Fuerza Joven Maipú

Fuerza Joven Maipú Ser Joven es nunca dejar de Soñar

Hasta los 7 años fui una niña normal, sin embargo, a partir de entonces quise ser diferente. A los 9 años, teñí mi cabel...
09/12/2013

Hasta los 7 años fui una niña normal, sin embargo, a partir de entonces quise ser diferente. A los 9 años, teñí mi cabello de rubio (en esa época eso no era común, yo era una de las pocas niñas así). Todo comenzó muy temprano, a los 11 años empecé a ir a fiestas, a bailes en barrios cercanos y a tener más amistades. Comencé a usar piercing y mi apariencia ya transmitía rebeldía. Viví en medio de las dr**as, de la bebida y de la prostitución, sin embargo, tenía miedo de involucrarme. Pero los problemas dentro de casa aumentaban y entonces empecé a hacer todo lo que me daba náuseas.

Tenía el sueño de ser modelo, y eso se concretó. A medida que crecía en ese desorden, cada vez estaba peor, me puse más piercings y teñí mi cabello de diferentes colores. Me sacaba fotos polémicas y las posteaba en internet, y así me hice conocida, muchas personas se reflejaban en mí, en mi estilo, en mi manera de ser. Mi carrera estaba yendo bien, desfiles, fotos, trabajos internacionales, reconocimiento, fans. Estaba rodeada de personas, incluso sonreía, pero ese vacío permanecía en mi interior.

Sufrí bullying durante tres años y eso me hizo tenerles odio a las personas, yo ya no era la misma, ya no me conectaba con nada. A los 15 años, comencé a frecuentar lugares del centro de San Pablo, como encuentros homosexuales en Ibirapuera, Augusta, Paulista, boliches, siempre acompañada de amistades “pesadas”. Amigos que agarraban las hojas de la Biblia para consumir ma*****na, tomaban toda la noche, aspiraban co***na y maldecían y blasfemaban contra Dios, y yo, aun en medio de aquel desastre, me sentía molesta. Varias veces llegaba a pensar: “¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué estoy haciendo esto?”, pues yo creía en Dios y sabía que eso no era para mí, sin embargo, cuanto más intentaba, más me hundía.

Huí de casa, empecé a fumar y a tomar todos los fines de semana, salía el lunes y volvía recién el domingo o el lunes. Me involucré con mujeres, creía que había nacido así, por haber tenido una experiencia sexual con una compañera en la infancia. Decía malas palabras, usaba jergas, oía voces, veía sombras y entidades que venían a sofocarme durante la noche, llegué a llamar incluso a la policía por pensar que alguien estaba invadiendo mi casa.

En la vida sentimental no resultaba bien con nadie, aunque era popular, no lograba realizarme. Peleaba con mis padres, nada salía bien, ya había estado al borde de la muerte en varias oportunidades. Ya había vivido todo eso y no aguantaba más esa angustia y ese sufrimiento.

Estaba enferma, tenía un soplo en el corazón, los médicos decían que no iba a pasar de los 15 años. Tenía gastritis, prácticamente no me alimentaba bien desde hacía un mes, debido a los dolores. Ya no dormía más, porque había una sombra negra que me sofocaba todas las noches. Me quedaba despierta con miedo y dormía durante el día.

Mi vida ya no tenía más sentido, una voz me decía que no había más salida. La vida económica de mi familia estaba arruinada, nadie confiaba en mí, yo no veía ayuda, ¡estaba desesperada! Hasta que mi madre, sin decírmelo, me cambió de escuela, ya que en esa escuela casi me querían enviar al Tribunal de Menores, y me puso en una escuela de barrio, enfrente de mi casa y cerca de la Universal. Al principio me negué, pero no vi otra salida y fui. Ni bien llegué sabía que sería rechazada, y me sorprendí cuando unos jóvenes vinieron a conversar conmigo. Nos hicimos amigos y me llevaron a la Fuerza Joven Universal. Empezaron a contarme cómo eran y eso me interesó, pero tenía miedo de lo que mis amigos fueran a pensar, ¿cómo iba a ir a la iglesia con esa apariencia? ¡Todos iban a juzgarme! Me resistí casi un mes, hasta que, el 17 de abril de 2011, fui.

