18/03/2026
Mt 1, 16. 18-21. 24a
Que hermoso tuvo que ser la casa de Nazaret, donde José utilizaba sus dones en ese humilde taller de carpintería. Donde vio crecer a Jesús, lo crio, y lo resguardo de toda maldad. Que hermoso hubiera sido estar allí, con María en la casa, cocinando, preparando ese pan que los alimentaria y daría fuerzas para continuar.
Esa casa, donde José custodiaba a su familia.
Esa casa, que adoraba al niño Dios.
Esa casa, que tendría en sus recuerdos, los primeros pasos y los primeros juegos.
Esa casa, que José habrá hecho con tanto cariño.
Esa casa, que guardaría seguramente un olor a rosas y a madera.
Un hogar donde muchos olerían ese olor a tostadas y sentirse en familia.
Que grande sería el corazón de José, para amar tanto y a la vez dejarlo todo, para confiar en Dios y su plan divino.
Cómo dijo León XIV: "José nos muestra que la presencia y la custodia son dimensiones inseparables”, “No se cuida sin estar presente, y no se está presente sin asumir la responsabilidad del otro”.
Que podamos en este día especial, ser cada vez más imitadores de San José, virtuosos y tener ese mismo amor, desbordante cómo un manantial.
Y que al igual que él, amemos a María y aún más a Cristo.