03/07/2020
Hay veces que atravesamos en nuestra vida momentos difíciles, en los que creemos que sólo pueden ser solucionados con un milagro. Muchas veces queremos o necesitamos algo, pero a ese algo lo miramos de lejos, como si fuera imposible. Hoy queremos decirte que eso que crees imposible, puede ser posible si oras al Padre, porque dice su palabra que todo aquel que pide, creyendo, recibirá. Mateo 21:22
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Por eso queremos contarte una historia muy interesante que se encuentra en Josué 10:1-12, donde nos habla de un hombre muy importante en la biblia, llamado Josué y nos cuenta que en medio de una guerra, él comenzó a hablar con Dios. Josué era una persona fiel a Dios y ponía toda su confianza en Él, por eso en su historia, vemos que él le pidió a Dios que detuviera el tiempo:
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Y en el día que Dios les dio la victoria sobre los amorreos, Josué oró a Dios, y delante de los israelitas exclamó:
-Sol, no te muevas, quédate en Gabaón, y tú, Luna, espera en el valle de Ajalón.
Y el sol se detuvo y la luna no se movió, hasta que los israelitas se vengaron de sus enemigos. Josué 10:12-13
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La historia nos cuenta que no hubo otro día como aquel, habiendo atendido Dios a la voz de un hombre, porque Él peleaba por Israel. Tal vez te estarás preguntando: ¿Cómo hizo Josué para que Dios detuviera el tiempo? ¿Por qué Dios lo hizo? ¿Cómo es posible algo así?
La respuesta a esas preguntas es muy sencilla. Dios hizo posible la petición de aquel hombre porque él oró y habló con Él, Josué tuvo una comunicación con el Padre, y no lo hizo de cualquier manera. Él se acercó a Dios con un corazón dispuesto, abierto a oír su voz, pero por sobre todas las cosas, oró con fe creyendo que lo que pidiese sería posible!
Josué confió en Dios y fue en ese momento que se cumplió la palabra de Dios cuando dice: La oración del justo puede mucho. Santiago 5:16
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Hoy te animamos a que creas, que cobres ánimo y comiences a comunicarte con el Padre, así como Josué. Porque la oración del justo es poderosa y capas de hacer posible lo imposible! Porque Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.