Ni bien puse los pies en la Universal, vi una diferencia. Todos me abrazaron, me cuidaron, y no entendía mucho lo que decían, pero yo quería estar cerca, ¡cambiar de vida! Y así fui frecuentando y viendo la diferencia día tras día… Conforme Dios fue transformando mi interior, mi exterior fue cambiando. Entonces, los piercings, las tinturas, el vicio del ci******lo, la bebida, ser bisexual, todo eso ya no tenía más sentido, ¡abandoné TODO! Y Dios me honró, entré en el Proyecto VPR, comencé a pasar mis experiencias a los jóvenes y a ayudarlos, así como ellos me ayudaron. Creció un deseo dentro de mí por ganar almas, por ayudar a los afligidos y pasarles esa felicidad, esa paz que había recibido.

Tenía el deseo de ser obrera y, después de muchas luchas, Dios me ungió para hacer Su Obra, y cada día crece más ese amor por las personas. Hoy soy de la FJU, alguien creyó en mí y yo creo en los jóvenes, estoy completamente realizada espiritualmente, pues recibí el Espíritu Santo, tengo un empleo bendecido, tengo paz en casa y, lo mejor de todo: ¡tengo la certeza de mi Salvación!

Amanda Kislley

Ultima vigilia de la Fuerza Joven Maipú!!
06/12/2013

Ultima vigilia de la Fuerza Joven Maipú!!

Sabado 16 hs. cierra la votacion!!!!
06/12/2013

Sabado 16 hs. cierra la votacion!!!!

02/12/2013

VIDEO DE PUBLICIDAD GRUPO ELITE

02/12/2013

VIDEO DE PUBLICIDAD GRUPO IMPACTO!!

Estos son los competidores del grupo Impacto realizando una publicidad!!
02/12/2013

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Estos son los competidores del grupo Elite realizando una publicidad!!
02/12/2013

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22/11/2013

Ser Joven es nunca dejar de Soñar

Cuando tenía 12 años comencé a vestirme y a sentirme como un niño. Poco a poco, empecé a convivir con niños, actuaba com...
22/11/2013

Cuando tenía 12 años comencé a vestirme y a sentirme como un niño. Poco a poco, empecé a convivir con niños, actuaba como niño y me relacionaba sentimentalmente con chicas, hasta que a los 13, 14 años asumí ante mis padres que era lesbiana.

Mi madre no me aceptó en casa. Entonces, me fui a vivir con mi papá, que también me expulsó. Busqué a mi hermano, que tampoco me aceptó.

Estaba a punto de vivir en la calle, cuando fui a trabajar a un “cyber café” en un cerro. Recibía 12 reales por día y me humillaban.

Me invitaron a vivir en la casa de un amigo. En ese lugar nadie sabía que yo era una chica, solo mi amigo. Para todos yo era Danilo. Pero las cosas empeoraron. Perdí el control. Había más bailes, en los que me relacionaba con las chicas que quería. Tuve que cambiarme de escuela y convencí a la directora de poner el nombre que yo usaba en la lista de asistencia, ni siquiera los profesores conocían la verdad.

En compensación, sufría mucho. Aunque me relacionara con muchas chicas y viviera rodeada de “amigos” porque yo mantenía los bailes. Me sentía triste, vacía, tenía depresión y ataques de pánico. No soportaba quedarme en la oscuridad, me moría de miedo.

Tenía algunos amigos que manifestaban con espíritus y estos me amenazaban de muerte. Eso empeoraba la situación.

Consumía dr**as, fumaba, bebía. A los ojos del mundo, tenía la vida que sueña cualquier muchacho. Todos querían estar conmigo, pero ninguno conocía el otro lado de la moneda. Pasaba noches llorando y pensaba que si me mataba acabaría con mis problemas.

Quería ver a mi madre, hablarle, pero mi padrastro no dejaba que me aproximara a ella. Mi padre no quería saber nada de mí. Estaba hundiéndome cada vez más.

Un día estaba en la terraza de la casa donde vivía, que estaba en obras y no tenía pared de protección, pensé en tirarme desde allí, porque yo veía que por un lado lo tenía todo, pero por el otro no tenía nada. Las personas solo se me acercaban por interés. Sentí una fuerza empujándome y caí. Solo que caí en el piso de abajo y comencé a llorar.

Fue cuando la madre de ese amigo, que es miembro de la Universal, me vio caída y me invitó a ir a una reunión. Ella creyó en mí. Al comienzo lo encontré aburrido, pero ella me incentivaba a ir y me fui sintiendo mejor cada vez que iba a la Universal.

