23/11/2025
"Las plantas son más inteligentes que los animales, incluidos los humanos", Stefano Mancuso, neurobiólogo.
El científico italiano sostiene que sólo entendiendo la inteligencia vegetal podremos construir ciudades habitables, frenar el colapso climático y recuperar nuestra relación con la vida.
Director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia y una de las voces más influyentes en divulgación ambiental. A sus espaldas, 25 años defendiendo algo tan disruptivo - y tan evidente cuando lo explica - como que las plantas son seres inteligentes.
Su obra La Nación de las Plantas (Galaxia Gutenberg, 2019) es ya un referente mundial. Y su mensaje, entre la ciencia y la filosofía ecológica, es tan simple como incómodo: "O aprendemos a vivir como las plantas, o no habrá futuro posible".
La revolución de la raíz
Mancuso recuerda con nitidez el momento que cambió su carrera. Fue durante su doctorado. Observar raíces parecía una tarea menor, pero escondía una revolución.
"Los libros decían que la raíz tanteaba con pequeños golpes hasta encontrar salida. Pero lo que vi fue completamente distinto". En el dispositivo de cristal en el que la observaba, no tocaba el obstáculo.
"Mucho antes de llegar, giraba hacia la dirección más fácil y corta. Eso es comportamiento inteligente".
Aquel descubrimiento obligó a revisar décadas de biología vegetal. "Las plantas resuelven problemas sin poder escapar. No pueden huir, así que deben solucionar. Y lo hacen de formas infinitamente más creativas que los animales".
Risas entre científicos
Sus primeras publicaciones sobre memoria, comunicación o aprendizaje vegetal fueron recibidas con burla. "Incluso mis colegas botánicos pensaban que las plantas eran seres estúpidos, casi máquinas. Pero la evidencia se acumuló. Y la nueva generación escuchó".
"Los jóvenes botánicos cambiaron todo. Estudiaron mis trabajos y abrieron laboratorios para mirar a las plantas desde otra perspectiva".
Hoy la ciencia ha avanzado, aunque no al ritmo que Mancuso desearía. Y desmonta un mito frecuente: "No es verdad que todos los jóvenes estén comprometidos con el clima. Menos del 10% muestra interés real. Ese es el reto."
La carta magna de la naturaleza
En La Nación de las Plantas, Mancuso se atrevió a imaginar una constitución escrita desde el punto de vista del mundo vegetal. "No era una provocación: era un recordatorio de nuestra dependencia".
Y remata: "Estoy convencido de que en el próximo siglo las plantas y la naturaleza tendrán derechos legales. La historia funciona así: primero los hombres, luego las mujeres, después los animales… y siempre empieza igual: la gente se ríe".
Su primer artículo desafía toda visión antropocéntrica: "Las fronteras son una invención humana absurda. En la naturaleza, la respuesta al cambio climático siempre ha sido migrar". Por eso hoy encontramos especies tropicales en España: vienen para sobrevivir. Y nadie puede detenerlas.
Cooperación y regeneración
Las plantas no sólo no consumen recursos: los crean. "Al final de la vida de un árbol, el entorno es mejor que antes. En un bosque, nada vive aislado: todo está conectado por las raíces. Si un árbol necesita algo, los demás se lo dan. E incluso cuidan de los mu***os: algunos siguen vivos hoy aunque fueron cortados hace 300 años gracias al apoyo del bosque".
"Las plantas son la verdadera inteligencia colectiva del planeta". "Son más inteligentes que los animales, incluso que los humanos".
Y añade una idea que sacude por dentro: "Para los animales ser comidos es una pesadilla. Para las plantas es una estrategia: quieren ser comidas para que sus semillas se dispersen".
El futuro será vegetal
Mancuso insiste en que las plantas son el grupo de seres vivos más importante del planeta. Y quienes están realmente en peligro somos nosotros.
"Pensamos que somos la inteligencia del planeta, pero somos la especie más estúpida. Nuestro cerebro parece más una desventaja evolutiva que una ventaja". Su obra, sus proyectos y su activismo comparten una misma idea: no sobreviviremos sin cambiar nuestra mirada.
Para ello, la ciencia no basta. Sin emoción, no hay transformación. "No hemos tenido espacio para hablar de esto hasta ahora. Hoy sí. Y aunque el cambio es lento, puede acelerarse".
La educación temprana, dice, es determinante: "La naturaleza da calma, regula las emociones, mejora el sueño y la atención".
Cuando se le pregunta qué quiere dejar a las generaciones futuras, no duda: "Que la gente entienda que las plantas son inteligentes y esenciales. Y que sin ellas no sobreviviremos". Está pasando!!!
Por Ana de Santos.
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