Parroquia Cristo Rey Guernica

Parroquia Cristo Rey Guernica La parroquia se encuentra ubicada en el Partido de Presidente Perón, de la Localidad de Guernica. El área parroquial abarca el sector este del partido. y 18hs.

La fecha de erección se realizó el 24 de enero de 1966 (entrada en vigencia 19 de febrero de Misas: De lunes a sábados 18hs. Domingos: 9hs. Secretaría: De lunes a viernes de 9 a 12hs. y de 17 a 19hs. Confesiones: Jueves y viernes de 9 a 12hs. y de 16 a 18hs. Bautismos: 2dos. y 4tos. fines de semana de cada mes. Misa por enfermos y afligidos: 2do. domingo de cada mes, comienza con alabanzas 15.30hs. Misa para hombres: Los días 19 de cada mes a las 18hs.

Con inmensa alegría, la Acción Católica nos hace llegar esta invitación para conmemorar el 40° Aniversario de su fundaci...
26/08/2026

Con inmensa alegría, la Acción Católica nos hace llegar esta invitación para conmemorar el 40° Aniversario de su fundación en nuestra comunidad de Cristo Rey de Guernica.🎂🎉🥳
📜 Cuatro décadas de servicio, fe y misión (1986-2026). "Vamos, Él nos envía" Vos fuiste y sos parte de esta historia"🤗🙌. Con estas palabras, nos invitan a todos a unirnos a la celebración.
👉 Domingo 30 de agosto
☕ Merienda: 16:30 hs
🕯 Misa: 18:00 hs
Tu presencia hará que esta celebración sea aún más especial!💙

«Por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de mu**tos» (Mt 23,27)Hay Evangelios que consuelan.Y...
26/08/2026

