29/11/2025
A veces la vida nos deja heridos…
Golpes del alma, cansancio, pérdidas, miedos que no siempre sabemos expresar.
Y en medio de todo, así como esa oveja lastimada, yo también me he sentido roto, perdido… sin fuerzas.
Pero Él, el Buen Pastor, no me deja tirado en el camino.
Me carga en sus hombros, aun cuando ya no puedo dar un paso más.
Me sostiene con un amor que no exige perfección, solo sinceridad.
Me rescata con paciencia, con ternura, con una misericordia que no me suelta.
Hoy me reconozco en esa oveja herida…
Pero también reconozco que en cada caída, Jesús ha sido mi descanso, mi refugio y mi fuerza.
Su amor no me juzga: me levanta, me cura y me trae de vuelta a casa.