15/06/2022
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí.” (Juan 15: 15)
Duele cuando Dios quita algo de tu vida a lo que probablemente te habías aferrado, pero no te hacía crecer.
Quizá son mentiras, malos hábitos, personas, etc Sea lo que sea que te haya costado dejar, créeme que vale la pena.
Una vez escuché que hay dos tipos de dolor en esta vida: el dolor de cambiar y el dolor de no cambiar nunca. El dolor de cambiar te hace crecer, pero el otro tipo de dolor te deja estancado.
Si le has entregado a Dios tu vida, y has decidido dejar atrás todo aquello que no te edifica, recuerda que todo es un proceso. Muchas veces vamos a querer volver a lo mismo, porque es más fácil quedarnos en donde no había cambios. Pero Dios se toma su tiempo, él no se enoja, él no está apurado, él es paciente.
En Juan 15:15 menciona, que toda rama que no de fruto la cortará y todo lo que si de fruto, lo podará y lo limpiará, pero luego dice que él ya nos limpió. Dios nos dice que a pesar de que esté desarraigando cosas en nuestra vida, limpiándonos de todo aquello que no nos hace bien, él ya nos ve como su obra terminada.
Somos lo que él dice que somos, pero en el proceso Dios se encarga de transformarnos en lo que él dice que ya somos.