24/05/2026
Compartimos la homilía de nuestro Asesor Espiritual, Mons. Roberto González del 24▪︎05▪︎26, http://bit.ly/appSaludVida Disponible en nuestra app para leer y escuchar o nuestra pagina https://www.pastoralsaludlomas.com.ar/
Seamos evangelizadores como Jesús nos pidió, compartamos este mensaje con nuestros familiares y amigos.
Un saludo en el Amor de Jesús y María.
Equipo de Medios - Pastoral de la Salud y la Vida
HOMILIA
Domingo de Pentecostés
24–V– 2026
Textos:
Hch. 2, 1-11.
I Cor.: 12, 3b—7. 12-13.
Jn.: 20, 19-23.
"…cada uno lo oía hablar en su propia lengua”
Hoy celebramos el cumplimiento del misterio pascual por el que hemos sido constituidos hijos en El Hijo, sobre los que Jesús ha infundido el Espíritu Santo. Los dos grandes eventos de la Historia de la Salvación (la
encarnación del Verbo de Dios y el nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés) se realizan por obra del Espíritu Santo. Antiguamente, el don del Espíritu Santo se concedía sólo a los profetas y a unos pocos, si alguno del pueblo lo había merecido. Pero después de la venida del Salvador se
cumplió, según está escrito, lo que había dicho por el profeta Joel: “Sucederá en los últimos días que derramaré mi espíritu sobre toda carne y profetizarán (Jl. 3,1; Hch. 2,17)” (Orígenes, “De los principios, II, 7, 2”). En
Pentecostés, “la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud; se inicio la difusión del Evangelio ente los pueblos mediante la predicación”
(Ad Gentes, 4).
De la Palabra de Dios que acabamos de escuchar surgen tres aspectos de la vida de la Iglesia: La comunión, la participación y la evangelización.
El Libro de los Hechos nos enseña y recuerda que el Espíritu de Dios es ante todo un Espíritu de comunión. Pentecostés es la expresión de la comunión de los hombres y de los pueblos: “…cada uno lo oía hablar en su propia lengua”. No hay posibilidad de vivir la sinodalidad sin la gracia
del Espíritu Santo.
El Espíritu hace la unidad en el alma y la hace dócil por su acción pacificante. La comunión que es fruto del Espíritu, nos enseña San Pablo
(en la segunda lectura), es una comunión que se hace servicio al bien común, y nos ayuda a la participación de los dones que Dios nos regaló para que los
pongamos al servicio de la Iglesia y de la sociedad y esto es obra del Espíritu de Dios, porque “hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu…Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común”.
Es este Espíritu el que anima nuestro trabajo para construir la cultura del encuentro de la que habla el Papa Francisco. Toda división, ruptura, desencuentro, responden a otro espíritu y no al de Dios; el mal espíritu, el
espíritu de la división se puede instalar en una sociedad, en la familia y hasta en la misma Iglesia.
Nuestro gozo y confianza, frente al mal espíritu es saber que la gracia y la acción del mismo Espíritu recibido por todos, nos permite superar las disensiones y hallar en Él la unidad. De esto nos habla San Clemente
Romano cuando nos pregunta: “¿A qué viene entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre
nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, llegando al punto de tal
insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?” (Carta a los Corintios, 46, 5-7).
Este Espíritu que forma la fe de la Iglesia y hace su unidad, es a la vez nuestra esperanza y nuestra alegría. La Tradición Apostólica nos enseña que
en la comunión eucarística también se recibe el Espíritu Santo, esta verdad aparece con claridad en San Efrén cuando afirma que: “quien come el
Cuerpo de Cristo con fe come el fuego y el Espíritu” (Sermón para la Semana Santa, 4, 4).
Por último la evangelización se realiza bajo el aliento del Espíritu, pues al enviarlos “Yo también los envío…”, sigue la efusión del Espíritu Santo: “…sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo»”.
De tal manera que “no habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo” (E. N. 75).
Pidamos al buen Dios que envíe Su Espíritu para que:
Encienda con su luz
nuestros sentidos
infunda su amor en
nuestros corazones y,
con su perfecto auxilio
nos fortalezca.
Amén.
G. in D.