26/02/2019
“La voz del Señor es potente; la voz del Señor es majestuosa”. Salmos 29:4 (NTV)
El rhema de este año está basado en la declaración de fe de los judíos, el Shemá: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas (Deuteronomio 6:4-9). Es decir que, en todo momento, deben proclamar las verdades de Dios, y al decir que se las deben atar en el brazo, llevarlas en la frente, colocarlas en las puertas era para manifestar su identidad, para que se evidencie que son el pueblo de Dios y que creen que Su palabra no vuelve vacía.
Nuestro enfoque durante todo el año es a profundizar nuestra intimidad con Dios, a aquietar el alma y a permitir que Él nos hable. Nos estamos introduciendo más profundo en esa intimidad hacia la que supimos llegar por el camino nuevo y vivo que Cristo nos abrió; pero ahora que estamos ahí con Él, lo escucharemos con atención; por eso el lema: “Sensible a Su voz”, a la voz del Señor.
En Mateo 8 veo un interesante contraste. Por un lado, el centurión diciéndole a Jesús: “di la palabra”, y por el otro, los discípulos (que deberían haber sido los que mejor entendían Su autoridad) asombrándose de que el mar, el viento y las olas obedecen Su voz. El centurión entendía la tremenda autoridad de Jesús y Sus seguidores la desconocían. Actualmente, algunos están como esos discípulos. Si es tu caso, despierta a la Palabra Viviente que está durmiendo en tu barca. Con Su voz potente y poderosa creó las olas, ese viento y la madera para la construcción del barco; lo creó todo con Su palabra. Despierta a la Palabra -al Verbo hecho carne- para que se active el poder de Dios y la tormenta desaparezca.
Toma tiempo para leer las Escrituras, escudriña lo que te interesa y lo que no entiendas; medita en las palabras y en las enseñanzas de Jesús y permítele al Espíritu Santo que te limpie mientras lees. Dios bendice al pueblo judío porque lo pone a Él primero, afirma Su soberanía, declara que Él es el único, que no hay otro dios y enseña la Ley, la Palabra, a sus hijos. ¡Oye! Escucha lo que el Señor a través de Su Palabra está hablándote: “La voz del Señor es potente; la voz del Señor es majestuosa” (Salmos 29:4 NTV); reconoce y sujétate a Su autoridad, y proclama lo que Él dice para que toda tempestad se aquiete, toda nube negra se disipe y todo viento tenebroso que sopla desde el mismo in****no cese. “La voz del Señor es potente; la voz del Señor es majestuosa”, repite lo que Él dice.