Parroquia San Pablo Apóstol

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San Felipe Neri, el "Apóstol de Roma".Nació en Florencia el 21 de julio de 1515. Su padre era notario; su madre murió pr...
26/05/2026

San Felipe Neri, el "Apóstol de Roma".

Nació en Florencia el 21 de julio de 1515. Su padre era notario; su madre murió pronto y lo educó su madrastra. En 1532 abandonó su casa; se marchó a San Germán, cerca de Montecasino con su tío, un comerciante rico, que quiso nombrarlo heredero y se quedó con las ganas.

Se fue a Roma en 1536, y ya no saldrá de allí; quería vivir como ermitaño laico. Vivió pobre de solemnidad; sobrevivió –entre penitencias, ayunos y mucha oración– gracias a la ayuda que le prestó durante catorce años su compatriota Galeotto Caccia, trabajador de la Aduana pontificia. Estudió filosofía en la Sapienza y teología con los agustinos. Al terminar los estudios se dedicó con todas sus energías al apostolado, montando curiosas y novedosas empresas que le dieron más de un disgusto grave.

Había que tener iniciativas porque la cosa estaba mal en la Iglesia. El Renacimiento había traído todos los ya sepultados cadáveres del paganismo. Aquellos vientos trajeron la tempestad de la herejía protestante y la Contrarreforma, de la cabeza a los pies hay ponzoña; hasta el papa Adriano VI lo ha dicho. Por todas partes hay gente pobre e ignorante, los jóvenes van y vienen sin guía.

Felipe decide poner en juego toda su imaginación y optó por el camino de la alegría, llegando a ser el conversador más simpático, afable y divertido del viejo barrio de los peregrinos; se hace encontradizo con los jóvenes, es bromista y dicharachero; con su simpatía atrae a la gente que luego se queda pegada en el imán de su bondad; organiza actividades para ejercitar la caridad con visitas a las cárceles, ayudando a estudiantes pobres, y dando ánimo a los enfermos de los hospitales.

Entremedias, comienzan a rumorearse por Roma algunos resultados más llamativos de su afán apostólico, como cuando llevaban al cadalso al antiguo intelectual dominico Paleólogo, hereje convicto y confeso; Felipe le salió al encuentro y le habló con tal entusiasmo y convicción que se convirtió.

Durante sus últimos años de laico, Felipe extendió su apostolado, en 1548 junto con su confesor Pariano Rosa fundó la Confraternidad de la Santísima Trinidad, conocida como la cofradía de los pobres, para ocuparse de los peregrinos y convalecientes. Sus miembros se reunían para la comunión, la oración y otros ejercicios espirituales en la Iglesia de San Silvestre in Campo.

Con treinta y seis años, «Pippo Buono» –Felipe el Bueno– se decidió a hacerse sacerdote; tardó tanto en su decisión, por un pronunciado sentimiento de indignidad; era el 1551. Se retiró a la iglesia de San Girolamo della Caritá, –San Jerónimo de la Caridad–. Empezó bien para ganar más en humildad; un día, ya revestido con alba vieja no muy limpia y ornamentos de desecho le impidieron celebrar la misa porque se habían enterado de que animaba a los sacerdotes a celebrar diariamente la Eucaristía, y a los fieles a que comulgasen con frecuencia.

Bonsignore Cassiaguerra, que acababa de ser elegido superior de la casa, lo ayudó porque compartía sus ideas; luego se les añaden Tarugi, senador romano que llegó a ser arzobispo de Avignon, y Baronio. Con estos apoyos, el apostolado cobra intensidad: interminables horas de confesonario, incremento de las visitas a enfermos en hospitales, y atención a la afluencia de discípulos, que se reúnen en una especie de desván habilitado para rezos, cánticos e instrucción religiosa.