«Por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de mu**tos» (Mt 23,27)
Hay Evangelios que consuelan.
Y hay Evangelios que vienen a descolocarnos.
Hoy Jesús no está señalando a alguien que podamos mirar desde lejos y decir: «Qué mal estaban aquellos fariseos». Hoy, si tenemos el valor de escucharlo de verdad, Jesús está señalando nuestro corazón.
Porque un sepulcro blanqueado no es necesariamente alguien que hace cosas malas. Puede ser alguien que aprendió a parecer bueno.
Y eso es mucho más peligroso.
Porque podemos aprender a sonreír cuando estamos rotos.
A decir «Dios te bendiga» mientras juzgamos por dentro.
A hablar de humildad mientras necesitamos reconocimiento.
A servir para que nos agradezcan.
A rezar para que nos vean rezar.
A hablar de santidad mientras alimentamos aquello que nos aleja de Dios.
A publicar a Jesús y, cuando se apaga la pantalla, vivir como si no existiera.
Podemos tener una vida religiosa por fuera y un corazón que hace tiempo dejó de arder por dentro.
Y quizá aquí está lo que más debería estremecernos:
¿Y si los demás admiran una versión de mí que Jesús sabe que no es verdadera?
Qué fuerte sería descubrir que hemos dedicado más esfuerzo a cuidar nuestra imagen que a cuidar nuestra alma.
Nos preocupa cómo nos ven.
Qué piensan de nosotros.
Cuántos reconocen nuestro trabajo.
Cuántos agradecen lo que hacemos.
Cuántos nos consideran buenos.
Pero Jesús pregunta algo distinto:
¿Quién eres cuando nadie te ve?
Ahí está la verdad.
Cuando nadie aplaude.
Cuando nadie agradece.
Cuando nadie sabe lo que hiciste.
Cuando puedes elegir entre hacer lo correcto o hacer lo cómodo.
Cuando nadie se enteraría de tu pecado.
Cuando tienes la posibilidad de guardar rencor y nadie te lo reprocharía.
Cuando podrías servir sin que nadie supiera que fuiste tú.
Ahí comienza a aparecer quién eres realmente.
Porque delante de Dios no existe el filtro.
Él no mira nuestro perfil.
Mira nuestro corazón.
No mira solamente nuestras obras.
Mira desde dónde las hacemos.
No le impresiona nuestra apariencia religiosa.
Le importa nuestra verdad.
Y esto puede doler, pero también puede liberarnos.
Porque Jesús no te dice esto para que te desesperes. Te lo dice para que dejes de esconderte.
No tienes que llegar delante de Él con una vida perfectamente ordenada.
Puedes llegar con tu pobreza.
Puedes decirle:
«Señor, aparento estar bien, pero estoy cansado».
«Señor, sirvo, pero a veces necesito que me reconozcan».
«Señor, hablo de perdón, pero todavía guardo resentimiento».
«Señor, digo que confío en Ti, pero sigo queriendo controlar mi vida».
«Señor, estoy cerca de las cosas santas, pero mi corazón se ha enfriado».
Y quizá esa confesión sea más santa que muchas palabras bonitas.
Porque Dios puede transformar un corazón que se reconoce pobre; lo que no puede transformar es un corazón que insiste en esconderse detrás de una apariencia.
Por eso hoy Jesús no te está pidiendo que blanquees más el sepulcro.
Te está pidiendo que abras la tumba.
Que dejes entrar su luz precisamente donde no quieres que entre.
En esa herida.
En ese pecado repetido.
En ese orgullo que justificas.
En esa necesidad de aprobación.
En ese resentimiento que alimentas en silencio.
En esa doble vida que nadie conoce.
Déjalo entrar.
Porque Cristo no vino a decorar nuestras tumbas.
Vino a resucitar lo que estaba mu**to.
Y quizá esta sea hoy la conversión que necesitamos: dejar de preocuparnos tanto por parecer santos y comenzar a permitir que Jesús nos haga santos de verdad.
Que no haya una versión de nosotros para la Iglesia y otra para la vida privada.
Que no haya un Jesús para las redes y otro para nuestras decisiones.
Que nuestra oración y nuestra vida comiencen a hablar el mismo idioma.
Que lo que mostramos por fuera sea simplemente el reflejo de lo que Cristo está haciendo por dentro.
Porque al final, cuando todo se apague, cuando desaparezcan los aplausos, cuando ya nadie mire nuestra imagen, solo quedará la verdad de nuestro corazón delante de Dios.
Y entonces quizá la pregunta no sea: «¿Parecía una buena persona?»
Sino: «¿Dejé que Jesús me transformara?»
Hoy, antes de mirar el sepulcro de otro, mira el tuyo.
Y dile a Jesús:
«Señor, si hay algo mu**to en mí, no quiero seguir maquillándolo.
Hazlo nuevo.
Prefiero tu verdad que mi apariencia.
Prefiero ser transformado por Ti que admirado por los demás.»
Porque la santidad no consiste en que nadie descubra nuestras miserias.
Consiste en dejar que Jesús entre en ellas y las convierta en lugar de encuentro con su misericordia.
Preguntas para el corazón
— ¿Quién soy cuando nadie me ve y no tengo que demostrarle nada a nadie?
— ¿Qué estoy maquillando delante de los demás que Jesús me está pidiendo entregar y sanar?
— ¿Quiero realmente ser santo, o solamente quiero que los demás piensen que lo soy?
Oración
Jesús, hoy no quiero esconderme.
Tú conoces mi corazón
mejor que yo mismo.
Conoces mis luces
y conoces mis sombras.
Entra donde no quiero que nadie entre.
Rompe mis máscaras.
Desarma mis apariencias.
Purifica mis intenciones.
Sana mis heridas.
Resucita lo que se ha mu**to en mí.
No permitas que me acostumbre a parecer cristiano sin vivir como discípulo.
No quiero una santidad de escaparate.
Quiero pertenecerte de verdad.
Que cuando nadie me mire,
siga siendo tuyo.
Que cuando nadie me aplauda,
siga amando.
Que cuando nadie me reconozca,
siga sirviendo.
Y que mi vida no sea un sepulcro cuidadosamente adornado,
sino un corazón habitado por Ti.
Jesús, antes que parecer santo,
hazme santo.
Antes que parecer tuyo,
hazme verdaderamente tuyo.

Mirza Deras, r.a.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Mateo 23, 27-32En aquel tiempo, Jesús dijo:«Ay de vosotros, escri...
26/08/2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de mu**tos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el as*****to de los profetas!" Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».

