22/05/2026
🍁💐🥀🌸🌺🌷🌹🪻🌼💐🥀
Ante la constatación indiscutible de que vivimos en una sociedad profundamente enferma, se abre ante nosotros un inmenso horizonte de reflexiones. No es de hoy, ni del pasado reciente, que el marco de la medicina haya introducido el bisturí de la investigación sobre las deficiencias de la carne. Auscultó tumores, identificó la lepra y la tuberculosis, tomó nota del tifus y la viruela, dándose cuenta de que el cuerpo era susceptible de enfermar, exigiendo la administración de las medidas terapéuticas disponibles en cada época.
Infusiones, tés, sangrías e intervenciones quirúrgicas dolorosas, sin anestesia, formaban parte de un escenario de horror para pacientes frágiles y debilitados. Millones murieron, arrasados por las epidemias y pandemias que asolaron las diversas sociedades terrestres de siglos pasados.
Cuanto más se profundizaba la investigación científica, más se percibía la profunda interacción entre cuerpo y mente, dando lugar al dicho latino «mens sana in corpore sano», acuñado por Juvenal, que constata que la mente y la conducta emocional son factores decisivos en el mantenimiento de la salud o en su deterioro. Aún estaba lejos el advenimiento de la psicología, que abordaría mejor los complejos de la emoción y la sensibilidad del ser humano en el entorno en el que se encuentra y sus profundas conexiones con otros individuos, así como sus respuestas emocionales a los estímulos recibidos.
Partiendo de Philippe Pinel, pasando por Paul Pierre Broca, Sigmund Freud, Alfred Adler, Carl G. Jung y otros pensadores destacados en el campo de las ciencias de la psique, la medicina académica avanzó a pasos agigantados, desvelando los órganos internos del cuerpo físico y su delicada fisiología.
Eminentes maestros de la asepsia, como el austriaco Ignaz Semmelweis, ofrecerían notables contribuciones al edificio de la medicina, estructurado en el pasado griego por Hipócrates, Aecio y Galeno, cada uno en su momento.
Hoy en día, la especialización detallada exige muchos años de estudio y teoría, en un intento por comprender las delicadas conexiones que emanan del alma, contagiando al continente de 60 billones de células.
La culpa generando cáncer.
La profunda tristeza abriendo espacios para depresiones devastadoras.
Un duelo prolongado, que genera una profunda apatía.
Un miedo sin control, que conduce al pánico.
Y de repente, la persona siempre activa y agitada, paralizada en sí misma, devastada por la pérdida del sentido existencial.
¿Cómo medicar el cuerpo y la mente? Si la enfermedad tiene una causa microbiana, ahí está el antibiótico específico, combatiendo la colonia malsana y eliminando la causa patógena, pero si la desintegración mental o psicológica surge de forma imprevisible, ¿dónde localizar el vector causal del miedo irracional a afrontar retos, superar inhibiciones y exponerse a conflictos en las relaciones interpersonales?
¿Dónde termina el tejido enfermo y comienza la frontera de la mente en la paranoia?
Un enorme desafío.
Sin la comprensión de la inmortalidad del alma y su viaje milenario a través de la corporalidad pasajera, tales sucesos se revelan como incógnitas indescifrables, predisponiendo al enfermo a permanecer rehén de medicaciones pesadas, que ayudan a un área y desestabilizan otras, ante los efectos secundarios resultantes.
Cuando se adopta una visión holística del ser humano, portador de un pasado espiritual, en el que ha recorrido un camino de aciertos y errores, de actos nobles e indignos, en el que se ha regodeado con las vidas ajenas o las ha elevado con gestos nobles, se dispondrá de mejores condiciones para obtener un diagnóstico probable de las enfermedades que periódicamente debilitan la máquina orgánica.
El ayer se refleja en el hoy, tanto como el ahora será luz o sombra en el porvenir.
Es urgente el autoconocimiento, la inmersión en uno mismo, aceptándose tal y como se es y buscando construir una nueva conducta, mental y emocional, con el fin de proteger a las células corporales del contagio de las inquietudes vibratorias, saboteadoras de la homeostasis corporal y emocional. En este sentido, la adopción de un comportamiento centrado en las directrices del Evangelio, tal y como lo vivió Jesucristo, será una contribución inestimable para una existencia saludable, aun cuando se produzcan enfermedades periódicas, propias de un planeta moralmente atrasado, donde la enfermedad y la salud, la sombra y la luz se enfrentan desde hace milenios, hasta que nos decidamos por la edificación del Reino de Dios en lo más profundo de nuestro ser, protegiéndonos de las tristezas y aflicciones típicas de una escuela de evolución planetaria como la nuestra.
Sé tú mismo tu propio médico, buscando en la oración, en la meditación y en el silencio de las convulsiones íntimas el bálsamo que te proporcionará el equilibrio emocional, del que derivará la salud corporal, herramienta indispensable para caminar por los senderos de la evolución.
Marta y Henrique de Luna
Salvador, 22 de mayo de 2026
🌼🪻🌹🥀🌺🌷🌸🍁🌼🪻🌹🥀
Este escrito es recibido por el médium Marcel Mariano y el espíritu que le transmite se presenta con el nombre de Marta, hoy acompañada con otro espíritu Herique de Luna, que pertenece al Servicio de Asistencia Médica de la Colonia Nuestro Hogar. Consultar cap. 4 del libro homónimo