Procura diversión sana para la juventud. ¡Organizó muchas y frecuentes procesiones populares! sin tumulto ni degeneración profana; rezando, cantando y caminando entre las siete Basílicas, con comida en pleno campo, y durando un día; aquellas manifestaciones multitudinarias adquirían especial solemnidad, folclore, y parafernalia con aditamentos juveniles expresivos, principalmente durante el carnaval romano. Claro que aquella manera de proceder no fue a gusto de todos. Hubo gente muy seria y conspicua a la que le pareció extraño en exceso aquel apostolado. La Inquisición se interesó por Felipe y menos mal que el papa Paulo IV se quedó prendado de él; con Pío V se le prohibieron las procesiones y vigilaron su predicación; les parecía que tanto éxito se basaba en la excentricidad.

Su principal obra fue la fundación del Oratorio. Lo nombraron rector de la iglesia de San Juan Bautista de los florentinos; el papa firmó una bula en 1575 por la que instituía en Congregación de sacerdotes y clérigos, dándole la iglesia de la Vallicella, en la Vía Giulia, y el nombre de Oratorio, al grupo de clérigos que habían ido agrupándose en torno a Felipe; se gobernarían por los sencillísimos estatutos que para el orden y vida en San Jerónimo había dejado escritos Felipe.

Ni quiso, ni aceptó una extensión fuera de Roma, como tampoco permitió vincular una casa con otra, porque el único vínculo que él quería entre los sacerdotes del Oratorio era el de la caridad, tratando de santificarse sin votos especiales con los consejos evangélicos, y que la dirección de cada casa estuviera bajo el cuidado de un rector autónomo elegido cada tres años.

Con la oración, recibió abundantes gracias místicas y sufrió frecuentes éxtasis en la mejor hora, la de la acción de gracias después de celebrar. En una de esas trepidaciones, se le rompieron algunas costillas, como lo demostró la autopsia.

Ya anciano, en una carta del 7 de abril de 1595 a Florentino Vittorio, se encomendaba a sus plegarias «de lo que tengo tanta mayor necesidad en cuanto que, acercándome a la muerte, no conozco haber hecho algún bien». Tras sentir su muerte, destruye sus cartas y escritos, según los propios oratorianos; los escritos no han de haber sido muchos, pero quizá sí tenía una gran correspondencia.

El 22 de mayo de 1595 sufría una hemorragia y el Cardenal Borromeo le administró el Viático. Se recuperaba brevemente y volvía a decaer. El jueves 25 de mayo, fiesta del Corpus Christi, recibió a penitentes y a los cardenales Cusani y Borromeo. Celebraría al medio día su última Misa y por la tarde escuchó confesiones.

Por la noche hizo que le leyeran la vida de San Bernardino de Siena. Se fue a descansar y envuelto en hemorragias y sentado en su cama lo encontraría en la noche el padre Gallonio. Llamaron al médico y fueron los padres del oratorio, todo era inútil. El padre Baronio, prepósito, recitó la recomendación del alma y pidió al Padre la última bendición. Felipe, siempre sentado en la cama, sonriendo a los suyos, abrió los ojos, los tuvo fijos hacia lo alto, los puso sobre cada uno y los cerró para siempre. Eran cerca de las tres de la mañana del nuevo día, 26 de mayo.

El Papa y los miembros del Colegio cardenalicio, innumerables eclesiásticos y religiosos (los novicios de la Minerva acudieron juntos, «de dos en dos, llorando todos»), junto con un gentío del pueblo, de todas las clases; fue un obsequio unánime, hacia aquel que quedará para siempre con el título de «Apóstol de Roma».

El bendito cuerpo fue primero colocado en la sepultura común de los padres, pero al día siguiente, tras la insistencia de los cardenales de Médici y Borromeo, se coloca provisionalmente en un lugar separado en vista de la veneración de tanto hombre, por parte de la Iglesia. Reabierto el féretro, el cardenal de Médici puso en el dedo de los restos su anillo episcopal, adornado con un precioso zafiro.