Llegaba a las reuniones llena de angustia, destruida, y salía aliviada. La liberación demoró mucho, porque yo quería a Jesús, pero al mismo tiempo quería también usar dr**as, salir, “pasar el rato” con chicas, participar de orgías. Por eso, todavía me sentía incompleta. Hasta que me cansé de esa situación, hice una oración antes de ir a la iglesia, pidiéndole a Dios una dirección, de lo contrario, no iba a volver más.

Casi al final de la reunión, el pastor dio un mensaje de decisión. O escogía a Dios o a los deseos del mundo. Vi que Dios había respondido a mi oración. Cuando terminó la reunión fui a hablar con el pastor.

La primera cosa que hice cuando llegué a casa fue llamar a mi madre, le pedí perdón por todo y le dije que quería cambiar de verdad mi vida.

Ella no me creyó, pensaba que no iba a cambiar. Poco a poco logré volver a aproximarme a mi madre. El Espíritu Santo fue transformándome de a poco y los deseos de usar dr**as, de involucrarme con muchachas, fue saliendo.

Poco tiempo después volví a vivir en la casa de mi madre y seguí frecuentando la Universal cercana a casa (Recreio)

Todo fue cambiando. Conforme me entregaba a Dios, iba siendo transformada, hasta ser transformada por completo, por dentro y por fuera. Comencé a dejarme crecer el pelo, a ser mujer en la actitud y en la apariencia.

Un día fui a visitar al amigo que me había ayudado, solo que allí muchos pensaban que yo era un hombre. Ese momento fue un divisor de aguas, porque antes ya estaba caminando en la fe, pero aun me daba vergüenza enfrentar el pasado.

El cambio total fue cuando les pedí perdón a las muchachas con las que me había relacionado y a las personas a las que había engañado por haberme hecho pasar por hombre. Había sido chantajeada por algunas personas que querían revelar mi real identidad, pero cuando decidí contar la verdad, ellas no tuvieron nada que decir.

Antes, nadie quería estar cerca de mí, era considerada como un mal ejemplo. Hoy es diferente. Mi madre, que no quería estar cerca, hoy se enorgullece de tenerme como hija y ve a Jesús en mí. Las personas me miran y me ven como un ejemplo. Me liberé de la homosexualidad, de las dr**as y de la depresión.

En fin, hoy soy una nueva persona, totalmente transformada y completamente feliz, y todo ese cambio solo se hizo posible a partir del momento en que tuve un encuentro con Dios.

Dayane

Todo comenzó en mi adolescencia, cuando mi padre lanzó una plaga sobre mi madre diciendo que ella no sabía criarnos, y q...
22/11/2013

Todo comenzó en mi adolescencia, cuando mi padre lanzó una plaga sobre mi madre diciendo que ella no sabía criarnos, y que yo sería una pr******ta y mi hermano sería un ladrón. En esa época, yo tenía alrededor de 12 años y mi hermano 13. Cuando cumplí 15 años y mi hermano 16, las plagas de mi padre se cumplieron en nuestras vidas. Comencé a prostituirme y mi hermano comenzó a robar, cayendo preso a los 17 años de edad.

Comencé a frecuentar bailes en la villa y me volví adicta a la ma*****na, al lanzaperfume y, principalmente, a las bebidas alcohólicas. Quedaba en situaciones deplorables a causa de las dr**as. Huía de casa, me peleaba con mi madre, era un verdadero in****no. Y cada vez más me hundía más en el mundo de la prostitución. A veces hasta conseguía algunos trabajos formales, pero a causa de que ganaba poco terminaba volviendo a la prostitución. Por momentos incluso quería salir de esa vida, pero era más fuerte que yo, pues lo peor que existe es que alguien se acueste con un hombre no por amor, sino por dinero.

Tuve relaciones fuera de la prostitución que fueron verdaderos fracasos. Cuando me gustaba una persona, no era correspondida y viceversa. Y así fue mi vida. Tomaba mucho, consumía dr**as, era una persona triste, vacía y sin perspectiva de vida. Hasta que tuve una relación con una persona en la cual pensé que finalmente mi vida iba a cambiar. En vez de eso, solo empeoró, pues aún así continuaba siendo la misma persona triste y vacía. Mi fondo del pozo fue cuando esa persona cayó presa. Allí me encontré en total desesperación y casi entré en depresión. Fue cuando recibí una invitación para ir a la iglesia. Al comienzo no acepté la invitación, pues hacía muchas tonterías y no pensaba en dejar de practicarlas. Hasta que un día, estaba tan triste que decidí aceptar y fui.

