16/05/2021
Queridos hermanos y amigos, el Evangelio de este Domingo de la Ascensión del Señor, es Marcos 16, 15-20. Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación" El Señor antes de subir al cielo nos deja un mandato. Hay aquí un contenido de una gran riqueza. De tanto les propongo reflexionar sólo sobre tres enseñanzas que nos ofrece esta Palabra. 1) Un envío: "Vayan y anuncien, proclamen, la Buena noticia a todos" Jesús desaparece visiblemente pero se queda en cada uno de nosotros, en la Iglesia, para continuar su obra de salvación. Es la maravillosa misión que nos encomienda, el gran desafío de llevar Vida a los mu***os, ser puente de encuentro con el Resucitado, canales del amor de Dios, infinito y eterno, vivificador, la apasionante aventura de hacer descubrir el verdadero sentido de la vida. Lo que tenemos que tener bien claro es que se trata de un compromiso serio, ineludible, que traemos desde nuestro Bautismo. Lamentablemente no todos somos conscientes de esta enorme responsabilidad. Este anuncio consiste en presentar a un Cristo vivo que da vida nueva, vida divina y en abundancia. Pero esto no significa que el modo de hacerlo deba ser uniforme. La evangelización incluye todo, por ejemplo la acción misionera oculta de las órdenes contemplativas, o hermanos que ofrecen su oración y sacrificios por la extensión del Reino. Enfermos que son verdaderos apóstoles. Están los que cumplen la misión mediante las obras de misericordia. Otros a través de los medios de comunicación. Hay hermanos que sienten el llamado a ir a llevar la Buena noticia a lugares muy difíciles. He conocido a misioneros heroicos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, que incluso a riesgo de su vida van a proclamar el Evangelio. Es que ese ¡Vayan! les quema el corazón con una fuerza irresistible. Podemos ser misioneros con la oración, el testimonio, las obras y el anuncio directo. 2) ¿A quiénes envía el Señor? A sus discípulos, a los íntimos de su corazón. No contrata empleados. Por eso nosotros somos discípulos-misioneros, testigos del Resucitado. Como decía San Pablo VI: "El mundo no escucha a los maestros sino a los testigos" Testigos cuya regla de vida es el Evangelio, ungidos por el Espíritu, convencidos de su fe, apasionados, radiantes de amor y alegría. Es aquello que se dice "Vivir lo que se cree y anunciar lo que se vive" No se puede proclamar un mensaje que transforma la vida sin tener la experiencia de haber nacido de nuevo. Es gritar con las palabras y vivencialmente ¡Cristo cambió mi vida y soy feliz! 3) Evangelizar con poder. "Y estos prodigios acompañarán a los que crean"... Las maravillas del Señor son signos del amor y el poder de un Dios de milagros. Estos prodigios, de los cuales soy testigo, despiertan o reavivan la fe, hacen creíble el Evangelio. Así tenemos que evangelizar, con estas manifestaciones que se producen por la acción poderosa del Espíritu Santo, tal como Jesús lo prometió: "Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos .... hasta los confines de la tierra" Aquí está el secreto para una evangelización eficaz, el Bautismo en el Espíritu. De este modo nos convertimos en auténticos testigos e instrumentos para que Jesús manifieste su gloria y su poder obrando milagros, sanaciones, liberaciones, restauraciones de todo tipo. Lo afirmo desde mi propia experiencia, cantidad de conversiones se dan por estos signos que mueven al encuentro y seguimiento del Señor. La evangelización con poder aparece claramente expresada al final de este pasaje evangélico: "Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban" Evangelizar es nuestra vocación y nuestra dicha. ¡Señor bautízanos con tu Espíritu para ser apóstoles de fuego. Madre Santísima ayúdanos a responder al envío de tu divino Hijo con toda nuestra vida! Mis hermanos los quiero mucho, los abrazo fuerte y los bendigo en Jesús y María. P. Ramón