17/06/2026
Lecturas del dia de hoy
Miercoles 17 de junio, 2026
XI Semana del Tiempo de Ordinario, Ciclo A, Ano II, Lit. de las Horas: Tomo III
Primera Lectura
2 Reyes 2, 1. 6-14
Esto fue lo que sucedió cuando el Señor iba a arrebatar a Elías en un remolino hacia el cielo. Ese día Elías y Eliseo habían salido de Guilgal. Al llegar a Jericó, Elías le dijo a Eliseo: "Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán". Respondió Eliseo: "Por Dios y por tu vida que no te dejaré ir solo". Y se fueron los dos juntos.
Los acompañaban cincuenta hombres de la comunidad de los profetas, los cuales, al llegar Elías y Eliseo a la orilla del Jordán, se detuvieron a cierta distancia de ellos. Elías tomó su manto, lo enrolló y con él golpeó las aguas; éstas se separaron a un lado y a otro, y ambos pasaron el río sin mojarse.
Después de cruzar, Elías le dijo a Eliseo: "Pídeme lo que quieras que haga por ti, antes de que sea arrebatado de tu lado". Respondió Eliseo: "Que sea el heredero principal de tu espíritu". Le dijo Elías: "Es difícil lo que pides; pero si alcanzas a verme, cuando sea arrebatado de tu lado, lo obtendrás; si no, no lo obtendrás".
Siguieron caminando y conversando, cuando un carro de fuego, con caballos de fuego, se interpuso entre ellos, y Elías subió al cielo en un remolino. Eliseo lo veía alejarse y le gritaba: "¡Padre mío, padre mío, carro y auriga de Israel!"
Y ya no lo volvió a ver. Entonces se rasgó las vestiduras, recogió el manto que se le había caído a Elías, regresó y se detuvo en la orilla del Jordán. Tomó el manto de Elías y golpeó con él las aguas, y no se separaron. Entonces dijo: "¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?" Volvió a golpear las aguas y entonces se separaron a un lado y a otro, y pasó Eliseo.
Meditatio
Este relato de la sucesión de los profetas, envuelta en una serie de elementos misteriosos, nos muestra la esencia del auténtico profetismo de Israel del cual valdría destacar algunos elementos ya que éstos han de estar aún presentes en los auténticos profetas modernos.
Lo primero que destacamos es que los profetas aunque escogidos por Dios, han de ser "confirmados" por el profeta que ya ha dado pruebas contundentes de ser un AUTÉNTICO profeta. Este signo lo vemos representado en el "manto de Elías", el cual es ahora transferido a Eliseo como signo visible de esta elección de Dios y que de la misma forma que Dios había estado con Elías ahora lo estará con Eliseo. Un segundo signo, y quizás el más importante, es el hecho de que Dios confirma con signos prodigiosos el profetismo de aquél a quien escoge.
Elías, como signo final de su profetismo golpea el Jordán y se abrieron las aguas; Eliseo hace lo mismo y Dios lo confirma delante de los otros profetas, como el sucesor de Elías, como el profeta ungido con poder. Por eso dice la Escritura que el profeta verdadero sólo se acredita cuando se cumple aquello que ha profetizado. No se dejen, pues, engañar con todos estos falsos profetas modernos que pretenden gobernar nuestra vida y dirigir nuestro camino. Busquemos a los que han sido llamados y acreditados por Dios.
Oratio
Gracias, Señor, por todos esos profetas que me has enviado a lo largo de mi vida, pues es por ellos que te conozco. No sólo quiero pedirte que los bendigas sobremanera,Señor, sino que me ofrezco yo mismo para que me constituyas en uno; úsame como mejor te convenga, que mi corazón está dispuesto para hacer tu voluntad.
Operatio
Hoy voy a orar de manera específica para consagrar mis labios y que mi boca sea utilizada por Dios para anunciar su buena noticia; al mismo tiempo, cuidaré que de ella no salga palabra dañosa sino toda sea útil para edificar.
Evangelio de hoy
Mateo 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará".
Reflexion
Familia, hoy el Evangelio nos enseña acerca de la intención; porque siendo honestos, el problema no es que hagamos cosas malas, el problema es que incluso cuando hacemos cosas buenas podemos hacerlo mal por dentro. Jesús no critica la limosna ni la oración y el ayuno, critica algo más profundo de la persona: hacer el bien para ser vistos.
Es decir, convertir la relación con Dios en un escenario, en un teatro. El Evangelio dice que el hipócrita ya ha recibido su recompensa. Y ¿cuál es esa recompensa? La mirada de los otros, el reconocimiento, los elogios, el aplauso. Si eso es lo que buscamos, entonces Dios queda fuera, pero porque nosotros lo quitamos del camino y porque Dios no entra en ese juego de competir contra el ego humano.
Ahora Jesús dice: ‘tu Padre que ve en lo secreto’. Lo secreto no es solo un lugar físico, es el corazón, es el espacio donde no hay público, donde no hay máscaras, donde no hay apariencias, donde no hay imagen que sostener para que los demás la vean; es ahí donde se decide todo, en el corazón.
Por otro lado, Santo Tomás de Aquino decía: ‘El mérito de una acción no está solo en lo que se hace, sino en el fin por el que se hace’. Es decir, dos personas pueden hacer lo mismo, pero delante de Dios no es lo mismo. No es lo mismo orar para sentirme seguro, que orar para encontrarme con el Dios todo amoroso.
Y esto nos obliga a preguntarnos ¿por qué rezo? ¿por qué ayudo? ¿por qué me sacrifico? ¿Busco a Dios o me estoy buscando a mí mismo usando a Dios? ¡Ojo! que Jesús no pide que dejemos de hacer el bien, sino que al hacerlo, dejemos nosotros de ser los protagonistas y convertir a Dios en el origen, el motor y el fin de todas nuestras acciones.
Porque solo cuando desaparece el yo que quiere ser visto, aparece el Hijo de Dios que vive delante del Padre, y ahí, en lo oculto, sin aplausos, sin reconocimiento, sin ruido, es donde Dios actúa de verdad.