Llegando allá, participé de la reunión y, a partir de entonces, hice un voto con Dios y dije que si realmente Él existía, sacaría a esa persona de prisión; y yo iba a ir todos los domingos a la iglesia. Esa misma semana él salió de prisión y tuve que honrar mi palabra e ir a la iglesia todos los domingos. Sin embargo, salía de la iglesia directo hacia el bar a tomar. Fue cuando, un domingo, decidí entregar mi vida de hecho y de verdad en las manos del Señor Jesús. Desde entonces, todo cambió. Me bauticé en las aguas, intenté traer a mi ex compañero a la iglesia, pero en una oración Dios me dijo que era más fácil que esa persona me sacara de la iglesia, en vez de que se convirtiera. Decidí oír la voz de Dios y terminar esa relación, pues tuve la consciencia de que Él tendría algo mucho mejor para mí.

Mi vida fue totalmente transformada. Recibí el Espíritu Santo, tengo paz dentro de mí y una alegría que en este mundo nunca tuve. Me liberé de la prostitución, de las dr**as y del vicio de la bebida. Hoy formo parte de la Fuerza Joven Universal de Del Castilho, y tengo la oportunidad de ayudar a las personas que sufren como yo sufrí. Recientemente fui bendecida por Dios siendo levantada a obrera y así recibí un arma más para deshacer las obras del diablo.

Ana Paula

A los 25 años de edad Wallace Hora es miembro del Grupo Fuerza Joven Universal y se declara una persona feliz por vivir ...
22/11/2013

A los 25 años de edad Wallace Hora es miembro del Grupo Fuerza Joven Universal y se declara una persona feliz por vivir de manera digna, por estar reintegrado a la sociedad.

Abandonado por la madre siendo aun niño, Wallace era atendido en todo por su padre, que pensaba estar dándole lo mejor a su hijo. A los 14 años probó el ci******lo, enseguida comenzó a consumir ma*****na, co***na y crack. Como si fuera poco consumirlos, Wallace empezó a traficarlos y a cometer asaltos para sustentar el vicio.

Fue detenido cinco veces. El joven no medía esfuerzos para lograr lo que quería. En uno de los asaltos, completamente drogado, asaltó a una joven que tras haber sido despojada de sus pertenencias, volvió al lugar donde el delito había sido cometido, acompañada por un policía. Notando lo que sucedía, Wallace sacó su arma y disparó contra el agente, pero ninguna de las balas salió del arma. Inmediatamente el policía contestó al ataque con cinco tiros pero ninguno alcanzó al joven.

Para el padre de Hora, su hijo se estaba convirtiendo en un caso perdido y a causa de eso lo consideraba la peor decepción de su vida. La desesperación era tanta que en el intento de proteger a su primogénito, José Machado llegó a apuntar con un arma a Wallace y amenazó matarlo antes que la policía lo hiciera. “Mi padre perdió el sentido de su vida por mi culpa. Él pensaba que no había más salida para mí.”, recuerda.

Pero nada de eso hizo que el joven saliera de la marginalidad. Cada vez que discutía con su padre se iba de su casa y, lleno de ira, consumía todavía más dr**as.

Cuando fue detenido por quinta vez, Wallace comenzó a reflexionar acerca de sus actitudes. Su imagen era transmitida en los medios locales como la de un peligroso traficante. A pesar de haber sido capturado junto a otros dos muchachos, él fue considerado como el dueño de los estupefacientes encontrados, por ser el único con antecedentes en la policía. Se sintió humillado por los informes que lo acusaban como jefe del narcotráfico. “En la versión de ellos (del programa), yo quedé como el peor traficante. Ironizaban y me humillaban mucho. A pesar de eso, el milagro sucedió y fui liberado en 15 días. Dios ya tenía planes para mí”, afirmó.