Tres meses después de su muerte fue abierta su Causa de Canonización y el Padre Antonio Gallonio compuso la biografía del padre Felipe. El 11 de abril de 1615, se concedió celebrar el oficio y la Misa en honor del Padre, lo cual equivalía a la beatificación (no en uso todavía). Varias causas hicieron retardar la canonización, que llega por fin a cumplirse con Gregorio XV, el 12 de marzo de 1622, junto con la de los Santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús e Isidro Labrador.

Domingo de Pentecostés.Pentecostés es junto con Pascua de Resurrección, una de las fiestas más importantes para la Igles...
24/05/2026

Domingo de Pentecostés.

Pentecostés es junto con Pascua de Resurrección, una de las fiestas más importantes para la Iglesia. En una se nos recuerda la labor redentora de Cristo, el cual, siendo inocente, cargó con nuestra culpa y pecado para que tuviéramos vida, y además en abundancia. En la otra, se celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Santísima Virgen María, cuando se encuentran reunidos en oración en el Cenáculo, en Jerusalén.

Pentecostés se celebra a los cincuenta días del Domingo de Resurrección, y tras la festividad de Ascensión. Por lo que respecta al origen de esta fiesta, existen varias tesis. Para unos, se trata de una celebración con la que el Pueblo de Israel agradecía a Dios la abundancia de las cosecha. Para otros, era un símbolo de la Alianza de Dios con su pueblo que culmina con la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés, en el Sinaí.

Pentecostés es el Espíritu Santo, es la promesa viva hecha por Jesucristo cuando estuvo en la tierra. Su sacrificio era fundamental para la salvación del hombre, no en vano su muerte abrió el acceso a todos los cristianos al Sancta Sanctorum, en el antiguo templo. Un lugar reservado únicamente al sacerdote, tras pasar un largo proceso de purificación.

Su Resurrección y la Ascensión al cielo no han dejado al hombre solo. Era necesario que el Paráclito viniera a la tierra. Desde entonces, el Espíritu ha estado actuando, animando y guiando a la Iglesia, y a los cristianos, por las vicisitudes y arideces de los tiempos y del mundo.

Al igual que ocurriera con los Apóstoles, a los que sacó de su encierro y les animó a predicar, el Espíritu Santo anima a los cristianos en su diario vivir. Con sus dones, impulsa a quienes se han adentrado en la aventura de la fe a realizar actos difícilmente comprensibles para la mente racionalista, que impera en estos tiempos. Pueden ser sorprendentes, como perdonar a quien presenta una denuncia falsa para defenderse en un juicio; al jefe que despide injustamente a un empleado y que cuando éste se entera de que está enfermo acude a visitarlo; o asistir a la cárcel a entrevistarte con quien te intentó asesinar y perdonarlo.

Son, en suma, actos sólo entendibles a la luz de la fe. Si se analizan de cerca, tienen como denominador el amor y el perdón, los cuales son las vías por las que transcurre el tren de la fe en el que viaja el creyente, hasta su destino.

El final del evangelio de San Juan dice que Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Con esta frase, el evangelista no concluye su evangelio; antes bien, deja la puerta abierta a la acción del Espíritu Santo, cuyas señales y presencia acompañan al cristiano y a la Iglesia hasta la culminación de los tiempos.

22/05/2026
Santa Rita de Casia, abogada de los casos imposibles.Santa Rita nació en 1381 junto a Casia, su segunda patria, en la he...
22/05/2026

Santa Rita de Casia, abogada de los casos imposibles.

Santa Rita nació en 1381 junto a Casia, su segunda patria, en la hermosa Umbría, tierra de Santos: Benito, Escolástica, Francisco, Clara, Angela, Gabriel. Santa Rita pertenece a esa insigne pléyade de mujeres que pasaron por todos los estados: casadas, viudas y religiosas. Por otra parte, pocos santos han gozado de tanta devoción como Santa Rita, Abogada de los imposibles. Su pasión favorita era meditar la Pasión de Jesús.

Los antiguos biógrafos esmaltan su infancia de prodigios sin cuento. Lo cierto es que fue una niña precoz, inclinada a las cosas de Dios, que sabía leer en las criaturas los mensajes del Creador. Su alma era una cuerda tensa que se deshacía en armonías dedicadas exclusivamente a Jesús.

