07/03/2020
Dios no nos ama porque somos buenos, nos ama porque Él es bueno.
Muchas veces el enemigo usa personas para desanimarnos, con esa idea de que no somos aptos para estar delante de Dios, a menos que nuestra vida cambie.
En ese momento debemos recurrir a Jesús, pedirle que nos recuerde el valor que tenemos, y en una oración depositar todo nuestro pesar y temor en El. "Su yugo es liviano y ligera su carga" (Mateo 11:30)
Y a partir de ahí siente la libertad de acudir a Jesús como estas, como eres, pidiéndole ayuda para cambiar.
Tenemos errores, somos débiles, cometemos faltas. Somos humanos, pero eso, no nos impide ser aptos para estar delante del Salvador, porque aunque aborrezca el pecado, Él ama al pecador.
No necesitas ser perfecto para estar en su presencia, tampoco para estar a su servicio, sólo basta con tener la voluntad y el anhelo de acercarnos al trono de su gracia.
Dios no nos mira como somos, el nos mira como llegaríamos a ser si Cristo nos transformara; esa promesa de transformación es motivo suficiente para encomendarnos a El, dudar de nuestras propias fuerzas pero confiar en las suyas que todo lo pueden, todo lo cambian.
Quizá las personas no vean en nosotros lo que Dios ve, o seamos nosotros mismos los que en sus pensamientos nos creemos de poco valor.
Miremos a Jesús que nos recibe como somos, pero no nos deja como estamos, con amor y paciencia nos cambia día a día. "Porque Él es bueno, su amor eterno, y fiel hasta el fin" (Salmo 100:5)
Si hoy piensas que tienes que ser bueno para que Dios te ame, el no es como los humanos, el te ama sin condición, te ama porque su bondad es más grande que tu pecar.
Acercate hoy a Cristo como estas, algún día es mucho tiempo, elije hoy a Jesús y siente el perdón de Aquel que murió en tu lugar.
¡Feliz sábado!