23/08/2026
Domingo 23 de agosto - Mateo 16, 13-20 - XXI Domingo durante el año
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-20
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.
Palabra del Señor.
Comentario a Mateo 16, 13-20:
¿Pensaste alguna vez, para vos, quién es Jesús? ¿Y qué harías si Jesús hoy te preguntara quién es él para vos? ¿Te preguntaste a vos mismo alguna vez esa gran verdad que todos necesitamos responder? Es la pregunta que tarde o temprano nos tendremos que hacer o, mejor dicho, tendremos que dejar que Jesús nos haga. Pero no me refiero a que podamos responder algo “teológicamente correcto”. Cosa que, si sabemos lo mínimo indispensable de nuestra fe, lo sabremos contestar. Me refiero a poder contestar, realmente, desde el corazón, pero dejando que la respuesta también venga “desde arriba”, desde el cielo. A eso me refiero.
Vos y yo, los que escuchamos la palabra de Dios cada día, los que nos acercamos a la Iglesia a enriquecernos y los que no tanto, seguramente sabremos responder todos, más o menos bien, acertando la respuesta como lo hizo Pedro, respondiendo lo que hay que responder y no como la mayoría de la gente que seguía a Jesús, pero, que, en realidad, no sabía bien quién era. Pero la cuestión no es responder de la boca par