01/05/2026
Por qué hoy hay que obligar a un hijo de religión a ir al Ilê?
Si este camino se elige desde el alma…
¿por qué hay que insistir, llamar, presionar o imponer para que alguien esté?
Antes no era así.
Ir al Ilê era alegría, era encuentro, era ganas reales.
Se hacía el tiempo, se buscaba la forma.
Nadie tenía que estar detrás de nadie.
Hoy escuchamos muchas razones:
que el trabajo, que la distancia, que el cansancio, que el día a día…
y sí, todo eso es real.
Pero también hay una verdad que incomoda:
El que quiere, busca la manera.
El que no quiere, busca la excusa.
Porque cuando alguien realmente siente este camino, no le pesa ir… le pesa no estar.
Entonces… ¿cuánto es realidad y cuánto es prioridad?
¿Cuánto es falta de tiempo…
y cuánto es falta de conexión?
También hay otra parte que no se habla mucho:
Ir al Ilê implica gastos.
Transporte, tiempo, energía…
y a veces cumplir económicamente también.
Entonces la pregunta es necesaria:
¿Se está entendiendo la realidad del hijo…
o se está exigiendo sin mirar su vida?
Porque no todos viven cerca.
No todos tienen el mismo trabajo.
No todos pueden responder igual.
Pero aun así…
cuando hay verdad, se nota.
No en la perfección… sino en la intención.
Ahora bien, tampoco se puede sostener todo desde la obligación.
Porque cuando hay que presionar para que alguien esté,
cuando hay que recordar constantemente,
cuando la presencia depende de que lo llamen…
ya no es compromiso, es dependencia.
¿Y eso es lo que queremos formar?
¿Hijos conscientes…
o hijos que solo responden cuando los empujan?
Porque el que entiende lo que es una vela,
el que entiende lo que es el axé…
no necesita que lo llamen.
Y el que cree que “ya tiene su propio axé”
y por eso no necesita ir…
también debería preguntarse si realmente entendió el camino.
Entonces, cada uno tiene que mirarse hacia adentro:
Si no vas… ¿es porque no podés… o porque no querés?
Si vas… ¿es porque lo sentís… o porque te obligan?
¿Tu esfuerzo es real… o selectivo?
¿Tu fe está viva… o cómoda?
Porque al final…
esto no se trata de estar siempre,
pero tampoco de estar nunca.
Se trata de verdad.
Y la verdad se ve en las decisiones,
no en las excusas.
esto no se trata de cumplir
se trata de sentir .
No de