Palabra del Señor

«Limpia primero por dentro la copa» Mt 23,23-26Hay palabras de Jesús que acarician el alma y hay otras que la despiertan...
25/08/2026

«Limpia primero por dentro la copa» Mt 23,23-26
Hay palabras de Jesús que acarician el alma y hay otras que la despiertan. Hoy Jesús nos habla con esa firmeza que solo puede tener quien ama de verdad: «Limpia primero por dentro la copa, para que también quede limpia por fuera».
Y de pronto deja de hablar de los fariseos y comienza a hablar de nosotros.
Porque qué fácil es cuidar lo que los demás pueden ver. Cuidar la imagen, las palabras, las formas, el servicio, incluso nuestra apariencia de personas buenas. Podemos aprender a hacer muchas cosas correctamente y, sin darnos cuenta, acostumbrarnos a vivir una fe que se ve bien por fuera, mientras por dentro el corazón comienza a cansarse, endurecerse o buscar otras cosas.
Jesús no está despreciando nuestras obras. No está diciendo que no importa lo que hacemos. Está preguntándonos desde dónde lo hacemos.
Porque puedo servir y necesitar que me agradezcan.
Puedo rezar y estar lejos de Él.
Puedo hablar de santidad y seguir alimentando resentimientos.
Puedo hacer mucho por los demás y no saber amar de verdad.
Puedo estar muy ocupado con las cosas de Dios y dejar de estar con el Dios de las cosas.
Y Jesús mira más profundo.
Él no se queda con la copa bonita. Mira lo que hay dentro.
Mira nuestras intenciones.
Mira aquello que nadie conoce.
Mira las heridas que escondemos detrás de una sonrisa.
Mira nuestras luchas, nuestros apegos, nuestras pequeñas vanidades, nuestras búsquedas de reconocimiento.
Y no lo hace para humillarnos.
Lo hace porque nos ama demasiado como para dejarnos vivir de apariencias.
Quizá por eso esta Palabra nos incomoda. Porque podemos engañar a muchos, incluso podemos acostumbrarnos a engañarnos a nosotros mismos, pero delante de Jesús no necesitamos fingir.
Él ya sabe.
Sabe cuándo nuestra oración nace del amor y cuándo solamente cumplimos. Sabe cuándo servimos por Él y cuándo necesitamos sentirnos importantes. Sabe cuándo perdonamos de verdad y cuándo solamente hemos aprendido a aparentar que no nos duele.
Y aun así permanece.
Aun así nos mira.
Aun así nos llama.
Aun así nos dice: «Déjame entrar más adentro».
Qué hermoso sería que hoy dejáramos de preocuparnos tanto por parecer santos y comenzáramos a pedirle a Jesús que nos haga santos de verdad.
Porque la santidad no es una vitrina.
La santidad comienza en ese lugar secreto donde nadie aplaude, donde nadie nos ve, donde solamente estamos Jesús y nosotros. Allí donde decidimos perdonar, aunque nadie lo sepa. Allí donde renunciamos a aquello que nos aleja de Dios. Allí donde dejamos caer una máscara. Allí donde reconocemos: «Señor, esto todavía no está bien en mí. Necesito que Tú lo limpies».
Tal vez hoy Jesús no te está pidiendo que hagas algo más.
Tal vez te está pidiendo que hagas desde un corazón más suyo lo que ya haces.
Que vuelvas a rezar no para cumplir, sino para encontrarte con Él.
Que vuelvas a servir no para ser reconocido, sino porque amas.
Que vuelvas a obedecer no por miedo, sino por confianza.
Que vuelvas a amar sin estar calculando cuánto recibes a cambio.
Porque al Señor no le interesa una vida espiritualmente maquillada.
Quiere tu verdad.
Quiere tu corazón.
Quiere entrar precisamente en aquello que todavía no está limpio.
Y quizá hoy, delante del Sagrario, no necesites muchas palabras.
Quédate.
Deja que Jesús te mire.
Y cuando encuentres dentro de ti aquello que todavía te cuesta entregar, no huyas. No lo escondas. No te condenes.
Ponlo en sus manos y dile:
«Jesús, limpia primero mi corazón.
No quiero solamente parecer tuyo.
Quiero pertenecerte de verdad».
Porque cuando el corazón comienza a ser transformado por Cristo, entonces lo de fuera deja de ser una apariencia.
Se convierte en el reflejo de lo que Él está haciendo dentro.
Preguntas para el corazón
— Si Jesús mirara hoy no mis obras, sino mis intenciones, ¿qué encontraría dentro de mi corazón?
— ¿Qué parte de mi vida estoy cuidando para que los demás la vean bonita, mientras por dentro necesito dejar que Jesús la sane y la transforme?
— ¿Qué necesito entregarle hoy a Jesús para que mi vida deje de ser apariencia y vuelva a ser una respuesta de amor?
Oración
Jesús, entra más adentro.
No te quedes en la superficie de mi vida.
No quiero esconderme de tu mirada.
Mira mis intenciones, mis heridas, mis apegos, mis luchas y todo aquello que todavía no sé entregarte.
Limpia mi corazón.
Arranca de mí todo deseo de aparentar,
toda necesidad de reconocimiento,
todo orgullo escondido
y todo aquello que me hace buscarme a mí mismo incluso cuando digo que te busco a Ti.
Enséñame una santidad sencilla, verdadera y escondida.
Que mi oración sea encuentro.
Que mi servicio sea amor.
Que mi obediencia sea confianza.
Que mi entrega sea gratuita.
Y cuando nadie me vea,
que siga siendo tuyo.
No permitas que me conforme con parecer santo.
Hazme verdaderamente tuyo

