02/06/2024
Evangelio Mc 14, 12-16. 22-25
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
El primer día de la fiesta de los panes ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”. Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: “¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?”. Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Ésta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.
Palabra del Señor.
Comentario
“Cuando el sacerdote levanta la hostia y dice: ‘Este es el sacramento de nuestra fe’, ustedes responden porque así lo sienten: ‘Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección’. Esta es la Eucaristía anuncio de la muerte del Señor, proclamación de su vida eterna, optimismo de unos hombres y de unas mujeres que saben que están siguiendo –aun en medio de la obscuridad y de la confusión de nuestra historia– la luz luminosa de Cristo”.
Oración introductoria
Hoy que celebramos la fiesta del cuerpo y la sangre de Cristo, quiero pedirte, Señor, que ilumines mi oración para saber corresponder a la inmensidad de tu amor. Te entrego, sin reservas, mi vida. Cuéntame entre ésos que quieren serte fieles, entre los que suplican tu Pan Eucarístico para transformarse en un auténtico discípulo y misionero de tu Reino.
Petición
Señor, aumenta mi fe para saber contemplarte y alabarte en la Eucaristía.
Meditación
1-.La sangre de la Antigua y de la Nueva Alianza. Cuando Moisés quiso demostrarle al Señor que el pueblo estaba dispuesto a cumplir todo lo que Él les mandaba en el documento de la alianza, “mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas como sacrificio de comunión”. La sangre de estos animales rociada sobre el pueblo fue el signo y la señal de la aceptación y cumplimiento de la Antigua Alianza. El pueblo de Israel ofrecía al Señor la sangre de los mejores animales que tenía: vacas, corderos, palomas… Los sacerdotes de la Antigua Alianza ofrecían al Señor algo que, sin duda, era para el pueblo muy valioso y, al mismo tiempo, el pueblo prometía obedecer y cumplir todos los mandatos de la Ley. En la Nueva Alianza, en cambio, Cristo se constituye en el nuevo y único sacerdote y ofrece al Señor su propia sangre, su vida. La sangre de Cristo, su vida, será, desde entonces, para nosotros la señal de la Nueva Alianza. Esto es lo que debemos entender y celebrar cuando celebramos la eucaristía. Cuando nosotros celebramos la eucaristía, Dios hace con nosotros una nueva y eterna alianza, perdonándonos todos nuestros pecados por la sangre de Cristo, por su vida, mientras nosotros prometemos cumplir el nuevo mandamiento que el Señor nos dio: amarnos unos a otros como Él nos amó. Celebrar, pues, la eucaristía es renovar la nueva y eterna alianza que el Señor ha hecho con nosotros, en la sangre, en la vida de su Hijo. La eucaristía es el memorial de la pasión y muerte de Cristo: “haced esto en memoria mía”.
2.- La eucaristía debe crear comunión. Comunión con Dios, nuestro Padre, intentando imitar, aunque sea de lejos, la comunión que siempre existió entre el Padre y su Hijo. Comunión entre todos los cristianos, en Cristo, haciendo que el mismo amor con el que Cristo nos amó nos una a nosotros y haga comunidad entre todos nosotros. Comunión entre todas las personas, porque Dios nos ama a todos y quiere que todos seamos sus hijos. Comunión con la tierra y con el universo entero, porque todo el universo es la casa y el templo de Dios. La eucaristía, en definitiva, es amor, comunión, alianza de amor entre Dios y los hombres. Porque el amor busca siempre la unión y la comunión entre todas las personas que aman.
3.- La solemnidad del Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Se cuenta, en efecto, que el año 1264 un sacerdote procedente de la Bohemia, un tal Pedro de Praga, dudoso sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Hostia santa y en el vino consagrado, acudió en peregrinación a Roma para invocar sobre la tumba del apóstol san Pedro el robustecimiento de su fe. Al volver de la Ciudad Eterna, se detuvo en Bolsena y, mientras celebraba el santo Sacrificio de la Misa en la cripta de santa Cristina, la sagrada Hostia comenzó a destilar sangre hasta quedar el corporal completamente mojado. La noticia del prodigio se regó como pólvora, llegando hasta los oídos del Papa Urbano IV, que entonces se encontraba en Orvieto, una población cercana a Bolsena. Impresionado por la majestuosidad del acontecimiento, ordenó que el sagrado lino fuese transportado a Orvieto y, comprobado el milagro, instituyó enseguida la celebración de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Al poco tiempo el mismo Papa Urbano IV encargó al insigne teólogo dominico, Tomás de Aquino, la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Fue él quien compuso, entre otros himnos, la bellísima secuencia "Lauda Sion" que se canta en la Misa del día, tan llena de unción, de alta teología y mística devoción. El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral que se erigiría en la ciudad de Orvieto para custodiar y venerar la sagrada reliquia.
Después de esta breve noticia histórica, parece obvio el porqué de esta celebración. La Iglesia entera -fieles y pastores, unidos en un solo corazón- quiere honrar solemnemente y tributar un especial culto de adoración a Jesucristo, realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía, memorial de su pasión, muerte y resurrección por amor a nosotros, banquete sacrificial y alimento de vida eterna.
La Iglesia siempre ha tenido en altísima estima y veneración este augusto sacramento, pues en él se contiene, real y verdaderamente, la Persona misma del Señor, con su Cuerpo santísimo, su Sangre preciosa, y toda su alma y divinidad. En los restantes sacramentos se encierra la gracia salvífica de Cristo; pero en éste hallamos al mismo Cristo, autor de nuestra salvación.
Diálogo con Cristo
Señor, desde aquel primer Jueves Santo, cada Misa que celebra el sacerdote en cualquier rincón de la tierra tiene un valor redentor y de salvación universal. No sólo "recordamos" tu Pascua, sino que "revivimos" realmente los misterios sacrosantos de nuestra redención, por amor a nosotros. ¡Gracias a ellos, nosotros podemos tener vida eterna! Ofrecemos nuestras oraciones a ti por ellos.
Propósito
Ojalá que, a partir de ahora, vivamos con mayor conciencia, fe, amor y gratitud cada Santa Misa y acudamos con más frecuencia a visitar a Jesucristo en el Sagrario, con una profunda actitud de adoración y veneración. Y, si de verdad lo amamos, hagamos que nuestro amor a El se convierta en obras de caridad y de auténtica vida cristiana. Sólo así seremos un verdadero testimonio de Cristo ante el mundo.