29/05/2026
“Mi casa será casa de oración para todos los pueblos”
(Evangelio según San Marcos 11:11,26)
Jesús hoy nos muestra dos imágenes fuertes:
la higuera sin frutos y el templo convertido en mercado.
La higuera tenía muchas hojas, aparentaba vida, pero no daba fruto.
Y el templo estaba lleno de actividad religiosa, pero había perdido lo esencial: la oración, la justicia y el encuentro con Dios.
Este Evangelio nos invita a mirar nuestro corazón.
A veces también nosotros podemos “tener hojas”: palabras, costumbres, estructuras, actividades… pero poco fruto verdadero de amor, misericordia y coherencia.
Jesús no busca una fe de apariencia.
Busca una fe que dé fruto.
Una Iglesia que sea casa de oración, de acogida y de verdad.
Una comunidad donde todos puedan encontrarse con Dios y no sentirse expulsados o indiferentes.
Hoy podemos preguntarnos:
¿Qué frutos está dando mi vida?
¿Mi fe transforma mis actitudes?
¿Ayudo a que la comunidad sea una verdadera casa de oración y encuentro?
Que el Señor limpie también nuestro corazón de todo aquello que nos aleja de Él, y nos enseñe a dar frutos de amor, servicio y coherencia.
Amén.