Mirza Deras, r.a.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Mateo 23, 23-26En aquel tiempo, Jesús dijo:«Ay de vosotros, escri...
25/08/2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!
Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera».

Palabra del Señor

24/08/2026

Acompañar la maternidad, cuidar la vida. Te comparto este video de Grávida para conocer y difundir su hermosa misión. 🤍

Ven y verás«Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés y los profetas: ...
24/08/2026

Ven y verás
«Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés y los profetas: Jesús, el hijo de José, de Nazaret”. Natanael le respondió: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Felipe le contestó: “Ven y verás”.»
(Jn 1,45-46)
Hay algo muy hermoso en este Evangelio que quizá podemos pasar por alto: Natanael no llega solo hasta Jesús. Alguien lo lleva.
Felipe lo encuentra y, después de haber encontrado él mismo al Señor, no se queda guardando para sí aquello que ha descubierto. Va a buscar a Natanael. Le habla de Jesús. Le anuncia lo que ha visto. Y cuando Natanael duda, Felipe no entra en una discusión interminable para convencerlo. No intenta demostrarle todo. No lo presiona. Simplemente le dice: «Ven y verás».
Qué sencillo. Y qué profundamente misionero.
Porque quizá, si hacemos memoria de nuestra propia historia, descubriremos que nosotros tampoco llegamos solos. Alguien un día nos habló de Jesús. Alguien nos invitó a una misa, a un retiro, a un grupo, a una comunidad. Alguien nos enseñó a rezar. Alguien creyó en nosotros cuando nosotros todavía no creíamos demasiado. Alguien pronunció una palabra que se quedó trabajando dentro del corazón. Alguien nos acercó al sagrario. Alguien nos habló de una vocación. Alguien, quizá sin darse cuenta, fue Felipe en nuestra historia.
Y hoy estamos aquí porque alguien nos dijo, de alguna manera: «Ven y verás».
Por eso este Evangelio no habla solamente de nuestra relación personal con Jesús. También nos pregunta qué estamos haciendo nosotros con el regalo de haberlo encontrado.
Porque existe una tentación muy sutil en la vida espiritual: recibir mucho de Dios y comenzar a vivir la fe solamente para nosotros mismos. Nos encontramos con Cristo, experimentamos su misericordia, descubrimos la belleza de la oración, recibimos una llamada, una vocación, una misión… y podemos terminar encerrando todo eso en nuestra propia historia.
Pero el encuentro verdadero con Jesús siempre abre el corazón hacia otro.
Felipe acaba de encontrarse con Cristo y ya está pensando en Natanael.
Esto me toca profundamente. Porque quizá hoy hay alguien que necesita que tú seas ese Felipe. No necesariamente alguien a quien tengas que predicarle un largo discurso. Quizá solo necesita que le digas: «Ven. Acércate. Prueba. Reza. Mira lo que Jesús puede hacer en tu vida».
Hay personas que todavía están debajo de su propia higuera. Personas decepcionadas, heridas, confundidas, cansadas de la Iglesia, cansadas de sí mismas, llenas de preguntas. Personas que dicen como Natanael: «¿De ahí puede salir algo bueno?». Quizá tienen prejuicios contra Dios. Quizá han sido heridas por personas de Iglesia. Quizá simplemente nunca han tenido un encuentro verdadero con Jesús.
Y aquí aparece nuestra responsabilidad.
No somos Jesús. Pero podemos ser el camino por el que alguien se acerque a Él.
No somos la respuesta, pero podemos señalar dónde está la Fuente. No somos la luz, pero podemos llevar una pequeña lámpara. No somos el Salvador, pero podemos decirle a alguien: «Ven y verás».
Qué hermoso sería que alguien pudiera mirar nuestra vida y pensar: «A través de esta persona descubrí un poco más quién es Jesús».