Sentía desde niña una fuerte inclinación a la vida religiosa. Pero la Providencia divina dispuso que pasara por todos los estados, para santificarlos y extender la luz de su ejemplo y el aroma de su virtud. Fue un modelo extraordinario de esposa, de madre, de viuda y de monja.

Por conveniencias familiares se casa con Pablo Fernando, de su aldea natal. Fue un verdadero martirio, pues Pablo era caprichoso y violento. Rita acepta su papel: callar, sufrir, rezar. Su bondad y paciencia logran la conversión de su esposo. Nacen dos gemelos que les llenan de alegría. A la paz sigue la tragedia. Su esposo cae asesinado, como secuela de su antigua vida. Rita perdona y eso mismo inculca a sus hijos. Y sucede ahora una escena incomprensible desde un punto de vista natural. Al ver que no puede conseguir que abandonen la idea de venganza, pide al Señor se los lleve, por evitar un nuevo crimen, y el Señor atiende su súplica.

Vienen ahora años difíciles. Su soledad, sus lágrimas, sus oraciones. Intenta ahora cumplir el deseo de su infancia; ser religiosa. Tres veces desea entrar en las Agustinas de Casia, y las tres veces es rechazada.

Por fin, con un prodigio que parece arrancado de las Florecillas, se le aparecen San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentino y en volandas es introducida en el monasterio. Es admitida, hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años, sólo para Dios.

Recorrió con ahínco el camino de la perfección, las tres vías de la vida espiritual, purgativa, iluminativa y unitiva. Ascetismo exigente, humildad, pobreza, caridad, ayunos, cilicio, vigilias. Las religiosas refieren una hermosa Florecilla. La Priora le manda regar un sarmiento seco. Rita cumple la orden rigurosamente durante varios meses y el sarmiento reverdece. Y cuentan los testigos que aún vive la parra milagrosa.

Jesús no ahorra a las almas escogidas la prueba del amor por el dolor. Rita, como Francisco de Asís, se ve sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina muy dolorosa en la frente. Hay solicitaciones del demonio y de la carne, que ella calmaba aplicando una candela encendida en la mano o en el pie. Pruebas purificadoras, miradas desconfiadas, sonrisas burlonas. Rita mira al Crucifijo y en aquella escuela aprende su lección.

La hora de su muerte nos la relatan también llena de deliciosos prodigios. En el jardín del convento nacen una rosa y dos higos en pleno invierno para satisfacer sus antojos de enferma. Al morir, la celda se ilumina y las campanas tañen solas a gloria.

Santa Rita murió en el convento de Cascia, con setenta y seis años de edad, el día 22 de mayo del año 1457. El día de su muerte, en todos los conventos agustinos e iglesias dedicadas a ella, se celebra la ceremonia de la bendición de las rosas, ceremonia especialmente famosa en su Basílica de Cascia, en Italia.

Su cadáver nunca fue sepultado y emitía una fragancia que atraía a todos los vecinos de Cascia y de la Umbría en general y ella, de inmediato, recibió culto popular. Su cuerpo permanece incorrupto, en la Basílica dedicada a ella en el monasterio de las Madres Agustinas de Casia, en Perugia.

Fue beatificada por el Papa Urbano VIII en el año 1628; se había producido un curioso milagro: el cadáver abrió los ojos y quedó bastante tiempo en levitación. Fue canonizada por el Papa León XIII el día 24 de mayo del año 1900. En dicho acto, el Papa la llamó “perla preciosa de la Umbría”.

⚜ Si deseamos ayudar a las almas santas en el purgatorio, esforcémonos en orar por ellas a la Santísima Virgen en todas ...
18/05/2026

⚜ Si deseamos ayudar a las almas santas en el purgatorio, esforcémonos en orar por ellas a la Santísima Virgen en todas nuestras oraciones, especialmente aplicándoles el Santo Rosario, que les brinda un gran alivio.