Estando en prisión comenzó a oír el programa “Momento del Presidiario” y decidió escribirle al obispo que hacía la programación. Le pidió a su padre que llevase la carta pero él se rehusó, diciendo que no le gustaban las iglesias. Entonces el joven, ni bien salió de la cárcel, decidió bautizarse y fue a la iglesia, donde conoció el trabajo de la Fuerza Joven Universal.

“Allí encontré una familia. Ellos me trataron con todo cariño y atención. Me sentí valorado. Los obreros y pastores me trataban como a un hijo. Hoy yo odio y tengo pavor de cualquier tipo de droga, y estoy aquí para ayudar a otras personas a salir de los vicios”, afirmó Wallace Hora, que hoy es Coordinador Estatal del Programa “Dosis Más Fuerte” de la Fuerza Joven de Bahía.

Este es el resultado del trabajo que ha revolucionado a la juventud bahiana. Nosotros creemos que todos tienen salida. Nosotros creemos en ustedes.

Sidnei tenía 12 años. Era uno de cuatro hermanos, el segundo más grande. Antes de él venía Rosana, de 13; después Cristi...
22/11/2013

Sidnei tenía 12 años. Era uno de cuatro hermanos, el segundo más grande. Antes de él venía Rosana, de 13; después Cristina, de 8, y Cristiano, de 5. Su madre era manicura, sin trabajo fijo. El padre era chapista. El ingreso de los dos no garantizaba el sustento de la familia. El vicio unía a la pareja, que tomaba en exceso.

El padre de Sidnei llegaba a casa alcoholizado y golpeaba a la madre. Los golpes alcanzaban a todos los hermanos en secuencia, pero él era el que más sufría. El color de la piel y la descendencia indígena hacían de él el elegido para ser doblemente golpeado. Era el más parecido a la madre. Y no fueron pocas las veces en las que sufrió bajo los puños del padre alcohólico.

La bola de nieve del sufrimiento

La familia de Sidnei continuaba como la de muchos brasileños, en la cuerda floja. Sin residencia fija, pues faltaba dinero para pagar el alquiler, el muchacho, los hermanos y los padres vivían de prestado con amigos o parientes. Cambiaban de domicilio cada vez que el padre tomada demasiado y exageraba en los golpes. Por las circunstancias de la vida, la pareja terminaba volviendo a vivir juntos.

Sidnei no sabe contar qué fue lo que exactamente sucedió, pero su madre murió. Él especula que habría ocurrido un error médico, después de que ella sufrió una cirugía en el estómago. Tenía cáncer, y tuvo un paro cardíaco causado por algún medicamento, cuando fue a hacerse un examen de rutina. Y si la violencia paterna, siempre presente, ya era un mal insoportable, sería la palanca de lo que estaría por venir en la vida del muchacho.

Punto de partida

Pasados 8 meses de la muerte de la madre, los golpes continuaban. Esa noche, como era de costumbre, el padre llegó a casa y le dio una paliza a Sidnei y a sus hermanos. Sin embargo, sucedió algo diferente. El padre le dislocó la retina al joven. Por primera vez Sidnei respondió. Aún mareado por el aguardiente, el padre agarró un arma de fuego y apuntó a la cabeza del muchacho. Lo amenazó de muerte y no le dio alternativa, a no ser irse de la casa.

Su hermana mayor se fue a vivir con el novio. Los dos hermanos más jóvenes se quedaron con el padre, pero Sidnei se fue. Se fue a la calle. Se convirtió en un "sin techo". Algún tiempo después, fue encontrado por el novio de la hermana, que lo invitó a que viviera con ellos. Pero la situación era complicada. Sidnei no tenía trabajo, no tenía estudios. Viviendo en la casa de personas que, la mayoría, no eran sus familiares, no se adaptó.

Camino a la perdición

El tiempo pasó y el muchacho volvió a las calles. A los 16 años, comenzó a conocer el mundo. Se convirtió en un camarero. Trabajaba en un restaurante en el centro de Curitiva. En un Carnaval, conoció la prostitución y las primeras dr**as: ma*****na y co***na. El adormecimiento momentáneo lo engañaba con placeres pasajeros.

Se sentía vacío. Sin buenas orientaciones; se transformaba en un vehículo perfecto para los males mundanos. El restaurante donde trabajaba cerró. Sidnei pasó a ser cuidador de autos junto a un amigo, frente a una discoteca. Por tener el cabello largo y negro, muy parecido a su madre, ganó el apodo "Indio".