No se trata de convertirnos en personas que hablan de Dios todo el tiempo. Se trata de permitir que nuestra vida haga visible que hemos encontrado a Alguien. Que nuestra manera de amar, de servir, de perdonar, de permanecer fieles, de vivir nuestra vocación, de atravesar el dolor y de volver a levantarnos pueda despertar en otro la pregunta: «¿Qué tiene esa persona? ¿De dónde le viene esa paz?».
Porque evangelizar no es llenar cabezas de información religiosa. Es llevar a una persona hasta el umbral de un encuentro. Después será Jesús quien haga lo demás.
Mira a Felipe. No sabemos cuánto habló. No sabemos qué argumentos utilizó. Sabemos solamente que fue capaz de llevar a Natanael hasta Jesús.
Y eso debería hacernos mirar nuestra propia vocación de una manera nueva.
¿Cuántas personas ha puesto Dios en nuestro camino? ¿Cuántas están esperando que alguien les diga una palabra de esperanza? ¿Cuántas quizá no necesitan que les expliquemos más cosas, sino que les ayudemos a volver a mirar a Jesús?
Tal vez hemos recibido la fe de manos de otros para convertirnos también nosotros en manos que la entregan.
Tal vez alguien rezó por nuestra vocación y hoy nos toca rezar por la vocación de otros.
Tal vez alguien tuvo paciencia con nuestras dudas y hoy nos toca tener paciencia con las dudas de alguien más.
Tal vez alguien nos llevó hasta Jesús cuando estábamos lejos y hoy Jesús quiere utilizar nuestros pasos para acercar a otro corazón a Él.
Y aquí aparece una pregunta que no podemos esquivar: ¿quién está esperando que yo le diga «ven y verás»?
No para llevarlo hacia mí. No para hacerlo dependiente de mí. No para que admire mi fe. Para llevarlo a Jesús.
Porque Felipe no dijo: «Ven conmigo». Dijo, en realidad: «Ven y verás». Él sabía que el centro no era él. El centro era Cristo.
Ese es también el corazón de toda evangelización verdadera: que después de encontrarse con nosotros, la persona no se quede mirándonos a nosotros, sino que termine diciendo como Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios».
Y quizá esta sea una de las preguntas más hermosas que podemos hacernos hoy: ¿hay alguien que pueda decir que se acercó un poco más a Jesús porque se encontró conmigo?
Que no pasemos por la vida solamente recibiendo la gracia. Que aprendamos también a entregarla.
Que no seamos una generación que conoció a Jesús y se quedó callada.
Que alguien pueda encontrarse con nuestra vida y escuchar, de una manera u otra:
«Yo también lo encontré.
Ven.
No te prometo que entenderás todo.
No te prometo que será fácil.
Pero ven y verás.
Porque vale la pena encontrarse con Jesús».
Y después dejemos que Jesús haga lo que solo Él puede hacer.
Porque cuando Natanael finalmente se encuentra con Cristo, descubre algo impresionante: Jesús ya lo conocía desde antes.
Así trabaja Dios.
Alguien nos lleva hasta Él, y entonces descubrimos que Él ya nos estaba esperando.
Preguntas para el corazón
— ¿Quién fue ese Felipe que Dios puso en mi camino y que me ayudó a acercarme a Jesús? ¿Se lo he agradecido alguna vez?
— ¿Hay alguien hoy a quien Jesús me está pidiendo acercar a Él, no con discursos, sino con mi vida, mi oración y mi testimonio?
— Si alguien conociera a Jesús a través de mi manera de vivir, ¿qué rostro de Cristo encontraría?
Oración
Jesús, gracias por todas las personas que un día me dijeron: «Ven y verás».
Gracias por quienes me acercaron a Ti, por quienes tuvieron paciencia conmigo, por quienes rezaron, insistieron, esperaron y me ayudaron a descubrir que encontrarte valía la pena.
Ahora hazme también instrumento.
Pon en mi camino a aquellos que necesitan encontrarte y dame un corazón humilde para no llevarlos hacia mí, sino hacia Ti.
Que mi vida pueda decir sin muchas palabras:
«Ven y verás».
Y cuando alguien llegue, Señor, que pueda desaparecer yo para que aparezcas Tú.
Que muchos, al encontrarte, puedan decir como Bartolomé:
«Tú eres el Hijo de Dios.
Tú eres mi Señor».

