Capilla Nuestra Señora De Lourdes

Capilla Nuestra Señora De Lourdes Capilla Nuestra Señora de Lourdes perteneciente a la Parroquia Santa Teresa de Jesús Garin , Obispado de Zarate-Campana.

10/09/2026
10/09/2026

*¿SABÍAS QUE EL SUFRIMIENTO MÁS GRANDE DE JESÚS EN GETSEMANÍ FUISTE TÚ? ¡FUERON TUS PECADOS!*

No fueron los clavos. No fueron los latigazos. Fue algo mucho más fuerte que nadie te había contado y que te va a tocar el alma.

La beata Ana Catalina Emmerich lo vio con sus propios ojos. Esa noche del Jueves Santo, el huerto de Getsemaní se convirtió en una batalla invisible.

¿Quieres saber qué sintió Jesús cuando se arrodilló a orar? Esto te va a estremecer.

Ella dice: "Vi al Salvador rodeado de una multitud de pecados". No uno, no cien... ¡TODOS! Desde el inicio hasta el final de los tiempos. Los tuyos. Los míos. Los vio venir sobre Él como sombras muy pesadas que lo oprimían.

Cada pecado, cada mentira, cada traición, cada momento en que le damos la espalda a Dios, cada vez que vamos a Misa sin corazón... esa noche se le presentó a Jesús con toda su carga.

Y como si fuera poco... ¡el huerto se llenó de presencias que lo atormentaban! Emmerich cuenta que el huerto se llenó como de una nube espesa. Era el acusador y los suyos, rodeándolo, mostrándole todos los pecados y susurrándole que su entrega no serviría. Era el enemigo tratando de robarle la esperanza, mostrándole cómo después de darlo todo por nosotros, muchos lo iban a olvidar y dejar de lado su sacrificio.

Por eso temblaba. Por eso cayó con el rostro en tierra. Por eso su oración fue tan intensa que su sudor caía a tierra con gran abundancia. No era miedo. Era el dolor de amar con todo el corazón y sentir que ese amor no es correspondido.

¿No es esta nuestra historia? Queremos que Dios nos responda al instante, pero nosotros no le damos ni unos minutos de oración sincera. Lloramos porque no sentimos a Dios, pero somos nosotros los que nos quedamos dormidos en Getsemaní, como Pedro, Santiago y Juan.

Vamos a la casa de Dios con el cuerpo, pero con el corazón en otro lado. Recibimos su amor y a los minutos ya volvemos al mismo pecado de siempre. ¿Cuántas veces hemos hecho que ese corazón vuelva a entristecerse por nuestra indiferencia? Esa es la herida más profunda: que el amor más grande sufra por sentirse solo.

Pero en esa misma visión hay esperanza. Y es lo más hermoso. En medio de esa angustia, bajó un mensajero del cielo a fortalecerlo y le presentó el cáliz. Y Jesús, aun viendo todos los pecados del mundo, dijo: "Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

Ese es el camino para ti que hoy te sientes con culpa por tu pecado, con angustia, con esa voz que te dice que ya no vales. No huyas de tu Getsemaní. Quédate ahí. Quédate orando aunque te duela, aunque sientas que nadie te entiende. Porque si te quedas, la ayuda del cielo baja también para ti.

Haz esto, hoy mismo: Regálale unos minutos sin distracciones. Vuelve al huerto. Ponte en oración y dile: "Jesús, perdóname por cada vez que te dejé solo por mi pecado. Hoy me quedo contigo".

Dile tu pecado con nombre. No digas "por todo". Dile: "Te entrego este pecado que me duele, esta falla que no puedo dejar". Él ya lo vio esa noche y aun así te amó.

Bebe tu cáliz con Él. Acepta lo que hoy te cuesta, esa preocupación, esa enfermedad, ese familiar que te duele, y dile: "Contigo lo puedo todo. No se haga mi voluntad, sino la tuya".

Hoy Jesús te pregunta con amor: "¿Puedes acompañarme un momento?" No lo dejes solo otra vez.

10/09/2026

EL PAPA LEÓN XIV EXPLICÓ POR QUÉ LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA PUEDE CAMBIAR EL CORAZÓN DE UNA PERSONA

En medio del ruido, las prisas y las divisiones de la vida cotidiana, León XIV recordó que la Adoración Eucarística no consiste simplemente en “estar frente al Santísimo”, sino en aprender a mirar a Cristo hasta dejar que esa mirada transforme nuestra manera de amar.

Vivimos rodeados de ruido. Notificaciones. Apuro. Preocupaciones. Discusiones.