Enseguida, el joven comenzó a trabajar en una discoteca. Se hizo tatuajes por todo el cuerpo. El involucrarse con el tráfico de dr**as llegó rápido y fácil. Sidnei seducía a chicas y, además de narcotraficante, se volvió proxeneta. Pasó a ser temido. Peleaba todas las noches y se volvió adicto a la co***na. Igual que su padre, tomaba exageradamente. Buscaba algo frenéticamente, pero no sabía qué. "Ya que Dios no me quiso, el diablo me quiere", pensaba.

Se involucró con motoqueros. Viajó a Rio de Janeiro y a San Pablo haciendo alborotos por el camino. Una vida de excesos, con dr**as, s**o y peleas. Sidnei revela que las diferentes mujeres con quienes se relacionó se hicieron varios abortos de hijos suyos.

Hermana del cambio

Sidnei comenzaba a dar señales de cansancio. Vivió durante un tiempo con una pr******ta, que lo aconsejaba a dejar esa vida. Hoy, evalúa que Dios la usó para intentar cambiar su vida. La relación entre los dos no duró, pero la idea que ella le dio permaneció en la mente del joven: un cambio.

Cierto día, decidió visitar la Iglesia Universal, aun ante todos los prejuicios que tenía en relación a la institución y a su líder. Sidnei fue en bermuda, ojotas, remera, con los tatuajes a la vista y el pelo suelto. En el fondo, estaba curioso por saber cómo sería tratado y qué vería allá. Pensaba que, por su apariencia, asustaría a las personas, pero fue bien recibido.

Ser bien tratado fue una buena experiencia, pero la gran sorpresa de Sidnei fue toparse con su hermana menor, Cristina. Ella era obrera y alentó al hermano a participar de los encuentros y a conocer a la Universal más de cerca.

De a poco, la vida del muchacho fue transformándose. Decidió dejar el trabajo en la discoteca. Fue a cargar cajas en el mercado municipal. Buscó entenderse con el padre, que pasó por una clínica de rehabilitación y llegó a vivir con él durante un tiempo. Él reconoce que fue difícil perdonar al padre, pero fue necesario, para poder proseguir con su vida.

Una tragedia más

Sidnei había perdido el contacto con su hermano más chico. Sin perspectivas, el menor de la familia entró en el mismo camino que él y se involucró con las dr**as. Sin notarlo, Sidnei se había transformado en un ejemplo para el hermano. Un mal ejemplo. El padre de ambos ya no tenía control sobre Cristiano, y la tragedia se anunciaba.

Pasando por problemas de salud, el joven fue internado en un hospital en la ciudad de São José dos Pinhais (PR). Después que salió de allá, la familia no tardaría en recibir la noticia de la muerte de Cristiano. Sidnei tuvo la difícil misión de reconocer el cuerpo, encontrado en una zanja. La causa de la muerte fue insuficiencia respiratoria. Sidnei tuvo que cambiarle la ropa al cuerpo del hermano y ponerlo en el cajón. El padre y las hermanas no tenían consuelo.

Decisiones

Él estaba realmente cansado del sufrimiento. En la muerte del hermano juró entregarle la vida a Dios. Ya no era un chico. Necesitaba sentar cabeza. Participaba con ahínco en las reuniones y de la Fuerza Joven. Permaneció y allí recibió el apoyo y la atención que necesitaba en la decisión más importante de su vida.

Los amigos no comprendían lo que estaba sucediendo en su vida y lo cuestionaban al respecto. Como símbolo del cambio, se cortó el pelo, que eran la pasión de la fallecida madre. Tardó casi 3 meses para ser levantado a obrero, pero él cree que sucedió como tenía que ser.

Sidnei siguió el consejo de un pastor y se casó con una obrera que conoció en la Iglesia. Hizo cursos y se esmeró, hasta que, cierto día, el extrañado obispo Renato Maduro llamó a la pareja para conversar. Sidnei fue invitado a ser pastor.

Hoy, a los 38 años, el pastor Sidnei Castelhano es el responsable regional por el trabajo evangelístico en Guaíra, ciudad paranaense en la frontera de Brasil con Paraguay. Él y su esposa, Miriam, de 35 años, están casados hace más de una década y son muy felices. El cambio llegó de una vez por todas a su vida, que no cambia su realidad por el mundo de ilusiones, vicios y sufrimientos que ya vivió.

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