Mirza Deras, r.a.

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Juan 1, 45-51En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le di...
24/08/2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dijo:
«Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
Natanael le replicó:
«¿De Nazaret puede salir algo bueno?».
Felipe le contestó:
«Ven y verás».
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
-«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

Evangelio de Hoy Domingo 23 de Agosto.La pregunta de Jesús atraviesa los siglos y llega directamente a mi corazón: «¿Qui...
23/08/2026

Evangelio de Hoy Domingo 23 de Agosto.
La pregunta de Jesús atraviesa los siglos y llega directamente a mi corazón: «¿Quién dices tú que soy yo?». No basta saber lo que otros dicen de Él; necesito responder desde mi propia fe y mi relación con Cristo.
Pedro reconoce a Jesús como el Hijo de Dios y recibe una misión. También mi profesión de fe debe convertirse en vida. Jesús edificó su Iglesia sobre Pedro y me invita a permanecer unido a ella, caminando con confianza junto a Él.
¿Agradezco y cuido mi pertenencia a la Iglesia que Cristo edificó sobre Pedro?
El mundo anuncia un Cristo diferente y la gente con gusto lo acepta. Nos encontramos con miles y miles de sectas cristianas que deforman el Evangelio, con gente que, de manera ingenua o consciente, práctica ritos no aceptados por la Iglesia como el New Age, el tarot, los chacras, el yoga, el reiki, el espiritismo, y tantas novedades que atentan severamente contra su vida, contra su espíritu.
Jesús dice "El que no está a mi favor, está en contra mía; y el que conmigo no recoge, desparrama" (Mt. 12, 30). Si estamos en la era de la información, la ignorancia no se justifica para practicar todo lo que mata al espíritu.
Lo que está en juego es la vida eterna. No es cualquier cosa. Esto es solo una voz. Enderecen los caminos. Esto es lo que debemos reflexionar a la hora de escuchar las propuestas religiosas que nos invitan a seguir. El día que Dios nos llame de esta vida nos daremos cuenta si nuestra decisión fue correcta. El problema es que, si no fue correcta, no tenemos ninguna oportunidad de corregir el error.
¿Quién es Jesús? Si realmente conociéramos el don de Dios. Si realmente conociéramos nuestra Iglesia. Hoy más que nunca el mundo necesita conocer a Jesús. Respóndete a ti mismo quien es Jesús. Conoce a Jesús en el mesías prefigurado en el Antiguo Testamento. Conoce a Jesús como verdadero Hombre y verdadero Dios revelado en los Evangelios. Conoce al Jesús que se le reveló a San Pablo. Conoce a Jesús que camina a tu lado todos los días. Conoce a Jesús Eucaristía que está deseoso de encarnarse en tu cuerpo y hacerte partícipe de la vida eterna. ¿Realmente conoces a Jesús?

Evangelio del díaLectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea ...
23/08/2026

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del in****no no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra del Señor

Dirección

Avenida ARTURO JAURETCHE NRO. 565
Guernica
1862

Horario de Apertura

Lunes 09:00 - 19:00
Martes 09:00 - 19:00
Miércoles 09:00 - 19:00
Jueves 09:00 - 19:00
Viernes 09:00 - 19:00
Sábado 09:00 - 19:00
Domingo 09:00 - 19:00

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