⚜ San Alfonso Liguori

⚜ La Ascensión del Señor es una gran solemnidad cristiana que conmemora el ascenso de Jesucristo al Cielo, ocurriendo 40...
17/05/2026

⚜ La Ascensión del Señor es una gran solemnidad cristiana que conmemora el ascenso de Jesucristo al Cielo, ocurriendo 40 días después de su Resurrección en el Monte de los Olivos.

Este evento marcó la finalización de su misión terrenal y su exaltación a la diestra de Dios Padre.

Durante los 40 días posteriores a la Pascua, Jesús se apareció ante sus discípulos, enseñándoles y preparándolos para su misión.

Los relatos bíblicos, que se encuentran en Lucas, Marcos y Hechos, describen las instrucciones finales de Jesús a los apóstoles, conocidos como la Gran Comisión, para predicar el Evangelio a todas las naciones y bautizar a los creyentes, con la seguridad de: "Yo estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos"
⚜ (Mateo 28:20).

El sitio tradicional de la Ascensión está a menos de una milla al este de Jerusalén en el Monte de los Olivos.

La Ascensión se celebra como una fiesta ecuménica en las tradiciones católicas, ortodoxas, anglicanas y luteranas, tradicionalmente un jueves—jueves de ascensión—40 días después de Pascua, aunque en muchas regiones se observa el domingo siguiente.

Para los católicos, es un día santo de la obligación, que requiere asistencia a la misa.

Teológicamente, la Ascensión significa la entrada definitiva de Jesús en el dominio celestial de Dios, su reinado sobre el cielo y la tierra, y la preparación para Pentecostés con la venida del Espíritu Santo para empoderar a la Iglesia.

También ofrece esperanza para la humanidad, simbolizando que donde Cristo ha ido en su cuerpo glorificado, los creyentes son invitados a seguir en la vida eterna, e inspiró la tradición de la novena, los nueve días de oración entre Ascensión y Pentecostés.

San Isidro Labrador, patrón de Madrid y de los agricultores.Nació Isidro de Merlo y Quintana en Madrid a finales del sig...
15/05/2026

San Isidro Labrador, patrón de Madrid y de los agricultores.

Nació Isidro de Merlo y Quintana en Madrid a finales del siglo XI, puede que hacia 1082, en una humilde casa cercana a la iglesia de San Andrés. Sus padres eran cristianos mozárabes, fieles a la fe que le inculcaron.

Entonces Madrid era una modesta Villa que al ser conquistada por los almorávides obligó a muchos a huir. Uno de ellos fue Isidro, cuyo primer oficio había sido el de pocero. Al llegar a la localidad madrileña de Torrelaguna comenzó a ganarse la vida como labrador.

Era un hombre humilde y sencillo, de gran corazón, que enamoró a María Toribia, con la que se desposó. Ella, también canonizada, es conocida con el nombre de santa María de la Cabeza. Después de pasar por Caraquiz y Talamanca, la pareja se asentó en Madrid. Isidro retornó al campo si bien no poseía tierras que cultivar, sino que estaba al servicio de Juan de Vargas al que conoció en Talamanca.

Juan era una especie de terrateniente, dueño de hectáreas extendidas por las riberas del Manzanares así como por barrios y aledaños de la ciudad, como los Carabancheles Alto y Bajo, Getafe, Jarama.

En casa de Vargas nacería Illán, hijo de Isidro y de María, y en ella fue objeto de uno de los numerosos milagros que se atribuyen al santo ya que la familia había establecido su morada en ese palacio.

El niño era muy pequeño cuando en un descuido se cayó al pozo, con la natural conmoción de su madre. Conocedor del hecho su padre, al regresar de su trabajo suplicó a la Virgen de la Almudena su mediación. Entonces el agua subió llegando casi a rebasar el borde del pozo lo cual le permitió extraer a Illán sin rasguño alguno.

