05/03/2023
Sí creciste durante los 80's seguro conoces a algunos de estos personajes.
La supresión del lado oscuro de la naturaleza humana comienza a la más temprana edad. A través de programas televisivos infantiles, se enseña a los niños a temer a los aspectos oscuros de la existencia, especialmente todo lo relacionado con las ciencias ocultas. Estos programas presentan a un conjunto de héroes luminosos, generalmente vinculados al espectro visible de la luz, que encarnan todos los valores morales de la cultura occidental cristianizada. Son bellos, abnegados, valientes, empáticos, constructivos, siempre están dispuestos a sacrificarse por el grupo y por la humanidad.
En la vereda opuesta siempre tenemos al villano, representación de la oscuridad y la maldad absoluta, en muchas ocasiones una viva imagen del diablo cristiano. Estos "enemigos" son feos, astutos, mentirosos, egoístas, (a veces) cobardes, destructivos porque sí. Su único objetivo parece ser el de "destruir el mundo" o "sumirlo en la oscuridad". Tienen inmensos poderes pero, por alguna razón, huyen despavoridos ante la luz que emanan los protagonistas. Así, estos programas de la moral nos transmiten un mensaje que quedara replicando dentro de nuestras mentes: la luz tiene el poder de destruir la oscuridad. Y esa luz no es otra que la emanada por la moral cristiana. Por otro lado se nos transmite una visión maniquea del bien y del mal, dónde este último se encuentra encarnado en una figura física compuesta íntegramente de dicha esencia, carente de aristas o cualquier tipo de valoración positiva. Esto modelará nuestras mentes para asimilar la idea de que nuestros enemigos (políticos, sociales, económicos) son la encarnación del mal absoluto y deben ser destruidos.
Algo notorio es que los héroes protagonistas pueden cometer errores o actuar equivocadamente, pero siempre se recomponen y "aprenden la lección". Contrario a sus enemigos, cuya propia naturaleza es el origen del mal y solo pueden ser destruidos.
El sello mental puesto sobre los aspectos oscuros y las ciencias ocultas perdurará por el resto de nuestras vidas, a menos que, cómo en mi caso, sientas más empatía por los villanos que por los héroes.
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