Y muchas veces también de una sensación difícil de explicar: la de tener el corazón disperso.

En medio de ese escenario, recordó que existe un lugar donde el creyente puede volver a encontrar su centro: la Adoración Eucarística.

Pero el Pontífice no la presentó como una práctica pasiva.

No se trata simplemente de sentarse unos minutos frente al Santísimo.

Se trata de aprender a contemplar a Cristo.

De detenerse.

De hacer silencio.

De dejar que la presencia de Jesús ordene aquello que dentro nuestro está desordenado.

Y, sobre todo, de permitir que esa experiencia cambie la manera en que miramos a los demás.

Ese fue el núcleo del mensaje que dirigió ayer en la sala del Consistorio del Vaticano a las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, al recordarles que su vocación está profundamente unida a una “espiritualidad eucarística”, es decir, una espiritualidad de la unidad y del amor.

Porque la Eucaristía no termina en el altar.

También impulsa a construir comunión.

A perdonar.

A servir.

A escuchar.

A salir de uno mismo.

Por eso el Papa habló de convertirse en “tejedoras de comunión”.

La imagen es muy potente.

Quien pasa tiempo ante Cristo no está llamado a aislarse del mundo.

Está llamado a volver a él con un corazón distinto.

Más paciente.

Más disponible.

Más capaz de amar.

La adoración, entonces, no es una evasión.

Es una escuela.

Una escuela de silencio.

De humildad.

De entrega.

Y también de fraternidad.

Porque quien contempla el amor de Jesús en la Eucaristía está llamado a reflejar ese mismo amor en la familia, en la comunidad, en el trabajo y en cada encuentro cotidiano.

León XIV lo expresó con una idea central: la adoración eucarística puede convertirse en una fuente de comunión.

Eso significa que el tiempo ante el Santísimo no se mide solo por cuánto “sentimos”.

Se mide también por lo que ocurre después.

Por cómo tratamos a los demás.

Por cuánto perdonamos.

Por cuánto servimos.

Por cuánto dejamos de vivir encerrados en nosotros mismos.

Quizá ahí esté el verdadero fruto de la adoración: mirar a Cristo hasta aprender a mirar a los demás como Él los mira.

10/09/2026

JUEVES 10

Lectura 1Cor 8, 1. 4b-13
Hiriendo la conciencia del que es débil, ustedes pecan contra Cristo

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto

Hermanos:
Con respecto a la carne sacrificada a los ídolos, todos tenemos el conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica.
Sabemos bien que los ídolos no son nada en el mundo y que no hay más que un solo Dios. Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores. Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos.

Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada. Ciertamente, no es un alimento lo que nos acerca a Dios: ni por dejar de comer somos menos, ni por comer somos más. Pero tengan cuidado de que el uso de esta libertad no sea ocasión de caída para el débil.
Si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se sentirá autorizado, a causa de la debilidad de su conciencia, a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? Y así, tú, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo!
Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo. Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.

Palabra de Dios.


Comentario

Una vez realizados los sacrificios de animales en los templos paganos, la carne se vendía en el mercado. Esto traía un problema de conciencia a los cristianos. ¿Podían comer de esa carne que provenía de un rito a los ídolos? San Pablo dice: “como esos ídolos no son nada, podemos comerla”. Sin embargo, prefiere poner como principio supremo la caridad y considerar si este acto podría traer confusión a un hermano en la fe. Así, velar por la santidad de toda la comunidad es lo más importante.


SALMO
Sal 138, 1-3. 13-14b. 23-24

R. ¡Llévame por el camino eterno, Señor!.

Señor, Tú me sondeas y me conoces
Tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares. R.

Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;
examíname y conoce lo que pienso;
observa si estoy en un camino falso
y llévame por el camino eterno. R.


ALELUIA
1Jn 4, 12

Aleluia.
Si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros
y el amor de Dios ha llegado
a su plenitud en nosotros.
Aleluia.


EVANGELIO
Evangelio Lc 6, 27-36
Sean misericordiosos, como el padre de ustedes es misericordioso

† Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso».

Palabra del Señor.


Comentario

A esos pobres y enfermos que lo seguían, Jesús les presenta el modo de vida del Reino de Dios. Amar con tal entrega y desprendimiento como para amar incluso al enemigo. No hay fuerza humana que haga esto, sólo el poder de Dios obrando en nosotros lo hace posible. Quien ha experimentado la sanación y el perdón que Dios trae, puede amar de ese modo.

Petición

Señor, ayúdame a no defraudarte y a corresponderte buscando la perfección en mi amor, hoy más que ayer.

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