19/11/2025
La llamada “risa santa” es un fenómeno contemporáneo descrito como episodios de risa incontrolable, carcajadas prolongadas, colapsos físicos y reacciones emocionales intensas que algunos atribuyen a la obra directa del Espíritu Santo, donde muchos falsos maestros como Cash Luna, Guillermo Maldonado, y el conocido autodenomiado profeta Hernan Acosta, promueven esta herejia.
Sin embargo, cuando analizamos rigurosamente este fenómeno a la luz de la revelación bíblica, descubrimos que no existen bases doctrinales, históricas, ni teológicas que respalden este tipo de manifestación como obra del Espíritu Santo, pero siempre lo atribuyen a sus supuestas “experiencias”.
La teología bíblica enseña que toda experiencia espiritual debe ser evaluada por la Palabra, no por emociones humanas ni sensaciones subjetivas. Jeremías 17:9 recuerda que “el corazón es engañoso más que todas las cosas”, lo que demuestra que las emociones, incluso las que parecen espirituales, no son indicadores de verdad.
En toda la Escritura, la risa es una respuesta emocional ambigua: puede expresar burla (Salmo 59:8), incredulidad (Génesis 18:12), amargura (Proverbios 14:13) o simple entretenimiento. Nunca se presenta como evidencia de llenura del Espíritu Santo.
Por el contrario, cuando la Biblia describe la obra del Espíritu en el creyente, presenta lo opuesto: dominio propio (Gálatas 5:22-23). Si el fruto del Espíritu incluye autocontrol, ¿cómo puede el Espíritu producir estados donde la persona pierde el control?
Más aún, Jesús, el hombre más lleno del Espíritu, nunca manifestó nada parecido a una risa descontrolada, tampoco los apóstoles ni la iglesia primitiva. En ningún momento la Escritura relaciona gozo espiritual con pérdida de conciencia o control físico.
El gozo bíblico es profundo, reverente, consciente, transformador, no cómico o dramático, ni emocionalmente caótico.
Pablo, en 1 Corintios 14, establece criterios claros para evaluar cualquier manifestación espiritual:
✔ Debe ser comprensible
✔ Debe ser ordenada
✔ Debe ser edificante
✔ Debe promover paz, no confusión
✔ Debe apuntar a la edificación del cuerpo, no al espectáculo emocional
La risa incontrolable no edifica, no enseña, no instruye, no comunica doctrina y produce confusión, no paz. Por lo tanto, no coincide en lo absoluto con la obra del Espíritu Santo, sino con una experiencia psicológica colectiva, manipulación emocional, o incluso fenómenos de sugestión o imitación.
La Escritura advierte repetidamente que no todo lo que parece “espiritual” proviene de Dios (1 Juan 4:1). Satanás puede disfrazarse como ángel de luz, y las emociones pueden imitar manifestaciones espirituales genuinas.
Entonces, la “risa santa” no es un fenómeno bíblico, no refleja la obra del Espíritu Santo, y contradice directamente el carácter ordenado, edificante y autocontrolado que el Espíritu produce.
Pero… ¡el Espíritu Santo trae gozo! ¿Por qué no podría traer risa?
Sí, el Espíritu trae gozo (Gálatas 5:22), pero nunca lo manifiesta como pérdida de control o risas similares a hienas. El gozo espiritual es sobrio, consciente y edificante, no es descontrolado ni desordenado.
Jesús tuvo gozo perfecto… y jamás se describe riendo incontrolablemente.
El gozo del Espíritu produce fruto, no caos emocional.
En Pentecostés parecían borrachos. ¿No demuestra eso que el Espíritu puede provocar cosas extrañas?
Hechos 2 dice que parecían borrachos a los que estaban lejos, no que actuaban borrachos.
Lo que realmente pasaba era que hablaban en idiomas reales, con claridad, con propósito, proclamando las maravillas de Dios. No balbuceos como vemos en ciertos círculos cristianos.
Pablo luego aclara:
“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Co. 14:33).
Nada en Pentecostés fue irracional, ni incontrolable, ni carente de contenido.
La risa santa sí es irracional, desordenada y no edifica.
¿Acaso no podemos limitar al Espíritu Santo?
No se trata de limitarlo, sino de reconocer cómo Él mismo decidió actuar.
El Espíritu jamás contradice su Palabra, si la Palabra dice que su fruto incluye dominio propio, entonces cualquier experiencia espiritual que elimine el dominio propio no proviene del Espíritu, sino de la carne o de un engaño.
Gracia y Paz!