello que nos conmueve, que nos desafía y que nos invita a crecer.
Que cada uno de nosotros entre en sintonía con las enseñanzas del Evangelio y con la paz que Jesús nos ofrece.
Elevemos, pues, nuestros pensamientos a lo Alto.
Que así sea.
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**¿MEDITAMOS SOBRE LA LUZ QUE NOS GUÍA?**
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TEXTO PARA COMPARTIR
«Y sus palabras les parecieron una locura, y no les creyeron.» (Lucas, capítulo 24, versículo 11).
Comentario del libro *Viña de Luz*, de Emmanuel, psicografiado por Chico Xavier, capítulo 9 titulado «La luz siempre sigue»
Comenta el benefactor
La perplejidad que surgió el día de la Resurrección del Señor sigue siendo la misma en los tiempos que pasan, cada vez que la naturaleza divina, invisible a la vista común de los hombres, manifiesta sus gloriosos mensajes.
Las mujeres devotas, que acudieron en peregrinación de amor a la tumba del Maestro, siempre han encontrado sucesoras. Sin embargo, son muy escasos los Pedros dispuestos a levantarse para indagar la verdad.
En todas las épocas, los transmisores de noticias desde más allá de la tumba han peregrinado por la Tierra, al igual que hoy.
Las escuelas religiosas, sin embargo, solo en raras ocasiones han aceptado la valiosa ayuda que se les ofrecía.
En épocas pasadas, todos los instrumentos de la revelación espiritual, con raras excepciones, fueron tachados de brujos, quemados en la plaza pública, y, aún hoy, se les considera dementes, visionarios y hechiceros.
Y es que la mayoría de los compañeros de este viaje humano viven aferrados a los intereses mezquinos de unos pocos instantes, y las palabras de la verdad inmortalista siempre les han parecido una locura absoluta.
Entregados a lo efímero, no creen en la expansión de la vida hacia el infinito y la eternidad, pero la luz de la Resurrección sigue brillando siempre, inspirando a sus misioneros, aún incomprendidos.
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Momento del comentario del equipo de Evangelio
Este fragmento de Emmanuel nos invita a reflexionar sobre una dificultad común: nos cuesta enormemente creer en aquello que trasciende los límites de nuestra comprensión. A menudo confundimos lo que no entendemos con lo que no existe. Como nuestra percepción se basa en gran medida en los cinco sentidos y en aquello que puede medirse o demostrarse de forma inmediata, todo lo que escapa a ese ámbito tiende a despertar desconfianza, miedo o escepticismo.
La mediumnidad sigue siendo un ejemplo de ello. Aún hoy, muchos la rechazan o la ridiculizan. Es habitual atribuir esta resistencia únicamente a la falta de fe, pero quizá esté mucho más relacionada con la dificultad de admitir que la realidad puede ser más amplia de lo que captan nuestros sentidos. Lo desconocido provoca inseguridad. Y, ante el misterio, la reacción más habitual no es investigar, sino negar.
Es precisamente en este punto donde el espiritismo ofrece un camino. Allan Kardec insistía en que la doctrina no exige una aceptación ciega, basada únicamente en la creencia. Al contrario, propone un camino de observación, estudio y reflexión. Si la mediumnidad existe, hay que comprenderla; si hay comunicación entre los planos de la vida, hay que investigarla con seriedad, discernimiento y espíritu crítico. La invitación no es a aceptar cualquier manifestación como verdadera, sino a admitir que no toda experiencia tiene su origen exclusivamente en nuestra mente o en nuestra voluntad. Hay fenómenos que pueden apuntar a una realidad espiritual que merece ser conocida antes de ser rechazada.
El episodio narrado por Lucas ilustra bien esta postura humana. Pedro y los demás apóstoles no lo desestimaron solo porque la noticia de la resurrección les pareciera imposible. También había un componente cultural muy fuerte: la revelación vino de manos de las mujeres. En la sociedad de la época, el testimonio femenino tenía escaso valor jurídico y social. Es significativo que Dios eligiera precisamente a aquellas que se consideraban menos importantes para anunciar la noticia más importante del cristianismo. Quizá los apóstoles esperaban que una revelación de tal magnitud les fuera confiada directamente a ellos, y no a aquellas a quienes la cultura de su tiempo situaba en una posición inferior.
Este pasaje nos lleva a una pregunta incómoda: ¿cuántas verdades dejamos de escuchar porque juzgamos a quienes las anuncian? ¿Cuántas veces rechazamos una posibilidad no porque la hayamos examinado cuidadosamente, sino porque desafía nuestras certezas, nuestros prejuicios o nuestra visión limitada de la realidad?
Emmanuel concluye recordando que «la luz de la Resurrección sigue brillando siempre». La verdad no depende de nuestra aceptación para existir. Sigue iluminando el camino, incluso cuando se recibe con incredulidad. Quizá la gran lección sea esta: no temer a lo desconocido, sino acercarse a él con humildad, razón y disposición para aprender. La fe madura no elimina las preguntas; convive con ellas y transforma el misterio en una invitación al conocimiento. Es en ese encuentro entre la fe y la investigación donde el espiritismo se propone avanzar, recordándonos que la vida puede ser mucho más amplia de lo que nuestros ojos son capaces de ver.
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