16/12/2025
ESPERANDO EL SOL
El adviento es una espera. Es un tiempo litúrgico que prepara la Navidad. No es muy largo. Algo más de tres semanas. No es fundamentalmente un tiempo de penitencia. Aunque tiene sus privaciones, como todo preparativo.
Es una espera activa. No depende de nosotros el que suceda lo que esperamos. Pero somos invitados a preparar el ambiente y a disponernos nosotros mismos para poder recibir en plenitud lo que va a llegar.
Diría que es un tiempo vital. Es un acompañar la vida. Y en esto la naturaleza es maestra. Nuestra experiencia está cargada en su memoria de tiempos de espera ya vividos. Y la Biblia nos ha dejado gran riqueza de textos que nos narran esperas cumplidas.
El adviento es un tiempo de amanecida. Con la certeza que nos da la memoria de llegadas que fueron, alimentamos el ansia de una espera que aún queremos que se cumpla. Nos es la expectativa de un inicio, sino la certeza de un cumplimiento. Y esto supone que hay detrás muchas historia vivida que viene empujando nuestra nostalgia hacia una meta que nos atrae.
Como todo tiempo litúrgico, es adviento es fundamentalmente una realidad espiritual. Pero el lenguaje con que lo expresemos está tomado de la naturaleza y de la historia. Estas dos canteras pueden proporcionar las imágenes que nos permita entenderlo mejor. Así hacía el Señor cuando en sus parábolas utilizaba lo cotidiano para instruirnos sobre lo eterno.
La naturaleza es el gran libro donde deletreamos el actuar del Señor Dios. En su lenguaje simple y permanente, nos muestra que la vida vive. Que hay ciertas constantes en sus anuncios, en sus largas esperas, y en las urgencias de sus llegadas. Que siempre comienza de una manera humilde, frágil y pequeña. Pero que con el tiempo su crecimiento puede llegar a ocupar toda la geografía de nuestra historia. A su vez, la historia nos permite silabear ese mismo lenguaje. En nuestro recuerdo, la memoria guarda la relación que estos acontecimientos tienen entre sí. Y de ese modo la rumia de nuestro propio pasado, y el de nuestro pueblo, se convierte en maestra que nos permite apoyar la esperanza en lo que aún queda por vivir.
Pero donde de verdad podemos hacer una lectura corrida de lo que es el actuar de Dios, es en la Biblia. Allí naturaleza e historia se unen nítidamente al proyecto del Señor y nos revelan claramente como suele ser su actuar.
Por eso en una preparación de adviento que nos dispone a recibir a Jesús en la Navidad, nos tenemos que mover permanentemente en estos tres círculos concéntricos: la geografía de la naturaleza, la historia de nuestra vida, y la Palabra de Dios que nos ha quedado en las Sagradas Escrituras.
Los que les entrego esta vez, no es un libro para ser leído de un tirón. Tampoco fue escrito en una sentada. Es un libro de amanecida. Cada reflexión nació en una madrugada diferente y no en el orden en que aquí se apilan los capítulos.
Hay muchas yerbiadas detrás de lo que les entrego. Casi me animaría a darles un consejo. Es lo que mi amigo Landriscina le suele decir al que quiera tomar mate y tiene poco tiempo para hacerlo:
-Mire mi amigo. Si está apurado, déjelo para más tarde.
Aunque sigo pensando que la mejor manera de hacerlo, es de madrugada, con la ventana abierta y mateando a solas.
Mamerto Menapace
(1942 – 2025)
“Esperando el Sol: Reflexiones de Adviento y Navidad”
Prólogo
Patria Grande: Buenos Aires, 1995 y vs ediciones
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