Isidro era especialmente devoto de la Eucaristía y de la Virgen. No fue hombre versado. No conoció más paisajes que las pocas localidades que recorrió y la majestuosidad de una naturaleza que le hablaba de Dios. Así se doctoró humana y espiritualmente.

La paciencia, el tesón, la generosidad, la constancia, la esperanza, la belleza, todas las virtudes brotaban en su entorno enhebradas de silencios, rotos únicamente por la inigualable sinfonía que le acompañaba: el murmullo del agua, el trinar de las aves o el susurro del viento. Todo era imagen de Dios. Y María acunándole desde su trono en la Almudena y en Atocha.

Su camino hacia la santidad lo efectuó desde el anonimato y la sencillez de una vida colmada del amor a Dios, rubricada por la honestidad en cada uno de sus actos: responsabilidad en el hogar y en el trabajo, abnegación con todos. Un sentimiento hondo de gratitud y paz en medio de la humilde tarea que llenaba muchas de sus horas: uncir los bueyes, cuidado de los animales, poda de rastrojos, vendimia, siembra, cosecha, etc.

Su conducta quedaba realzada en medio de una sociedad dada a vivir con largueza, sumida en ciertas costumbres alejadas del evangelio. Digamos que los gestos del santo denunciaban vicios que dominaban a la clase civil y a la eclesiástica.

El pueblo llano siempre ha sabido distinguir de forma natural la grandeza de una vida que se derrama sin estridencias, pero que está ahí, haciendo germinar en derredor multitud de bendiciones, marcando la brújula de la verdad divina.

Gregorio XV dijo de él: «nunca salió para su trabajo sin antes oír, muy de madrugada, la Santa Misa y encomendarse a Dios y a su Madre Santísima». Todos se percataban de su piedad, bondad y caridad con los pobres. Su fe era tanta que alguna vez, según narra la tradición popular, los ángeles acudieron a reemplazarle en su tarea, arando las tierras para que pudiera asistir tranquilo a misa sin faltar a su trabajo.

El hecho, que forma parte de su proceso de canonización, fue contemplado por un atónito Juan de Vargas que acudió a comprobar su rendimiento laboral ante alguna denuncia que debió llegar a sus oídos en contra de Isidro. Este milagro ha sido recogido por la iconografía; es, por ello, uno de los más conocidos que se le atribuyen al santo, en cuya causa se contabilizaron más de cuatrocientos. Otros prodigios los compartió con su santa esposa, como cruzar el río Jarama sobre una mantilla.

Murió en Madrid el 30 de noviembre de 1172. Fue sepultado en el cementerio de San Andrés, de cuya parroquia era diácono Juan, redactor de su vida. En 1212 los restos del santo fueron exhumados encontrando el cuerpo intacto. El rey Alfonso VIII agradecido por la ayuda recibida por intercesión de San Isidro en la batalla de las Navas de Tolosa, construyó una capilla y donó un arca de madera para conservar el cuerpo.

Allí permaneció el cuerpo San Isidro, asta que el rey Carlos III el año 1769, después de expulsar a los jesuitas de Madrid, traslada al cuerpo a la colegiata desde la iglesia de San Andrés. Siendo el lugar desde entonces, donde se veneran sus reliquias y las de su esposa Santa María de la Cabeza.

Pablo V lo beatificó el 14 de junio de 1619. Y Gregorio XV lo canonizó el 12 de marzo de 1622, pero al fallecer éste, hubo que esperar al 4 de junio de 1724 fecha en la que Benedicto XIII expidió la bula de canonización. Aquél gran día de 1622 en la gloria de Bernini se encumbraba a los altares a un humilde campesino junto a estas grandes figuras de la Iglesia: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y Felipe Neri.

El 16 de diciembre de 1960 el Papa San Juan XXIII declaró a San Isidro patrón de los agricultores y campesinos españoles.

Fiesta en honor a Ntra Sra de Fátima- Colonia IV ❤️🙏
14/05/2026

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Novena en honor a Santa Rita 🙏❤️
14/05/2026

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