08/06/2026
8 de Junio
Padre Pío de Pietrelcina.
Padre, me he enterado de que estos días, durante su enfermedad, ha llorado usted en el lecho.
¿Por qué? Me veía morir y pensaba: ¡Ya no volveré a ver a mis hijos!
8 de junio
Estoy perdido, sí, perdido en lo desconocido. Estoy privado de todo. Pero estoy decidido, aunque no encuentro consuelo, a seguir sólo la voz de quien hace las veces de Dios. Tengo hambre, padre mío, del retorno de mi Dios a mi alma; démelo, satisfágame de Él, mi vida y mi todo. Las condiciones actuales de mi espíritu no presentan otra realidad que una ruina completa, unas luces siniestras, que no sirven más que para descubrir la podredumbre y atormentar a la víctima, presa de su desconocido destino. ¡Dios mío!, es necesario, padre mío, este grito; sólo me queda esto en tanto penar. Ya no entiendo nada; mucho me temo estar abandonado para siempre a mí mismo; y, ante este temor, me aferro o me arriesgo a aferrarme a la obediencia, que, sin saber cómo, también me parece que se aleja de mí. Termino, porque la intensidad del dolor que me oprime priva a mi mente de la necesaria lucidez. Bendígame siempre y yo, a cambio, no desistiré de inmolarme siempre por usted a ese Dios que he perdido.
(4 de junio de 1918, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 1026)
8 de junio
La divina gracia os sirva de reserva y sustento en todo.
8 de junio
La pureza forma héroes en la virtud y el demonio trata de atacar siempre esta virtud, haciendo pecar al hombre para después tenerlo a su merced.
8 de junio
Padre Pío nos dice:
A nosotros nos corresponde solo una cosa que es rezar, y rezar mucho para que los planes de Dios se cumplan en nosotros y que nosotros tengamos fuerzas suficientes para enfrentar los dolores que puedan acontecer en nuestra vida.
8 de junio
El amor, en el temor, es más hermoso, porque así se templa.
Pensamiento n° 159
8 Junio
Siento que se me rompe el corazón en el pecho al conocer tus sufrimientos, y no sé qué haría para que te consueles. Pero, ¿por qué inquietarte tanto? ¿Por qué te turbas? ¡Fuera tanta inquietud, hija mía! Jamás te he visto tan regalada de tantas joyas por parte de Jesús como ahora. Jamás te he visto tan querida de Jesús como en este momento. Por tanto, ¿qué motivo tienes para temer, temblar y asustarte? Tu temor y temblor se parecen al de un niño que está en los brazos de su mamá. Por lo mismo, tu temor es tonto e inútil.